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Bedoyecta Tri el Elixir del Deseo

6879 palabras

Bedoyecta Tri el Elixir del Deseo

Me sentía como un trapo viejo esa mañana en mi depa de la Condesa. El sol se colaba por las cortinas de lino, pintando rayas doradas en el piso de madera, pero yo nomás quería seguir en la cama, abrazada a mi almohada. ¿Qué pedo con esta flojera? pensé, mientras el aroma a café recién molido subía desde la cocina. Llevaba días con el cuerpo pesado, como si me hubieran chupado toda la energía. Trabajo, gym, salidas con las morras... todo me valía madres.

Ahí entró Lupe, mi compa de toda la vida, con su sonrisa de diablita y una cajita en la mano. "¡Órale, güey! Mira lo que te traje pa' que revivas", dijo sacando una ampolleta reluciente. Bedoyecta Tri. Esa inyección mágica que en México todo mundo jura que te hace Superman. Vitaminas B1, B6 y B12, pura chingonería líquida.

Yo ni de chiste, Lupe. Me da cosita esa aguja.
Pero ella no se rajó. Neta, carnala, esto te va a poner como toro en celo. Te lo juro por mi tía la de Toluca, me guiñó el ojo mientras preparaba la jeringa. El pinchazo fue rápido, un ardor chiquito que se expandió como fuego líquido por mi vena. Olía a alcohol y a promesa de vida nueva.

Al principio nada. Nomás me quedé viendo el techo, sintiendo el pulso en la sien. Pero de repente... ¡pum! Una oleada de calor me subió desde el estómago hasta la cabeza. Mi piel se erizó, como si miles de hormiguitas cachondas bailaran por mis brazos. El corazón me latía fuerte, tan-tan-tan, y entre las piernas sentí un cosquilleo traicionero. Mierda, ¿esto es normal? Lupe se reía. Ya verás, en media hora estarás lista pa' comerte el mundo... o a alguien del mundo. Me dejó sola, con un avienta el golpe, reina y un beso en la mejilla.

Me paré frente al espejo del baño. Mis ojos brillaban como focos, las mejillas sonrosadas, y mis chichis se veían más firmes bajo la blusa holgada. Toqué mi piel, suave como terciopelo caliente. El olor de mi perfume mezclado con ese sudor ligero de excitación me mareaba. Bedoyecta Tri, ¿qué chingados me hiciste? Salí a la calle, el aire fresco de la mañana me acariciaba las piernas desnudas bajo la falda corta. Cada paso era un roce eléctrico, mis muslos se frotaban con promesas de placer.

En la esquina de Amsterdam, lo vi. Marco, el vecino chulo del edificio de al lado. Alto, moreno, con esa barba de tres días que me hacía babear cada vez que lo veía cargando sus compras. Siempre nos saludábamos con una sonrisa pícara, pero nunca pasaba de ahí. Hoy, con esta energía bedoyectríaca corriendo por mis venas, no iba a dejarlo ir. ¡Ey, Marco! ¿Cómo ves? le grité, mi voz ronca y juguetona. Él se volteó, ojos grandes recorriéndome de arriba abajo. ¡Hola, preciosa! ¿Lista pa' el fin? Contestó, pero su mirada se clavó en mis labios.

Lo invité a mi depa sin pensarlo dos veces. Ven, tengo algo que probar contigo, le dije guiñando. Entramos riendo, el olor a su colonia amaderada invadiendo el espacio. Cerré la puerta y el mundo se achicó a nosotros dos. Me acerqué lento, sintiendo el calor de su cuerpo antes de tocarlo. Mis dedos rozaron su pecho firme bajo la playera. ¿Qué traes hoy tan... viva? murmuró, su aliento cálido en mi cuello. Bedoyecta Tri, carnal. Me inyectaron pura pasión, respondí mordiéndome el labio.

Sus manos grandes me tomaron la cintura, jalándome contra él. Sentí su verga dura presionando mi vientre, un pulso vivo que me hizo gemir bajito. Nuestros labios se chocaron, besos hambrientos, lenguas danzando con sabor a menta y deseo crudo. Lo empujé al sofá, el cuero crujiendo bajo nuestro peso. Me quité la blusa despacio, dejando que viera mis tetas libres, pezones duros como piedritas. ¡Carajo, estás de infarto! gruñó él, manos ansiosas amasándolas. Lamí su cuello salado, bajando a desabrochar su jeans. Su pito saltó libre, grueso y venoso, oliendo a hombre puro.

Me arrodillé, el piso fresco contra mis rodillas. Lo miré desde abajo, ojos de puta en calor. Esto es por la Bedoyecta Tri, susurré antes de metérmelo a la boca. Caliente, suave, pulsando en mi lengua. Chupé lento al principio, saboreando la gota salada de su pre-semen, luego más rápido, mis labios estirados, garganta relajada. Él jadeaba, ¡Ay, wey, no pares! ¡Me vas a matar de gusto! Agarraba mi pelo suave, guiándome sin fuerza, puro instinto.

Pero yo quería más. Me levanté, quitándome la tanga empapada. Mi coño brillaba, hinchado y listo, aroma almizclado flotando en el aire. Lo monté a horcajadas, su verga rozando mi clítoris en un roce que me hizo arquear la espalda. Entra en mí, Marco. Fóllame como se debe. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiéndolo abrirme, llenarme hasta el fondo. ¡Dios! El estirón delicioso, paredes vaginales apretándolo como guante. Empecé a moverme, caderas girando en círculos lentos, luego rebotes fuertes. Piel contra piel, plaf-plaf-plaf, sudor resbalando entre nosotros.

Sus manos en mis nalgas, pellizcando, abriéndome más. Me inclinó hacia atrás, chupando un pezón mientras embestía desde abajo. Cada golpe tocaba mi punto G, ondas de placer subiendo por mi espina.

Esto es lo que necesitaba, neta. Bedoyecta Tri no miente, me tiene como leona
, pensé entre gemidos. Aceleramos, el sofá temblando, mis uñas clavadas en su pecho moreno. Olía a sexo puro, a fluidos mezclados, a vida latiendo.

El clímax se acercaba como tormenta. Sentí el primer espasmo en mi vientre, coño contrayéndose alrededor de su pito. ¡Me vengo, cabrón! ¡Duro! grité, cabeza echada atrás. Él rugió, ¡Yo también, preciosa!, y nos corrimos juntos. Calor líquido inundándome, mi jugo chorreando por sus bolas. Temblores interminables, pulsos sincronizados, hasta que colapsamos jadeantes.

Nos quedamos ahí, enredados, piel pegajosa enfriándose. Su mano acariciaba mi espalda, trazando círculos perezosos. El sol de la tarde entraba ahora, tiñendo todo de naranja cálido. ¿Qué pedo fue eso? Nunca te había visto tan... salvaje, murmuró riendo bajito. Yo sonreí contra su pecho. Bedoyecta Tri, mi amor. El elixir del deseo. ¿Repetimos?

Nos bañamos juntos después, agua caliente cascando sobre cuerpos saciados. Jabón espumoso en sus manos explorando cada curva mía, besos suaves bajo la regadera. Salimos envueltos en toallas, pidiendo unos tacos de suadero por delivery. Comimos en la cama, riendo de tonterías, sus dedos entrelazados con los míos. Esa noche dormimos pegados, su respiración rítmica meciéndome. Mañana pediría otra Bedoyecta Tri, pero esta vez pa' los dos. Porque el deseo, cuando despierta de verdad, no se apaga fácil.

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