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Mi Try On Haul Caliente

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Mi Try On Haul Caliente

Era una tarde de sábado en mi depa en la Condesa, con el sol colándose por las cortinas y ese olor a café recién hecho flotando en el aire. Yo, Ana, acababa de recibir mi paquete de Shein, lleno de ropita que había pedido pensando en él. Mi carnal, Javier, estaba tirado en el sillón viendo fútbol, pero yo tenía otros planes. Quería armar mi try on haul particular, solo para sus ojos. Lo miré de reojo, con esa sonrisa pícara que siempre lo desarma.

Órale, güey, ¿y si me ayudas a modelar esta mercancía nueva? Va a ser mi try on haul exclusivo, nomás pa' ti.

Javier levantó la vista, sus ojos cafés brillando con curiosidad. Se acomodó en el sillón, abriendo las piernas como rey en su trono. Chingón, pensé, ya se prendió el módulo. Me acerqué con la caja en las manos, el plástico crujiendo bajo mis dedos, y la puse en la cama king size que teníamos. El cuarto olía a mi perfume de vainilla y jazmín, mezclado con su colonia amaderada que me volvía loca.

Empecé con lo inocente: un vestidito negro ajustado, de esos que marcan la cintura y suben un poquito las tetas. Me quité la playera holgada frente a él, sintiendo su mirada quemándome la piel como si fueran brasas. El aire fresco rozó mis pezones, poniéndolos duros al instante. Me metí el vestido por la cabeza, la tela suave deslizándose por mis hombros, mis caderas, hasta llegar a los muslos. Giré despacito, el dobladillo rozando mi piel depiladita.

—¿Qué tal, amor? ¿Me queda chido?

Él tragó saliva, su voz ronca saliendo como un gruñido. Sí, pinche rica. Se acercó, sus manos grandes posándose en mis caderas, apretando la tela contra mi cuerpo. Sentí su calor a través del vestido, su aliento caliente en mi cuello. Pero no, todavía no. Esto era solo el principio del try on haul. Lo empujé juguetona, riéndome bajito.

Acto siguiente: el conjunto de lencería roja, de encaje que picaba rico contra la piel. Me desvestí lento, dejando que viera cada centímetro. Mis tetas rebotaron libres, los pezones rosaditos pidiendo atención. Javier se mordió el labio, ajustándose los jeans que ya se le veían apretados. Me puse el bra primero, los tirantes finitos hundiéndose en mis hombros, luego el tanga que apenas cubría mi panocha ya húmeda. El encaje rozaba mi clítoris con cada movimiento, mandándome chispazos de placer.

Me encanta cómo me ves, Javier. Como si quisieras comerme viva.
Pensé mientras caminaba hacia él, mis tacones cliqueando en el piso de madera. Me paré entre sus piernas, inclinándome para que oliera mi aroma, esa mezcla dulce de mi excitación empezando a perfumar el aire. Sus manos subieron por mis muslos, dedos callosos explorando el borde del encaje. No pares, gemí en mi mente, pero lo detuve otra vez. Quería alargar la tensión, hacer que su verga palpitara de ganas.

El siguiente outfit fue un body de rejilla transparente, negro como la noche. Me lo puse frente al espejo, viendo cómo mis curvas se marcaban bajo la malla. Mis pezones asomaban duros, la sombra de mi monte de Venus insinuándose. Javier ya no aguantaba sentado; se levantó, su pecho ancho presionando contra mi espalda mientras yo posaba. Sus manos cubrieron mis tetas por encima de la tela, pellizcando suave, haciendo que jadee. Olía a sudor masculino, a deseo puro, y yo me arqueé contra él, sintiendo su erección dura como piedra contra mi culo.

—Ana, ya no mames... este try on haul me está matando —murmuró en mi oído, su voz temblorosa, labios rozando mi lóbulo.

Mi corazón latía como tambor en un antro, el pulso retumbando en mis oídos. Lo giré, besándolo con hambre, lenguas enredándose en un baile húmedo y salado. Sus manos bajaron al body, rasgándolo un poquito para abrir paso. Pero esperé. Uno más. El último: un babydoll rosa pastel, corto y vaporoso, con panties a juego. Me lo puse rápido, la seda fresca contra mi piel caliente, pezones frotándose delicioso contra el tul.

Ahora sí, la tensión era eléctrica. Javier me levantó en brazos como si no pesara nada, mis piernas envolviéndolo. Me tiró en la cama, el colchón hundiéndose bajo nosotros con un suspiro mullido. Sus besos bajaron por mi cuello, mordisqueando, dejando huellas rojas que dolían rico. Lamí su piel salada mientras le quitaba la playera, oliendo su pecho fuerte, músculos tensos bajo mis uñas.

En el medio del caos, pensé:

Este try on haul fue la mejor idea de mi vida. Lo tengo comiéndose en la palma de mi mano.
Él bajó el babydoll, chupando mis tetas con avidez, lengua girando alrededor de los pezones, succionando hasta que grité de placer. Sus dedos se colaron en mis panties, encontrando mi panocha empapada, resbalosa de miel. Me metió dos dedos, curvándolos justo ahí, el spot que me hace ver estrellas. Gemí fuerte, caderas moviéndose solas, el sonido chapoteante llenando el cuarto junto con nuestros jadeos.

—Estás chingón de mojada, mi amor —dijo, voz grave, ojos negros de puro fuego.

Lo volteé, queriendo control. Le bajé los jeans, su verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando pre-semen que lamí con gusto salado. La chupé despacio al principio, lengua rodeando la cabeza, luego más hondo, garganta relajada tragándosela hasta las bolas. Él gruñó, manos en mi pelo, follando mi boca suave. Olía a hombre, a sexo inminente.

No aguantamos más. Me puse a horcajadas, guiando su verga a mi entrada. Bajé lento, centímetro a centímetro, sintiéndolo estirarme, llenarme hasta el fondo. ¡Qué chido! El placer era abrasador, paredes apretándolo, clítoris rozando su pubis. Cabalgaba fuerte, tetas rebotando, sudor perlando nuestras pieles. Él me agarraba el culo, azotando suave, el slap resonando como música.

Cambié de posición: él encima, misionero profundo. Sus embestidas eran potentes, piel contra piel chapoteando, camas rechinando. Me besaba mientras follaba, lenguas y gemidos mezclados. Sentí el orgasmo construyéndose, una ola gigante en mi vientre.

Vente conmigo, Javier, hazme tuya
, supliqué en silencio.

—¡Ya, pinche rica! —rugió, acelerando, su verga hinchándose dentro.

Exploté primero, panocha contrayéndose en espasmos, chorros de placer mojando las sábanas. Grité su nombre, uñas clavadas en su espalda. Él se vino segundos después, chorros calientes llenándome, gruñendo como animal. Colapsamos juntos, cuerpos temblando, respiraciones entrecortadas. El aire olía a sexo, a nosotros, sudor y semen mezclado con mi perfume.

Después, en el afterglow, nos quedamos abrazados, su cabeza en mis tetas, dedos trazando lazy circles en mi piel. Reí bajito, besando su frente húmeda.

—El mejor try on haul de mi vida, ¿verdad?

Él sonrió, ojos perezosos. El primero y el último que me das así, mi reina. O el próximo ya sabes cómo termina.

Nos quedamos así, en calma, con el sol poniéndose afuera, sabiendo que esto era solo el principio de muchas tardes calientes. Mi cuerpo zumbaba aún, satisfecho, empoderado. Yo controlo el fuego, pensé, mientras el sueño nos vencía.

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