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La Ardiente Triada Epidemiologica del Dengue

6648 palabras

La Ardiente Triada Epidemiologica del Dengue

En el corazón de la Ciudad de México, en las oficinas modernas de la universidad, el aire acondicionado zumbaba suave tratando de combatir el bochorno veraniego que se colaba por las ventanas. Tú, epidemiólogo experimentado, entras al salón de juntas con tu laptop bajo el brazo. El tema del día: la triada epidemiologica del dengue. Agent, huésped y ambiente, las tres piezas clave que hacen que esa fiebre maldita se propague como reguero de pólvora en las colonias calurosas.

Ahí están ellos, tus colegas de años. María, con su blusa blanca ajustada que deja ver el contorno de sus tetas firmes, el cabello negro suelto cayendo como cascada sobre hombros bronceados. Sus ojos cafés te miran con esa chispa pícara que siempre te ha puesto la piel de gallina. Al lado, Luis, alto, musculoso, con esa barba de tres días que le da un aire de galán de telenovela, camisa remangada mostrando antebrazos velludos y fuertes. "Órale, carnal, ya llegaste", te dice Luis con sonrisa chueca, palmeándote la espalda. Su mano se queda un segundo de más, cálida, firme.

La reunión arranca. Tú proyectas las slides: el agente viral del dengue, el huésped humano o mosquito, el ambiente con charcos y calor. María se inclina sobre la mesa, su perfume floral invadiendo tus fosas nasales, dulce como mango maduro. "Mira, wey, esta triada epidemiologica del dengue es como un trío perfecto, ¿no? Todo tiene que alinearse para que explote la pasión... digo, la epidemia", suelta ella con doble sentido, mordiéndose el labio inferior. Luis ríe bajito, su mirada recorre tu cuerpo de arriba abajo. Sientes un cosquilleo en el estómago, el pulso acelerándose como si ya tuvieras fiebre.

¿Qué chingados? ¿Están coqueteando o soy yo que veo calentura en todo?

La junta termina, pero el ambiente está cargado. "¿Vámonos por unas cheves a mi depa? Está cerca, en Polanco, con alberca y todo", propone María, guiñándote. Luis asiente: "Simón, para platicar más de la triada esa, que me dejó pensando". Aceptas, el corazón latiéndote en los oídos.

El departamento de María es un sueño: piso de mármol fresco, ventanales con vista a la urbe iluminada, música de Natalia Lafourcade sonando bajito. Abren coronitas heladas, el gas escupiendo contra el vidrio empañado. Se sientan en el sofá de cuero negro, piernas rozándose "sin querer". Hablan de trabajo, pero el tema regresa a la triada epidemiologica del dengue. "Imagínate", dice Luis, su voz grave ronca, "el agente soy yo, infectando con mi verga dura; tú el huésped, receptivo y caliente; y María el ambiente perfecto, húmedo y bochornoso". María suelta una carcajada sensual, su mano en tu muslo subiendo despacito. "O al revés, pendejos. Yo soy el agente, picando como mosquito en la noche".

Sientes el calor subiendo por tu cuello. El toque de María es eléctrico, uñas rozando denim. Te volteas y la besas, labios suaves, sabor a cerveza y menta. Ella gime bajito, "¡Ay, wey, qué rico!". Luis se pega por detrás, su aliento caliente en tu oreja, manos grandes desabotonando tu camisa. "Esto es nuestra triada, carnal. Consensual, chingona". Todo fluye natural, como si lo hubieran planeado mil veces.

Te quitan la ropa con urgencia juguetona. Tus manos exploran: piel de María suave como seda, pezones oscuros endureciéndose bajo tus dedos, oliendo a vainilla y sudor ligero. Luis, duro ya, su verga gruesa palpitando contra tu nalga, venosa, caliente. Lo tocas, piel aterciopelada sobre acero. "Qué chingona tu pinga, Luis", murmuras. Él gruñe, besándote el cuello, mordisqueando suave.

Esto es una fiebre buena, no como la del dengue. Puro fuego en las venas.

María se arrodilla, labios envolviendo tu verga, lengua girando lenta, succionando con maestría. El sonido húmedo, chapoteante, llena la sala. Luis te besa profundo, lenguas enredándose, sabor salado. Sus manos masajean tus bolas, pesadas de deseo. La llevas al sofá, ella a cuatro patas, culo redondo alzado, panocha rosada brillando húmeda. "Ven, métemela ya", suplica con voz ronca mexicana, acento chilango puro.

Te posicionas, la punta rozando sus labios vaginales, resbalosos de jugos. Empujas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo paredes calientes apretándote como guante. "¡Órale, qué prieta estás, nena!" Ella arquea espalda, gimiendo alto, tetas balanceándose. Luis se pone enfrente, verga en su boca. La chupa ansiosa, saliva goteando. Tú embistes rítmico, piel chocando piel, plaf plaf plaf, olor a sexo crudo, almizclado, mezclándose con el aroma de la ciudad nocturna.

Cambian posiciones, la tensión subiendo como termómetro en epidemia. Tú de espaldas en el sofá, María cabalgándote, coño tragándote entero, caderas girando como salsa en fiesta. Sus uñas en tu pecho, dejando surcos rojos. Luis la penetra por atrás, doble penetración suave, consensuada. "¡Sí, cabrones, fóllenme así!" grita ella, voz quebrada de placer. Sientes su calor a través de la delgada pared, pulsos sincronizados. Sudor perlando cuerpos, salado en la lengua cuando la besas.

Tus bolas se aprietan, el clímax acechando. "Me vengo, wey..." adviertes. Luis acelera, gruñendo "Yo también, carajo". María tiembla primero, coño convulsionando, chorro caliente mojándote. Tú explotas dentro, leche espesa llenándola, chorros potentes. Luis se retira, eyaculando en su espalda, blanco cremoso chorreando. Gemidos se funden en un coro jadeante, cuerpos colapsando en pila sudorosa.

La triada perfecta: agente de deseo, huésped ávido, ambiente de puro vicio. Esto no se olvida.

El afterglow es puro paraíso. Acostados en la cama king size, sábanas revueltas oliendo a semen y perfume. María acaricia tu pecho, "¿Ves? Nuestra propia triada epidemiologica del dengue, pero sin fiebre mala, solo placer chingón". Luis ríe, besándote la frente. "De ahora en adelante, las juntas serán así, ¿sale?". Asientes, cuerpo laxo, alma satisfecha. Afuera, la ciudad ronronea indiferente, pero en esa habitación, habéis creado algo eterno: una unión ardiente, mexicana hasta los huesos, donde el deseo es el virus más contagioso.

Te duermes entre ellos, piel contra piel, pulsos calmándose juntos. Mañana, volverán al lab, pero con este secreto latiendo bajo la piel. La triada, eterna.

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