Pruébame Traducción
Estaba en ese bar de la Condesa, con las luces neón parpadeando como promesas rotas, el aire cargado de sudor y tequila ahumado. Yo, Ana, traductora freelance de veintiocho pirulos, acababa de terminar un curro eterno con un cliente gringo que no paraba de pedirme try me traducción para sus frases pendejas. "Try me", me decía por chat, queriendo decir "pruébame", como si yo fuera su probador personal de palabras calientes. Neta, me traía de cabeza, pero esa noche quería soltar el estrés. Pedí un mezcal con sal y limón, sintiendo el picor en la lengua mientras el hielo chocaba contra el vidrio.
Ahí lo vi. Alto, moreno, con esa sonrisa de wey que sabe lo que quiere. Se llamaba Marco, carnal de un amigo, y traía una playera ajustada que marcaba sus pectorales duros como piedra. Se acercó con un trago en la mano, ojos cafés clavados en los míos. "Hey, bonita, ¿bailas?", soltó en un inglés chapurreado, pero con acento chilango puro. Reí, porque neta sonaba a try me disfrazado. "Pruébame", le contesté, guiñando, y vi cómo sus pupilas se dilataban. El olor a su colonia, madera y algo salvaje, me invadió las fosas nasales.
Empezamos a platicar. Él era diseñador gráfico, de esos que trabajan hasta el amanecer en Polanco. Yo le conté de mis traducciones locas, cómo un cliente me había mandado "try me traducción" esa misma tarde, pidiéndome que le pusiera sabor mexicano a sus frases eróticas. Marco se rio, su voz grave retumbando en mi pecho. "¿Y qué le dijiste? ¿Pruébame con todo?" Sus dedos rozaron mi brazo al pasarme el trago, un toque eléctrico que me erizó la piel. Sentí el calor subiendo por mi cuello, el pulso acelerado como tambores en una fiesta de pueblo.
¿Y si lo pruebo de verdad? ¿Y si le digo que sí a lo que sea que traiga en mente? Neta, Ana, no seas pendeja, pero este wey me prende como nadie.
El bar se llenó de cumbia rebajada, el bajo vibrando en el piso y subiendo por mis piernas. Lo jalé a la pista, nuestros cuerpos pegándose al ritmo. Sus manos en mi cintura, firmes pero suaves, guiándome. Olía a él, a piel caliente y deseo crudo. Mi falda se subía un poco con cada giro, y él no apartaba la vista de mis muslos. "Estás chingona", murmuró en mi oído, aliento cálido contra mi oreja. Sentí su verga endureciéndose contra mi cadera, dura y prometedora. El corazón me latía en la garganta, el sudor perlando mi escote.
Acto dos: la escalada. Salimos del bar, caminando por las calles empedradas, risas mezcladas con silencios cargados. Su departamento estaba cerca, en una colonia fancy con balcones y luces tenues. Subimos en el elevador, solos, y no aguanté más. Lo besé, labios suaves al principio, luego hambrientos. Su lengua invadió mi boca, saboreando a mezcal y menta. "Pruébame", repetí contra sus labios, recordando esa maldita try me traducción. Sus manos bajaron a mis nalgas, amasándolas con fuerza, tirando de mí contra su erección.
Entramos tambaleándonos, la puerta cerrándose con un clic que sonó a liberación. Me quitó la blusa con urgencia, exponiendo mis tetas al aire fresco del depa. Sus ojos se oscurecieron, devorándome. "Qué ricas, nena", gruñó, bajando la cabeza para mamar un pezón. El placer me atravesó como rayo, un gemido escapando de mi garganta. Su lengua giraba, chupando fuerte, mientras sus dedos desabrochaban mi falda. Caí en la cama king size, sábanas de algodón egipcio rozando mi piel desnuda.
Lo desvestí yo, queriendo control. Su pecho velludo, abdomen marcado, y esa verga gruesa saltando libre, venosa y palpitante. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, oliendo a hombre puro. "¿Quieres probarla?", preguntó con voz ronca. "Sí, wey, pruébame tú a mí". Me arrodillé, lengua lamiendo la punta, salado y almizclado. Lo chupé despacio, sintiendo cómo se hinchaba en mi boca, sus caderas empujando suave. Gemía mi nombre, "Ana, chingada madre, qué buena boca". El sonido de su placer me mojaba más, mis jugos resbalando por los muslos.
Esto es lo que necesitaba, neta. Su verga en mi boca, sus manos en mi pelo, guiándome. Me siento poderosa, como si yo tradujera su deseo en éxtasis.
Me levantó, tumbándome de espaldas. Sus besos bajaron por mi vientre, deteniéndose en mi coño depilado. El primer lametón fue fuego, lengua plana lamiendo mi clítoris hinchado. Olía a mi excitación, dulce y pecaminosa. Metió dos dedos, curvándolos contra mi punto G, mientras succionaba. Grité, uñas clavándose en sus hombros. "Más, Marco, no pares". El orgasmo se construyó lento, olas de placer tensando mis músculos, hasta explotar en un grito ahogado. Mi cuerpo convulsionó, jugos empapando su barbilla.
Pero no paró. Me volteó boca abajo, nalgas en pompa. Sentí la punta de su verga en mi entrada, resbalosa. "¿Lista, preciosa?" "Entra ya, pendejo", rogué. Empujó despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. El estiramiento era delicioso, dolor placer mezclado. Empezó a bombear, lento al principio, piel contra piel chapoteando. El olor a sexo llenaba la habitación, sudor goteando. Aceleró, bolas golpeando mi clítoris, sus manos en mis caderas marcando moretones de pasión.
Cambié de posición, montándolo. Sus ojos en los míos, manos en mis tetas rebotando. Cabalgaba fuerte, coño apretándolo, sintiendo cada vena. "Estás tan apretada, Ana, me vas a hacer venir". Yo controlaba el ritmo, girando caderas, clítoris rozando su pubis. El clímax nos golpeó juntos, mi coño contrayéndose, ordeñándolo. Su semen caliente inundándome, chorros y chorros, mientras rugía mi nombre. Colapsamos, pegajosos, respiraciones entrecortadas.
El afterglow. Yacíamos enredados, su brazo sobre mi cintura, dedos trazando círculos en mi piel sensible. El cuarto olía a nosotros, a sexo satisfecho y sábanas revueltas. Besó mi hombro, suave. "La mejor traducción que he tenido", bromeó, refiriéndose a mi try me traducción. Reí bajito, corazón lleno. Neta, no era solo un polvo; había conexión, esa chispa que promete más noches así.
Me quedé hasta el alba, viendo cómo el sol teñía las cortinas. Salí con las piernas flojas, pero el alma ligera. Marco me mandó un mensaje: "Pruébame de nuevo?". Sonreí. Claro que sí, wey. Esta traducción apenas empezaba.