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Mi Primer Bi Tri

5949 palabras

Mi Primer Bi Tri

La noche en la playa de Puerto Vallarta estaba chida de verdad. El aire salado se mezclaba con el humo de las fogatas y el ritmo de la cumbia que retumbaba desde los altavoces. Yo, Ana, bailaba pegadita a Javier, mi novio, sintiendo su calor contra mi espalda. Sus manos grandes me ceñían la cintura, bajando despacito hasta mis caderas. Órale, qué rico se siente esto, pensé, mientras el tequila me calentaba las venas.

Javier era todo un macho alto y moreno, con esa sonrisa pícara que me derretía. Habíamos venido de Guadalajara a desconectarnos, a gozar como se debe. Ahí, entre la multitud, apareció Raúl, un cuate de Javier de la uni. Flaco pero fibroso, con ojos verdes que brillaban bajo la luna y un tatuaje tribal en el brazo que lo hacía ver misterioso.

¿Será tan bueno como Javier en la cama?
me pregunté, sintiendo un cosquilleo traicionero entre las piernas.

Nos sentamos en la arena, pasando la chela de mano en mano. La conversación fluyó fácil, con chistes de pendejos y anécdotas locas. Javier soltó de la nada: "Raúl es bi, ¿sabes? Ha probado de todo y le encanta". Yo me quedé helada, pero el calor en mi panocha dijo otra cosa. Neta, ¿un bi tri? Suena a locura deliciosa. Raúl me miró con picardía, rozando mi muslo con su rodilla. "Si se arma, yo entro", dijo guiñando.

El deseo creció como la marea. Javier me besó el cuello, su aliento a tequila y mar. Raúl se acercó, su mano en mi rodilla subiendo lento. Esto va en serio, pensé, mientras mi corazón latía como tambor. Nos levantamos y caminamos a la cabaña que rentamos, el viento fresco erizando mi piel bajo el vestido ligero.

Acto dos: la escalada

Adentro, la luz tenue de las velas pintaba sombras en las paredes de adobe. Olía a sándalo y a nosotros, ese aroma primitivo de sudor y excitación. Javier me cargó hasta la cama king size, su boca devorando la mía. Sabía a sal y pasión. Raúl se unió, quitándome el vestido con dedos temblorosos. Su piel es suave, como terciopelo, noté cuando lo toqué.

Me recosté, desnuda, sintiendo la sábana fresca contra mi espalda. Javier se desvistió, su verga ya dura saltando libre, gruesa y venosa. Raúl lo miró con hambre, y eso me prendió más.

Verlos así, queriéndose... es puro fuego
. Javier tomó la iniciativa, jalando a Raúl para un beso profundo. Sus lenguas se enredaron, gemidos roncos llenando el cuarto. Yo me toqué el clítoris, viendo cómo Javier metía mano en los boxers de Raúl, sacando su verga más delgada pero larga, palpitante.

"Ven, nena", murmuró Javier, con voz grave. Me arrodillé entre ellos, el olor almizclado de sus sexos invadiéndome. Chupé primero a Javier, su prepucio salado deslizándose en mi boca, mientras Raúl me lamía la panocha desde atrás. ¡Qué chingón! Su lengua sabe justo dónde. Gemí alrededor de la verga de Javier, el sonido vibrando en su carne.

Cambiaron posiciones. Raúl se acostó, Javier encima en 69. Vi a mi novio chupar la verga de Raúl, tragándosela hasta la garganta, saliva brillando. Raúl jadeaba, "¡Pinche rico, carnal!". Yo monté la cara de Raúl, frotando mi humedad contra su boca. Su barba incipiente raspaba delicioso mis labios mayores, mientras su lengua danzaba en mi entrada. El cuarto apestaba a sexo: sudor, precum, mi jugo dulce.

La tensión subía. Javier se enderezó, untando lubricante en su verga. "Quiero verte gozar con él primero", dijo. Raúl me penetró despacio, su punta abriéndose paso en mi calor húmedo. Es diferente, más ágil, pensé, clavando uñas en su pecho. Javier se masturbaba viéndonos, su mano un borrón. Luego, se acercó y metió su verga en mi boca, follándome la garganta mientras Raúl me taladraba.

El ritmo se aceleró. Sudor goteaba de sus frentes al mío, pieles chocando con plaf plaf. Raúl salió y Javier me volteó a cuatro patas. Entró de un embestida, su grosor estirándome al límite. Raúl se puso adelante, y yo lo mamé ansiosa.

Esto es el bi tri perfecto, carnales uniéndose en mí
. Javier jaló mi pelo, "¡Eres nuestra puta chida!", y yo grité de placer.

Raúl quiso más acción bi. Se lubricó y se colocó detrás de Javier, quien gruñó al sentir la punta. "Despacio, wey". Vi por encima del hombro cómo Raúl entraba en mi novio, centímetro a centímetro. Javier jadeó, empujando más profundo en mí por la presión. Sentirlos conectados a través de mí... orgasmo inminente. El doble movimiento los hacía resbalar, lubricante chorreando por muslos.

Mis paredes se contraían, el clímax rugiendo. "¡Me vengo!", chillé, explosión de estrellas detrás de ojos cerrados. Chorros calientes me inundaron: Javier en mi panocha, Raúl en él. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, pulsos latiendo al unísono.

Acto tres: el resplandor

La habitación se enfrió, pero nuestros cuerpos ardían aún. Javier me besó la frente, "Te amo, mi reina". Raúl acarició mi nalga, "Gracias por este bi tri inolvidable". Reímos bajito, el eco de gemidos desvaneciéndose. Pedimos room service: tacos al pastor y micheladas heladas. Comimos en la cama, desnudos, lamiendo salsa de dedos ajenos.

Me quedé pensando en la sábana, oliendo a nosotros tres.

Esto no fue solo sexo, fue conexión pura, empoderamiento en carne viva
. Javier y Raúl se besaron suave, y yo me uní, lenguas danzando perezosas. No hubo celos, solo plenitud. Al amanecer, el sol filtrándose por cortinas, nos abrazamos. "Repetimos pronto", propuso Raúl. "Órale, carnal", respondimos.

Salimos a la playa, arena tibia bajo pies descalzos. El mar lamía la orilla como promesa de más noches locas. Mi cuerpo zumbaba aún, satisfecho, vivo. El bi tri me abrió puertas nuevas, y neta, quiero más.

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