Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Apretada en Éxtasis con la Abrazadera Tri Clamp Apretada en Éxtasis con la Abrazadera Tri Clamp

Apretada en Éxtasis con la Abrazadera Tri Clamp

7153 palabras

Apretada en Éxtasis con la Abrazadera Tri Clamp

Era una noche calurosa en la Condesa, de esas que te hacen sudar hasta el alma, pero en mi depa todo estaba chido con el aire acondicionado zumbando bajito. Yo, Ana, acababa de llegar del trabajo, con el cuerpo pidiéndome a gritos un poco de atención. Marco, mi carnal del alma, mi amor de cuatro años, ya me esperaba con una chela fría en la mano y esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas. Neta, este wey sabe cómo encender la chispa, pensé mientras lo veía recargado en la puerta del cuarto, sin camisa, con el pecho marcado por el gym que tanto le gustaba.

—¿Qué traes ahí, mamacita? —me dijo con voz ronca, señalando la bolsita negra que traía en la mano.

Me acerqué contoneándome, sintiendo ya el cosquilleo entre las piernas. Saqué el paquetito y se lo mostré como si fuera un tesoro. Abrazadera tri clamp. La había pedido en línea, después de leer reseñas en foros de juguetes para adultos. Era un cacharrito de metal plateado, con tres mordidas ajustables que prometían apretar justo donde dolía rico. Nada de pendejadas baratas, esta era de las buenas, importada, con un diseño que parecía sacado de un sueño húmedo.

—Esto va a ser nuestra nueva obsesión, mi rey —le susurré al oído, rozando mi labio en su lóbulo. Olía a su colonia favorita, esa con notas de madera y cítricos que me volvía loca.

Nos besamos lento al principio, con lenguas explorando como si fuera la primera vez. Sus manos grandes bajaron por mi espalda, desabrochando el bra de encaje que ya me picaba. Me quitó la blusa con prisa, pero yo lo frené.

—Despacio, cabrón. Quiero que sientas cada segundo.

Acto uno de nuestra noche: la anticipación. Lo llevé a la cama king size que habíamos comprado en Polanco, con sábanas de algodón egipcio que se sentían como caricia de seda contra la piel. Encendí velas de vainilla y jazmín, el aroma dulce invadiendo el aire, mezclándose con nuestro sudor incipiente. Marco se recostó, yo encima, montándolo como reina. Le mostré la abrazadera tri clamp de cerca, sus ojos se agrandaron de curiosidad y deseo.

¿Y si duele de más? ¿Y si no le gusta? No, wey, esto va a ser épico. Su verga ya está dura contra mi muslo, listo para todo.

Le besé el cuello, bajando por el pecho. Lamí sus pezones oscuros, mordisqueando suave hasta que gimió. Qué rico sabe a sal y hombre. Mis dedos juguetearon con la abrazadera, abriéndola y cerrándola con chasquidos metálicos que resonaban en la habitación silenciosa.

El deseo inicial era como una corriente eléctrica, latiendo en mi clítoris, humedeciéndome las bragas. Marco me miró con esos ojos cafés intensos.

—Póntela tú primero, preciosa. Quiero verte gozar.

Me quité el resto de la ropa, quedando desnuda bajo la luz tenue. Mis tetas medianas, con pezones ya erectos por la excitación, apuntaban hacia él. Tomé la abrazadera tri clamp, el metal frío contra mi piel caliente. La ajusté despacio: una mordida en cada pezón y la tercera en el centro, tirando de la piel sensible entre ellos. Ay, cabrón, el pinchazo inicial fue agudo, como un rayo de placer-dolor que me recorrió la espina dorsal. Jadeé, mis caderas se movieron solas contra su pierna.

—¿Duele, amor? —preguntó, su voz temblorosa de lujuria.

—Duele chido, pendejo. Ven, ayúdame a ajustarla más.

Acto dos: la escalada. Marco se incorporó, sus dedos ásperos por el trabajo en construcción tomaron el tornillo giratorio. Giró despacio, apretando. El dolor se transformó en pulsos calientes que bajaban directo a mi entrepierna. Siento mi coño chorreando, neta, nunca había estado tan mojada. El sonido de mi respiración agitada llenaba el cuarto, mezclado con sus gruñidos bajos. Olía a sexo ya, ese almizcle dulce de mi excitación.

Me subí a horcajadas sobre él, su verga gruesa rozando mi entrada húmeda. No penetró aún; quería alargar la tensión. Moví las caderas, frotándome contra su longitud, la abrazadera tirando con cada movimiento, enviando ondas de placer. Marco lamió mis pezones expuestos, su lengua caliente contrastando con el frío metal. Gemí fuerte, ¡órale, qué rico!

—Tus tetas se ven tan jodidamente sexys así, Ana. Roja, hinchada, abrazadera tri clamp mordiéndote como yo quiero morderte toda.

Internamente luchaba: el dolor era intenso, pero el placer lo multiplicaba.

No pares, sigue, esto es lo que necesitaba. Ser vulnerable con él, entregarme.
Bajé la mano, guié su polla dentro de mí. Entró fácil, resbaloso por mis jugos. Cabalgué lento al principio, cada rebote haciendo que la abrazadera jalara más. El slap-slap de piel contra piel, mis tetas botando, el metal rechinando sutil.

Marco me agarró las nalgas, amasándolas fuerte. Sus uñas clavándose, marcándome. Aceleré, el ritmo building como tormenta. Sudor perlando su frente, goteando en mi pecho. Probé el salado en mi lengua cuando lo besé. Mi clítoris rozaba su pubis peludo, chispas de éxtasis acumulándose.

—Más fuerte, mi vida. Aprieta esa madre —le rogué.

Giró el tornillo otra vuelta. ¡Dios! Dolor punzante, placer explosivo. Mis paredes internas se contrajeron alrededor de su verga, ordeñándolo. Él empujaba arriba, profundo, golpeando mi punto G. Gemidos se volvieron gritos: ¡Sí, cabrón, así! ¡Fóllame!

La intensidad psicológica crecía: confianza total, amor mezclado con lujuria animal. Pequeñas resoluciones: él besó la abrazadera, aliviando el ardor con su boca cálida. Yo arañé su espalda, dejando surcos rojos. El cuarto olía a vainilla quemada, sudor, semen preeyaculatorio.

Acto tres: la liberación. No aguanté más. El orgasmo vino como avalancha, mi cuerpo convulsionando, coño apretando su verga en espasmos. Grité: ¡Me vengo, Marco, ay! Chorros de placer me sacudieron, piernas temblando. Él se corrió segundos después, caliente dentro de mí, rugiendo mi nombre. Siento cada chorro, llenándome, marcándome como suya.

Caímos exhaustos, jadeando. Marco giró el tornillo suave, quitando la abrazadera tri clamp. El alivio fue glorioso: sangre regresando, pezones hipersensibles palpitando. Los besó tierno, lamiendo las marcas rojas. Yo lo abracé, piel contra piel pegajosa de sudor.

—Te amo, pendejillo. Esto fue lo máximo —le dije, voz ronca.

—Y yo a ti, reina. Vamos a usarla más seguido.

Nos quedamos así, en afterglow, cuerpos entrelazados. El aroma de sexo perduraba, velas parpadeando. Reflexioné: esta noche profundizó nuestro lazo, explorando límites con amor. Neta, la abrazadera tri clamp no es solo un juguete; es nuestra llave a más placer. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero en nuestro mundo, todo era perfecto. Durmió abrazándome, yo sonriendo en la oscuridad, anticipando la próxima vez.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.