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El Pasado de Try

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El Pasado de Try

Tú caminas por las calles empedradas de la Roma, el sol del atardecer tiñendo todo de naranja y dorado, mientras el aroma a tacos al pastor se mezcla con el perfume de las jacarandas en flor. Es viernes en la Ciudad de México, y decides meterte a un bar escondido que te recomendó un cuate, un lugar chido con luces tenues y música sonidera suave de fondo. El aire fresco de la noche entra por las puertas abiertas, trayendo consigo el bullicio de la avenida Álvaro Obregón.

Ahí la ves, sentada en la barra, con una chela en la mano. Se llama Try, te dice después, un apodo gringo que se puso porque siempre anda trying cosas nuevas, probando sabores prohibidos en la vida. Es morena clara, con curvas que se marcan bajo un vestido negro ajustado que deja ver el nacimiento de sus chichis perfectas y unas nalgas redondas que piden a gritos ser tocadas. Sus labios carnosos brillan con gloss, y cuando voltea, sus ojos cafés te clavan como un pinche imán. Órale, wey, piensas, esta morra es puro fuego.

¿Y si me acerco? Neta que me late, huele a vainilla y algo más, como a deseo puro.

Te acercas con una sonrisa pendeja, pides un ron con cola y le sueltas un piropo suave: "Qué chula luces, como salida de un sueño caliente". Ella ríe, una carcajada ronca que te eriza la piel, y te invita a sentarte. Hablan de la vida, de cómo ella es de Guadalajara pero vive aquí por trabajo, diseñadora gráfica freelance. Poco a poco, la plática se calienta. Try te cuenta de su past of try, ese pasado de intentos locos por encontrar placer real, de noches con cuates que no supieron darle lo que necesitaba, de viajes a la playa donde probó besos salados bajo la luna. Sus palabras te encienden, imaginas su cuerpo retorciéndose en esas historias, y sientes tu verga endureciéndose contra los jeans.

El bar se llena, cuerpos bailando pegados, sudor y risas. Su rodilla roza la tuya bajo la barra, un toque eléctrico que sube por tu muslo como corriente. "¿Quieres ir a mi depa? Está cerca, en la Colonia", susurra ella, su aliento cálido oliendo a tequila y menta. Tú asientes, el corazón latiéndote como tamborazo. Salen tomados de la mano, el viento nocturno fresco contra tu piel caliente, caminando rápido por callejones iluminados por faroles.

Acto dos: su departamento es un oasis moderno, paredes blancas con arte callejero mexicano, velas aromáticas a coco encendidas que llenan el aire de dulzor tropical. Try te ofrece un trago más, pero en vez de eso, te empuja suave contra la puerta, sus labios chocando con los tuyos en un beso hambriento. Su lengua sabe a limón y picante, explora tu boca con urgencia, mientras sus manos recorren tu pecho, bajando hasta el bulto en tus pantalones. "Te quiero ahorita, cabrón", murmura contra tu cuello, mordisqueando la piel, enviando chispas directo a tu entrepierna.

¡Puta madre, qué suave su piel! Como terciopelo caliente, y ese olor, joder, me tiene loco.

La desvestís despacio, saboreando cada centímetro. El vestido cae al piso con un susurro, revelando lencería roja que abraza sus tetas firmes, pezones oscuros ya duros como piedras. Tus dedos trazan su cintura, bajan a sus caderas anchas, y ella gime bajito, un sonido gutural que vibra en tu pecho. La cargas al sillón, sus piernas envolviéndote, el calor de su panocha presionando contra ti a través de la tanga húmeda. Olfateas su esencia, almizcle femenino mezclado con perfume, embriagador como pulque fermentado.

Try te quita la camisa, sus uñas arañando leve tu espalda, dejando rastros rojos de placer. Baja de rodillas, desabrocha tu chamarra y pantalón, liberando tu verga tiesa que salta libre, palpitante. "Qué rica verga, wey, mira cómo la quiero mamar". Su boca caliente la envuelve, lengua girando alrededor del glande, chupando con maestría, saliva resbalando por el tronco. Tú agarras su pelo negro sedoso, guiándola suave, el sonido húmedo de succión llenando la habitación junto a tus jadeos roncos. Sientes el pulso acelerado en tu cuello, el sudor perlándote la frente, mientras ella acelera, tragándosela hasta la garganta, ojos mirándote con picardía pura.

Pero no quieres acabar así. La levantas, la acuestas en la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra su piel ardiente. Besas su vientre plano, lamiendo el ombligo, bajando hasta la tanga empapada. La arrancas con dientes, exponiendo su concha rosada, hinchada y jugosa, olor a excitación cruda que te hace salivar. Tu lengua la invade, saboreando sus jugos dulces y salados, lamiendo el clítoris hinchado mientras ella arquea la espalda, gritando "¡Sí, así, no pares, pendejo delicioso!". Sus muslos tiemblan, apretándote la cabeza, dedos clavados en tu cráneo. La haces correrse primero, un chorro caliente mojando tu barbilla, su cuerpo convulsionando en olas de placer, gemidos como maullidos felinos.

Ahora es tu turno. Try te monta, cabalgándote como jinete experta, sus tetas rebotando hipnóticas al ritmo de sus embestidas. Sientes su interior apretado, aterciopelado, envolviéndote en calor húmedo que succiona cada centímetro de tu verga. El slap-slap de carne contra carne, sudor resbaloso uniéndolos, sus uñas en tu pecho marcando territorio. "Córrete conmigo, métemela hasta el fondo", jadea ella, acelerando, su clítoris rozando tu pubis. La tensión sube como volcán, tus bolas apretándose, el mundo reduciéndose a ese vaivén frenético. Explotas juntos, tu leche caliente llenándola, sus paredes contrayéndose en espasmos, un grito compartido que rompe el silencio.

Acto tres: caen exhaustos, cuerpos entrelazados en un enredo sudoroso y satisfecho. El aire huele a sexo crudo, semen y fluidos mezclados con su vainilla. Try apoya la cabeza en tu pecho, su respiración calmándose, dedos trazando círculos perezosos en tu piel. "Mi past of try nunca fue así de intenso", confiesa en voz baja, riendo suave. "Todos esos intentos pasados, wey, fueron chafas comparados con esto. Tú me diste lo que andaba buscando". Tú la besas la frente, sintiendo una conexión más allá de lo carnal, como si hubieras encajado piezas perdidas.

Se quedan así horas, hablando de sueños futuros, de escapadas a la Riviera Maya, de más noches como esta. El amanecer filtra por las cortinas, pintando sus curvas doradas. Cuando te vas, con un beso largo en la puerta, sientes el eco de su calor en tu cuerpo, un recordatorio ardiente de que el pasado de Try ahora es tuyo también. Caminas a la calle, el sol naciente calentándote la cara, con una sonrisa que no se borra, sabiendo que esto apenas empieza.

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