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Para Intentarlo de Nuevo Entra A1B2C3 Abajo

6028 palabras

Para Intentarlo de Nuevo Entra A1B2C3 Abajo

Tú estás sentado en el sofá de tu depa en la Condesa, con el calor de la noche mexicana pegándote en la piel como una promesa húmeda. La ciudad zumba afuera, autos pitando y risas lejanas de algún antro cercano. Agarras tu cel, abres esa app de citas que tus cuates te recomendaron, la que promete encuentros sin pendejadas, solo puro deseo crudo. Deslizas perfiles: curvas prietas, labios carnosos, ojos que te clavan como dagas. De repente, un mensaje parpadea: ella. Se llama Ximena, foto con un vestido rojo ceñido que deja poco a la imaginación, tetas firmes asomando, sonrisa pícara que dice ven y descubre.

"Wey, ¿listo para jugar? Si fallas, para intentarlo de nuevo entra a1b2c3 abajo."

El corazón te late fuerte, como tamborazo en una fiesta de pueblo. ¿Qué juego? Respondes rápido, neta excitado. "Estoy puesto, ricura. ¿Qué se me ofrece?" Ella manda un audio, voz ronca, con ese acento chilango que te eriza los huevos: "Mándame una foto de tu verga dura, pero sin mostrar la cara. Si me prende, te doy mi ubicación."

Te paras, vas al baño, luces bajas. Te bajas el bóxer, agarras tu verga que ya está semi tiesa solo de pensarlo. Chas, foto enviada. Esperas, sudando un poco, oliendo tu propio aroma masculino mezclado con el jabón de coco de la regadera. Minutos después:

"¡Chingón, pendejo! Eso sí es mercancía. Estoy en Polanco, hotel boutique. Ven ya, habitación 69. No tardes o se enfría el pedo."

Acto seguido, sales volando, chamarras el Uber. El tráfico es un desmadre, pero el pulso te martillea en las sienes. Imaginas su concha mojada esperándote, el sabor salado de su piel, cómo gemirá tu nombre. Llegas al hotel, lobby lujoso con velas y jazz suave. Subes, tocas la puerta. Se abre y ahí está Ximena, en lencería negra transparente, pezones duros como balas asomando, caderas anchas invitándote a perderte.

Neta, esta morra es fuego puro, piensas mientras ella te jala adentro, puerta azotándose. Sus labios chocan con los tuyos, lengua invasora, sabor a tequila y menta. Manos por todos lados: las tuyas en su culo firme, redondo, apretándolo hasta que gime bajito en tu boca. "Te quiero adentro ya, cabrón", susurra, mordiéndote el labio inferior.

La recargas contra la pared, alfombra persa oliendo a limpio y deseo. Le arrancas el bra, tetas saltando libres, grandes y pesadas, pezones morenos erectos. Los chupas con hambre, lengua girando, succionando fuerte mientras ella arquea la espalda, uñas clavándose en tu nuca. ¡Ay, wey, qué rico! gime, voz entrecortada. Tus dedos bajan, resbalan por su panzita suave, hasta el tanga empapado. La apartas, concha rasurada, labios hinchados brillando de jugos. Introduces dos dedos, lentos, sintiendo el calor apretado, el chup chup húmedo al moverlos.

Pero ella te empuja al piso, rodillas en la alfombra. "Mi turno, pinche semental." Te desabrocha el jeans, verga saltando libre, venosa y palpitante. La mira con ojos lujuriosos, babea un chorrito y la engulle de un jalón. Cálida, babosa, garganta profunda. Chupa como diosa, lengua lamiendo el glande, bolas en su mano masajeando. Gimes ronco, caderas empujando, oliendo su perfume mezclado con el almizcle de su excitación. "¡No pares, Ximena, neta me vas a hacer venir!"

Se para, te arrastra a la cama king size, sábanas de seda crujiendo. Tú encima, besos fieros, pieles sudadas pegándose. Le abres las piernas, concha abierta como flor carnosa. Rozas tu verga en la entrada, untándola de sus mieles. "Entra, pendejo, rómpeme", suplica. Empujas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo las paredes vaginales apretándote como guante caliente. ¡Qué chingón! Ambas gimen al unísono, ritmo empezando lento, piel chocando plaf plaf.

El cuarto se llena de olores: sudor salado, concha dulce, verga almizclada. Luces tenues pintan sombras en sus curvas, tetas rebotando con cada embestida. Aceleras, profundo, golpeando el fondo, clítoris frotándose en tu pubis. Ella clava uñas en tu espalda, ¡Más fuerte, cabrón, hazme tuya! Piensas en lo puta deliciosa que es, cómo tu verga la estira, jugos chorreando por tus bolas.

La volteas a cuatro patas, vista de ensueño: culo en pompa, concha roja invitando. Escupes en la entrada, empujas de nuevo, manos en caderas. Pum pum pum, rápido, salvaje. Ella se dobla, gritando placer, pelo revuelto pegado a la espalda sudada. "¡Me vengo, wey, no pares!" Su concha se contrae, ordeñándote, chorros calientes salpicando. Tú resistes, mordiendo su hombro, sabor salado en la lengua.

Cambio de posición: ella cabalgándote, vaquera experta. Caderas girando, tetas bailando frente a tu cara. Las agarras, pellizcas pezones, ella acelera, zap zap de carne contra carne. Sudor gotea de su frente a tu pecho, caliente.

No aguanto más, esta morra me va a matar de gusto
, piensas, bolas tensándose.

La sientas en la orilla de la cama, piernas en hombros, penetrando hondo. Ojos en los suyos, conexión brutal. "Córrete conmigo, Ximena." Ella asiente, masturbándose el clítoris. Explosión: tú llenándola de leche espesa, pulsos interminables, ella convulsionando, gritando tu nombre inventado en el chat.

Caen exhaustos, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. Huelen a sexo puro, satisfecho. "Neta estuvo chido, wey", murmura ella, dedo trazando tu pecho. Tú sonríes, pensando en repetir. El cel vibra en el piso: mensaje de la app.

"Para intentarlo de nuevo entra a1b2c3 abajo."

Se ríen, sabiendo que lo harán. La noche envuelve la ciudad, pero en esa cama, el mundo es solo piel, gemidos y promesas calientes. Mañana, quién sabe, pero esta corrida quedará grabada en la memoria, como tatuaje invisible de placer mexicano puro.

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