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Un Error Ocurrió en la Subida Por Favor Intenta de Nuevo Más Tarde

6845 palabras

Un Error Ocurrió en la Subida Por Favor Intenta de Nuevo Más Tarde

Tú estás sentada en tu depa en la Condesa, con el ventilador zumbando como loco porque el calor de la noche mexicana te tiene sudando. La pantalla de tu cel brilla en la penumbra, y tus dedos tiemblan un poquito mientras intentas subir esa foto que te tomaste hace rato: tú en tanga roja, el espejo del baño capturando tus curvas perfectas, pezones duros por el fresco del agua que acababa de caerte. Es para él, el wey que conociste en Tinder, ese moreno de ojos café que te mandó mensajes que te pusieron mojada de solo leerlos. "Mándame algo caliente, nena", te dijo. Y tú, con el corazón latiendo fuerte, posas, chas, foto lista.

Das clic en enviar. Esperas. Y de repente, la pantalla parpadea: "an error occurred in the upload please try again later". ¿Qué chingados? Intentas de nuevo. Nada. Tercera vez, misma mierda. El pinche internet de Telcel está fallando, o qué sé yo. Frustración te sube por el pecho como una ola caliente.

¿Por qué siempre pasa esto cuando quiero algo ya? Pinche tecnología pendeja.
Te levantas, el shortcito de pijama rozando tus muslos suaves, y decides que no vas a quedarte ahí como idiota. Te pones un vestidito negro ajustado que te marca el culo perfecto, tacones altos que hacen clic-clac en el piso de madera, y sales a la calle. La noche de la Roma huele a tacos al pastor y jazmines, el bullicio de los carros y risas lejanas te envuelve como un abrazo caliente.

Entras al bar de la esquina, ese con luces neón y reggaetón suave. Pides un michelada bien fría, el limón chorreando en el vaso, sal picando en tus labios. Ahí lo ves: no es el wey de Tinder, sino otro, alto, camisa blanca arremangada mostrando brazos fuertes, tatuajes que se asoman como promesas. Te mira desde la barra, sonrisa pícara. "¿Qué onda, preciosa? ¿Sola?" Su voz grave te vibra en el estómago. Te acercas, el aire entre ustedes cargado de electricidad. "Sí, pero ya no", respondes coqueta, mordiéndote el labio. Charlan, ríen. Se llama Alex, de aquí de la ciudad, carnal que trabaja en una disquera, huele a colonia cara mezclada con sudor fresco, masculino, que te hace apretar las piernas.

El deseo empieza chiquito, como un cosquilleo en la nuca. Bailan pegaditos, su mano en tu cintura baja, dedos firmes rozando la curva de tu cadera. Sientes su aliento caliente en tu oreja: "Estás cañón, wey. Me traes loco." Tú giras, tu culo presionando contra su entrepierna dura, ya sintiendo esa verga gruesa que se despierta por ti. El sudor perla en tu escote, el ritmo del bajo retumba en tu pecho, corazones latiendo al unísono.

Esto es mejor que cualquier foto fallida. Quiero sentirlo de verdad, piel con piel.
Sus labios rozan tu cuello, lengua suave lamiendo el salado de tu piel, y un gemido se te escapa, bajo, ronco.

Salen del bar, caminando rápido por las calles empedradas, manos entrelazadas, risas ahogadas. "Vamos a mi hotel, está cerca", murmura él, y tú asientes, el pulso acelerado, bragas empapadas rozando con cada paso. El lobby es fresco, aire acondicionado besando tu piel caliente. Suben al elevador, solos, y explota: lo empujas contra la pared, besos hambrientos, lenguas enredadas con sabor a tequila y menta. Sus manos amasan tus tetas por encima del vestido, pulgares en los pezones duros como piedras. "Qué chichotas tan ricas, nena." Tú bajas la mano, aprietas su paquete, sintiendo el calor palpitante. Ding, puertas abren.

En la habitación, luces tenues, cama king size con sábanas blancas crujientes. Se desnudan despacio, él te quita el vestido como si fuera un regalo, ojos devorándote: tetas firmas saltando libres, pezones rosados erectos; vientre plano, caderas anchas, coñito depilado brillando de jugos. Tú le arrancas la camisa, pantalón, y ¡órale! esa verga venosa, gorda, cabeza morada lista para ti. "Métetela, papi", le ruegas, voz ronca de pura necesidad.

Te tumba en la cama, sábanas frescas contra tu espalda ardiente. Empieza con besos: cuello, clavícula, bajando a tus tetas. Chupa un pezón, succiona fuerte, dientes rozando, mientras la mano libre se cuela entre tus piernas. Dedos gruesos abren tus labios húmedos, frotan el clítoris hinchado en círculos lentos. Oleadas de placer te recorren, jadeas, arqueas la espalda. Huele a sexo, a tu excitación dulce y almizclada mezclada con su aroma terroso.

Pinche error de subida me trajo aquí, y no me quejo ni madres.
Baja más, lengua plana lamiendo tu raja de abajo arriba, sorbiendo tus jugos como si fueran el mejor mezcal. Gemidos suyos vibran contra tu clítoris, dos dedos dentro, curvándose en tu punto G, bombeando ritmado. Piernas tiemblan, uñas clavadas en su cabeza, pelo revuelto entre tus dedos. "¡No pares, cabrón! ¡Me vengo!" Explosión: orgasmo te sacude, coño contrayéndose, chorros calientes mojando su barbilla.

Él se levanta, verga tiesa apuntándote, pre-semen goteando. Te pone a cuatro patas, nalgas altas, y entra despacio. Sensación plena: paredes estiradas, llenándote hasta el fondo, roce perfecto. Empieza a bombear, lento al principio, piel chocando con palmadas húmedas, plaf plaf. Tú empujas hacia atrás, queriendo más. "¡Duro, Alex, cógeme duro!" Acelera, manos en tus caderas, jalándote contra él. Sudor gotea de su pecho a tu espalda, resbaloso, caliente. El cuarto huele a sexo puro, gemidos mezclados con el zumbido del AC. Cambian: tú encima, cabalgándolo, tetas rebotando, clítoris frotándose en su pubis. Manos en tus nalgas, guiándote, dedo en tu ano apretado, cosquilleando.

Esto es lo que necesitaba, conexión real, no pantallas pendejas.

Intensidad sube: posiciones locas, él de pie cargándote, piernas enredadas, verga martillando profundo. Gritas placer, él gruñe como animal. "Me vengo, nena, ¿dónde?" "¡Adentro, lléname!" Últimos embistes feroces, siente su verga hincharse, chorros calientes inundándote, leche espesa mezclándose con tus jugos. Tú explotas otra vez, uñas en su espalda, mordida en su hombro.

Caen exhaustos, enredados, respiraciones jadeantes calmándose. Su semen chorrea lento de tu coño, tibio en tus muslos. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Qué chingón estuvo eso", murmura él, acariciando tu pelo. Tú sonríes, cuerpo pesado de placer, satisfecho. La noche mexicana perfecta, luces de la ciudad filtrándose por la ventana, olor a sexo lingering en el aire.

Al diablo la app y su error. Esto fue mil veces mejor.
Se duermen pegados, promesas de más en el aire, deseo saciado pero con chispa para mañana.

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