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Angel Smalls Vamos a Probar Anal

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Angel Smalls Vamos a Probar Anal

La noche en la Condesa estaba viva, con el bullicio de las cantinas y el olor a tacos al pastor flotando en el aire húmedo de la ciudad. Tú estabas ahí, en esa fiesta de amigos en un rooftop con vistas al skyline de la CDMX, cuando la viste por primera vez. Angel Smalls, se presentó con una sonrisa pícara, su cuerpo menudo envuelto en un vestido negro ajustado que acentuaba sus curvas delicadas. Era petite, como un ángel travieso, con el cabello negro suelto cayendo en ondas sobre sus hombros morenos. Sus ojos cafés brillaban con una mezcla de inocencia y fuego.

Órale, este wey me late, pensaste al notar cómo te devoraba con la mirada mientras platicaban de todo y nada: de la neta de la vida en México, de cómo odiaban el tráfico y amaban el mezcal. Ella reía con esa carcajada contagiosa, tocándote el brazo cada rato, su piel cálida y suave enviando chispas por tu espina. El aroma de su perfume, vainilla y jazmín, te envolvía como una promesa. Al rato, con unos tequilas de más, te susurró al oído: "¿Sabes qué? Vamos a mi depa, está cerca. Quiero platicar más... a solas."

El taxi los llevó volando por Insurgentes, las luces de neón parpadeando contra el vidrio. Adentro, sus manos ya exploraban, un beso robado que sabía a tequila y menta. Llegaron a su departamento en un edificio chido de la Roma, minimalista pero con toques mexicanos: velas de colores y una hamaca en la sala. La puerta se cerró con un clic suave, y ahí empezó todo.

¿Será que hoy me animo? Llevo rato pensando en eso, en probar algo nuevo con él. Se ve confiable, no como esos pendejos de Tinder.

Angel te jaló hacia el sofá, sentándose a horcajadas sobre ti. Sus labios carnosos se pegaron a los tuyos, un beso húmedo y profundo, lenguas danzando con urgencia. Sentías su calor a través de la tela delgada, sus pechuguitas presionando contra tu pecho, los pezones ya duros como piedritas. Qué chingón su boca, pensaste mientras tus manos bajaban por su espalda, apretando esas nalguitas firmes y redondas. Ella gemía bajito, un sonido ronco que vibraba en tu piel: "Mmm, sí, tócame así, cabrón."

La ropa voló en segundos. Tú la desvestiste despacio, admirando su cuerpo desnudo bajo la luz tenue de las lámparas. Piel canela suave como seda, tetas pequeñas pero perfectas con aureolas oscuras, y ese culito que te volvía loco, respingado y listo para ser explorado. Ella te quitó la playera, lamiendo tu cuello, bajando por el pecho hasta tu abdomen. El olor de su excitación ya llenaba el aire, almizclado y dulce, mezclado con el sudor ligero de la noche caliente.

Te recostó en la cama king size, con sábanas frescas de algodón egipcio que olían a lavanda. Se arrodilló entre tus piernas, sus ojos fijos en los tuyos mientras tomaba tu verga ya dura como piedra. "Mira qué verga tan rica tienes, wey. La quiero toda." Su boca caliente la envolvió, chupando con maestría, la lengua girando alrededor de la cabeza, saboreando el pre-semen salado. Sentías el calor húmedo, el succionar rítmico que te hacía jadear, tus caderas moviéndose solas. Ella aceleraba, saliva goteando por tu tronco, sus manos masajeando tus huevos pesados.

Pero Angel tenía algo más en mente. Se levantó, jadeando, su panocha reluciente de jugos, el clítoris hinchado asomando. Se recostó boca abajo, arqueando la espalda para ofrecerte su culo. Es ahora o nunca, pensó ella, el corazón latiéndole fuerte. Tú besaste su nuca, bajando por la espina, mordisqueando sus nalgas. El sabor salado de su piel, el aroma intenso de su entrepierna te mareaban. Lamiste su ano despacio, un beso húmedo que la hizo arquearse y gemir alto: "¡Ay, pinche cabrón, qué rico! Sigue."

Escuchaste su voz temblorosa, llena de deseo: "Angel Smalls lets try anal... O sea, vamos a probar anal, amor. Pero despacito, ¿va? Confío en ti." Sus palabras en esa mezcla juguetona de inglés y español te prendieron fuego. Era su forma coqueta de decirlo, como si fuera un secreto travieso. Sacaste el lubricante de la mesita –ella lo tenía listo, la muy lista–, untando generosamente tu verga y su culito virgen. Tus dedos exploraron primero, uno entrando suave, sintiendo el calor apretado, los músculos cediendo poco a poco. Ella se retorcía, mordiendo la almohada, Duele un poquito pero qué chido el estirón.

La tensión crecía como una tormenta. Tú te posicionaste detrás, la punta de tu verga presionando su entrada rosada y lubricada. "Dime si duele, mi amor." Ella asintió, empujando hacia atrás: "Métemela, no mames, la quiero." Entraste milímetro a milímetro, el anillo apretado cediendo con un pop suave. El calor era infernal, como terciopelo fundido envolviéndote. Ella gritó un "¡Ayyy, carajo!" mezclado con placer, sus uñas clavándose en las sábanas. Sentías cada vena de tu verga pulsando contra sus paredes internas, el roce exquisito.

Empezaste a moverte lento, saliendo casi todo y volviendo a entrar, build-up gradual. Sus gemidos se volvieron continuos, un coro erótico: slap slap de carne contra carne, el lubricante chapoteando, su sudor goteando en tu vientre. Olías su esencia pura, tocabas sus caderas temblorosas, veías cómo su culito se tragaba tu verga entera. Ella metió una mano debajo, frotando su clítoris hinchado, el cuerpo convulsionando.

¡No mames, esto es otro nivel! Me siento tan llena, tan puta y tan poderosa.

La intensidad subió. Aceleraste, follándola más profundo, sus nalgas rebotando contra tu pubis con sonidos húmedos y obscenos. Ella volteó la cara, ojos vidriosos: "Más fuerte, pendejo, rómpeme el culo. ¡Sí, así!" Tus bolas golpeaban su panocha empapada, el placer acumulándose en tu base como una ola. Sentías su ano palpitando, ordeñándote, el orgasmo acercándose inexorable. Ella llegó primero, un grito gutural: "¡Me vengo, cabrón, me vengo en el culo!" Su cuerpo se sacudió, chorros de squirt mojando las sábanas, el ano contrayéndose en espasmos que te llevaron al límite.

Te corriste con un rugido, llenándola de semen caliente, pulsos interminables que la hacían gemir más. Te quedaste dentro unos segundos, sintiendo las contracciones residuales, el calor compartido. Luego saliste despacio, viendo cómo tu leche goteaba de su culito abierto y rosado, un espectáculo hipnótico.

Se voltearon, exhaustos y sonrientes. Angel se acurrucó en tu pecho, su piel pegajosa y tibia contra la tuya, el corazón latiendo al unísono. Besaste su frente, oliendo su cabello mezclado con sexo. "Fue chingón, wey. Gracias por ser tan chido conmigo." Rieron bajito, hablando de tonterías mientras el amanecer pintaba el cielo de rosas. Pidieron unos tacos por app, comiendo en la cama con las sábanas revueltas, saboreando el afterglow dulce y satisfecho.

En ese momento, supiste que esto era más que una noche. Angel Smalls había abierto una puerta nueva, y tú estabas listo para explorarla juntos, con todo el deseo del mundo.

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