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Prueba Mi Programación

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Prueba Mi Programación

Estaba en mi depa en la Roma, con la laptop abierta sobre la mesa de centro, el aroma del café recién hecho flotando en el aire. La luz del atardecer se colaba por las ventanas grandes, pintando todo de naranja cálido. Yo, Ana, programadora freelance de veintiocho pirulos, acababa de terminar mi proyecto secreto: una app llamada Try Programacion. No era cualquier código; era un jueguito sensual, con voz guía que daba instrucciones paso a paso para una noche de puro desmadre erótico. Lo había grabado yo misma, con mi voz ronca y juguetona, probando tonos que me ponían la piel chinita solo de escucharme.

Luis llegó puntual, como siempre, con esa sonrisa pícara que me derretía. Alto, moreno, con brazos fuertes de tanto gym y un olor a colonia fresca que me volvía loca. "Qué onda, nena", dijo besándome el cuello mientras dejaba las llaves en la mesa. Su aliento cálido me erizó los vellos. Le serví un café y lo senté en el sofá de piel suave.

Va a flipar con esto. ¿Y si se emociona tanto que no paramos hasta el amanecer?

"Wey, mira lo que armé", le dije, abriendo la app en mi tablet. "Se llama Try Programacion. Es como un programa interactivo para... ya sabes, probar cosas nuevas en la cama. Tú sigues las instrucciones y yo también. ¿Le entras?" Él arqueó la ceja, curioso, con esa mirada que ya me tenía mojadita entre las piernas. "Órale, suena chingón. Prueba programacion, ¿eh? Vamos a ver qué traes". El corazón me latía fuerte mientras iniciábamos. La pantalla se iluminó con un fondo rojo sedoso y mi voz salió del altavoz: "Bienvenidos a Try Programacion. Relájense. Empiecen con un masaje lento en hombros".

Nos sentamos frente a frente en el suelo, alfombra mullida bajo las rodillas. Sus manos grandes empezaron en mis hombros, amasando con firmeza. Sentí el calor de sus palmas traspasando mi blusa ligera de algodón. Olía a su sudor limpio mezclado con mi perfume de vainilla. "Mmm, qué rico", murmuré, cerrando los ojos. Mis dedos se hundieron en sus trapecios duros, oyendo su respiración profunda acelerarse. La tensión crecía despacio, como un fuego que se aviva con cada roce.

La voz continuó: "Ahora, besos en el cuello. Lento, con lengua". Luis se acercó, su boca caliente rozando mi piel sensible justo bajo la oreja. Un escalofrío me recorrió la espalda, y gemí bajito. Saboreé la sal de su piel cuando le devolví el favor, lamiendo esa vena que palpita en su cuello. Pinche calor que subía por mi vientre. Nuestras manos exploraban ya, bajando por espaldas, apretando nalgas a través de la ropa. El sonido de nuestras respiraciones jadeantes llenaba la sala, junto al zumbido suave de la ciudad allá afuera.

Esto es mejor de lo que imaginé. Su verga ya se nota dura contra mi muslo. No aguanto más, pero hay que seguir el programa.

Pasamos al sofá. La app dijo: "Quítensen la ropa despacio. Miren cada centímetro". Me levanté, desabotonando mi blusa con dedos temblorosos. Sus ojos devoraban mis chichis firmes saliendo del brasier negro de encaje. Él se quitó la playera, mostrando ese pecho moreno y definido que tanto me gustaba morder. El aire fresco besó mi piel desnuda, erizándome todo. Cuando nos quedamos en trusa, su bulto enorme me hizo salivar. "Estás cabrona", gruñó él, tocándose por encima de la tela.

La programación escaló: "Toquen sin penetrar. Exploren con dedos y lengua". Nos recostamos, yo sobre él. Mis uñas rasguñaron su pecho, bajando hasta su pinga tiesa. La saqué, pesada y caliente en mi mano, venosa y palpitante. El olor almizclado de su excitación me invadió las fosas nasales, puro macho. Él metió la mano en mi tanga, dedos gruesos abriendo mi panocha empapada. "Estás chorreando, mi amor", susurró, frotando mi clítoris hinchado en círculos lentos. Gemí fuerte, el placer eléctrico subiendo por mi espina. Lamí la punta de su verga, saboreando el pre-semen salado, mientras él chupaba mis tetas, mordisqueando pezones duros como piedras.

El ritmo se volvía intenso. Sudor perlando frentes, pieles chocando con palmadas suaves. Mi voz en la app: "Ahora, oral profundo. Den todo". Me puse de rodillas, tragándomela hasta la garganta, oyendo sus gruñidos roncos. Él era un experto, lengua danzando en mi raja, succionando jugos que sabía a miel dulce.

¡Me voy a venir ya! Pero no, aguanta, Ana. Deja que el programa nos lleve al clímax.
La tensión psicológica era brutal; quería montarlo ya, pero seguíamos las órdenes, construyendo un volcán a punto de erupción.

Cambiamos posiciones mil veces, siguiendo el código que yo misma había escrito. De perrito en el sofá, él lamiéndome el culo mientras yo jadeaba. De misionero en el piso, frotando su tronco contra mi clítoris resbaloso. Cada roce enviaba ondas de placer, olores intensos de sexo llenando el aire –sudor, fluidos, esencia nuestra mezclada. Sus manos amasaban mis nalgas redondas, dedos rozando mi ano juguetón sin entrar. "Pinche rica que estás", mascullaba entre dientes. Yo respondía arañando su espalda, sintiendo músculos tensos bajo mis uñas.

La app llegó al pico: "Penetren con pasión. No paren hasta explotar". No lo pensamos dos veces. Me abrí de piernas en el sofá, guiando su verga gruesa a mi entrada húmeda. Entró despacio al principio, estirándome deliciosamente, cada centímetro un éxtasis. "¡Sí, cabrón, así!", grité cuando bottomed out, llenándome hasta el fondo. Empujones rítmicos, piel contra piel chapoteando, tetas rebotando con cada embestida. Él sudaba sobre mí, olor fuerte y adictivo, besos fieros con lenguas enredadas.

Esto es perfecto. Mi programación nos está volviendo locos. Siento su pulso dentro, latiendo conmigo.

Cambié a vaquera, cabalgándolo como loca, nalgas aplastándose contra sus muslos. Mis caderas giraban, clítoris rozando su pubis peludo. Él apretaba mis chichis, pellizcando pezones. El orgasmo me golpeó primero, un tsunami arrasando todo: piernas temblando, panocha contrayéndose alrededor de su verga, chillidos agudos saliendo de mi garganta. "¡Me vengo, Luis! ¡No pares!". Él rugió segundos después, llenándome con chorros calientes, cuerpo convulsionando bajo el mío.

Colapsamos jadeantes, pegados por sudor pegajoso. La app terminó con: "Disfruten el afterglow. Try Programacion completado". Reímos exhaustos, besándonos suaves. Su mano acariciaba mi pelo húmedo, mientras yo apoyaba la cabeza en su pecho oyendo su corazón galopante calmarse. El cuarto olía a sexo puro, ventanas empañadas por nuestro calor.

"Fue brutal, nena. Tu programación es oro", murmuró él, besándome la frente. Yo sonreí, satisfecha.

Lo haré versión 2.0. Con vibradores conectados.
Nos quedamos así, envueltos en sábanas suaves que trajimos del cuarto, hablando pendejadas entre caricias. La noche mexicana seguía su curso afuera, con luces de la ciudad parpadeando, pero nosotros en nuestro mundo perfecto, conectados más que nunca.

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