El Precio Tentador de Bedoyecta Tri en Farmacias Guadalajara
Estaba reventada. Toda la semana lidiando con jefes mamones y papeleo interminable en la oficina de Guadalajara me había dejado hecha polvo. Mi cuerpo gritaba por un boost de energía pero no para cualquier cosa no señor. Tenía una cita con Marco ese moreno alto y musculoso que me ponía la piel chinita cada vez que me rozaba. Quería estar al máximo para chingarlo toda la noche sin parar. Así que saqué el cel y tecleé rápido precio de bedoyecta tri en farmacias guadalajara. ¡Neta qué chido! En Farmacia Guadalajara la conseguía en 150 varos la cajita de tres. Perfecto barato y cerca de mi depa en la Zona Rosa.
Me arreglé rápido un jeans ajustado que me marcaba el culo de ley una blusa escotada roja que dejaba ver justo lo necesario y salí con el corazón latiéndome fuerte. El sol de la tarde tapaba las calles con ese calor jalisciencito que te hace sudar en los lugares precisos. Llegué a la farmacia oliendo a ese desinfectante mezclado con algo dulce como chicle de tamarindo. El lugar estaba fresco con el aire acondicionado zumbando suave y estantes llenos de cajitas coloridas.
Órale este wey de la caja está perrón pensé mientras lo veía. Alto ojos cafés profundos brazos tatuados bajo la bata blanca y una sonrisa pícara que prometía problemas.
—Buenas tardes preciosa ¿en qué te ayudo? —me dijo con voz grave como si me acariciara el oído.
—Hola guapo venia por bedoyecta tri busqué el precio de bedoyecta tri en farmacias guadalajara y aquí está bien barato ¿me das una cajita? —respondí coqueta mordiéndome el labio sin querer.
Él se rio bajito ese sonido ronco que me erizó los vellos de la nuca. Se llamaba Luis según su gafete y mientras buscaba la caja en el anaquel me explicó:
—Sí es buenísima para el vigor neta te da pila pa las noches largas. ¿Quieres que te la aplique? Aquí en el consultorio de atrás gratis y sin cita.
Mi pulso se aceleró. ¿Noches largas? Este pendejo sabe lo que dice. Sentí un calor subiendo por mis muslos la idea de sus manos firmes en mi piel cerca de mi nalga...
—¡Chale pues sí! —le solté juguetona—. Pero hazlo bien rico no vaya a ser que me duela güey.
Me guió al consultorio chiquito detrás del mostrador puerta cerrada y pestillo. El cuarto olía a alcohol y a su colonia masculina terrosa con un toque de limón mexicano. Me dijo que me bajara el jeans y me recargara en la camilla. Mi corazón tronaba como tambor de mariachi. Me quedé en calzones de encaje negro expuesta la piel fresca erizada por el aire.
Sus dedos enguantados rozaron mi nalga primero frío luego cálido mientras limpiaba con algodón. Dios qué toque tan preciso tan cerca de donde quiero que me meta todo. Inyectó suave un piquetito que ni sentí porque estaba perdida en su aliento caliente en mi cuello.
—Listo mamacita ¿te dolió? —susurró tan cerca que su barba raspó mi hombro.
Me giré despacio nuestros ojos chocaron fuego puro. Sin palabras lo jalé de la bata y lo besé con hambre labios carnosos saboreando a menta y deseo. Él gimió bajito mmm y me apretó la cintura manos grandes explorando mi espalda bajando al culo.
El beso se volvió salvaje lenguas enredadas saliva dulce su sabor salado de sudor fresco. Me levantó a la camilla piernas abiertas alrededor de su cadera dura como piedra. Sentí su verga tiesa presionando contra mi panocha a través de la tela ya empapada.
—Eres una chulada —murmuró mordiéndome el lóbulo de la oreja mientras sus manos subían mi blusa amasando mis chichis libres sin bra. Pezones duros como balines bajo sus pulgares ásperos.
Yo arcé la espalda gimiendo ahhh wey no pares el consultorio se llenó de nuestros jadeos el zumbido del aire como banda sonora. Le bajé el cierre de la bata pantalón abajo verga gruesa venosa saltando libre oliendo a hombre puro.
Qué pinga tan chida morra más larga y gorda que la de Marco neta la quiero adentro ya
Me la mamé ansiosa lengua lamiendo la punta salada venas palpitando en mi boca. Él gruñó joder qué rico chupas enredando dedos en mi pelo jalando suave. Chupé succioné hasta la garganta gárgaras húmedas saliva chorreando por su saco pesado.
Pero quería más. Lo empujé a la silla me subí encima calzones a un lado panocha resbalosa rozando su verga. ¡Entra ya pendejo! le ordené empoderada montándolo como reina. Su grosor me estiró delicioso paredes calientes envolviéndolo pulso latiendo contra mí.
Cabalgamos duros piel chocando plaf plaf sudor goteando entre pechos su olor almizclado volviéndome loca. Gemí fuerte sí así cabrón chingame uñas clavadas en su pecho tatuado. Él me amasaba el culo metiendo un dedo en mi ano apretado lubricado por jugos.
El clímax subió como volcán de Colima. Sentí contracciones mi concha ordeñándolo chorros calientes mojando sus bolas. Él rugió me vengo! llenándome semen espeso caliente rebosando por mis muslos.
Colapsamos jadeando cuerpos pegajosos brillando bajo la luz fluorescente. Su cabeza en mis chichis besos suaves en mi piel salada. Neta qué polvo tan épico la bedoyecta ya hizo efecto doble.
Después nos vestimos riendo cómplices. Me dio la cajita gratis y su número en un papelito arrugado.
—Vuelve cuando quieras más vitaminas —guiñó.
Salí a la calle noche cayendo luces de neón en Guadalajara tiñendo todo de rosa. Caminé con piernas temblorosas la energía bullendo aún el recuerdo de su tacto sabor eco en mi cuerpo. Marco me esperaba pero ahora tenía un secreto ardiente. El precio de bedoyecta tri en farmacias guadalajara valió cada peso y más. Mañana repito con Luis o con los dos quién sabe la noche es joven y yo invencible.