Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Las Tri Words Ardientes Las Tri Words Ardientes

Las Tri Words Ardientes

7153 palabras

Las Tri Words Ardientes

Entraste al bar en Polanco con el calor de la noche mexicana pegándote en la piel como una promesa sucia. La música salsa retumbaba suave, con trompetas que te erizaban el vello de los brazos, y el olor a tequila reposado flotaba en el aire mezclado con perfumes caros. Tú, con tu camisa ajustada marcando el pecho, buscabas algo que te sacara de la rutina. Ahí las viste: Sofia y Carla, sentadas en la barra, riendo con copas en la mano. Sofia, morena de ojos negros como el chocolate derretido, con un vestido rojo que abrazaba sus curvas generosas. Carla, rubia teñida con labios carnosos y un escote que dejaba poco a la imaginación. Ambas en sus veintitantos, independientes, con esa vibra de mujeres que saben lo que quieren.

Te acercaste, güey, con esa sonrisa pícara que siempre te funciona. "¿Qué onda, reinas? ¿Puedo invitarles un trago?" preguntaste, y ellas te miraron de arriba abajo, lamiéndose los labios como si ya te probaran. Sofia se inclinó, su aliento cálido con sabor a margarita rozando tu oreja. "Solo si juegas con nosotras", dijo. Y así empezó todo. Se llamaban a sí mismas las tri words, un jueguito que inventaron en la uni: cada una dice tres palabras que encienden el fuego, y tú respondes con acción. El aire se cargó de electricidad, tus pulsos acelerados latiendo en las sienes mientras pedías tres tequilas.

La primera ronda fue inocente, o eso creíste. Sofia fue la valiente:

Quítame la ropa
, susurró, y sus dedos rozaron tu muslo bajo la barra, enviando chispas directas a tu verga que ya se ponía dura como piedra. Carla rio, juguetona:
Bésame el cuello ya
. No mames, carnal, el corazón te martilleaba mientras las imaginabas desnudas, sus cuerpos entrelazados contigo. Respondiste besando el cuello de Carla, su piel suave y salada por el sudor, oliendo a vainilla y deseo. Sofia no se quedó atrás, apretando tu paquete con disimulo. "Estás chingón, papi", murmuró. La tensión crecía, el bar se volvía un horno, y tú sentías el calor subiendo por tu espina dorsal.

Salieron contigo del bar, caminando por las calles iluminadas de Polanco, el viento nocturno refrescando sus cabellos sueltos. Llegaron a tu depa en la colonia, un lugar chido con vista a los skyscrapers, luces de neón parpadeando como testigos mudos. Adentro, el aire acondicionado zumbaba bajo, pero el ambiente ardía. Te sentaron en el sofá de cuero negro, suave contra tu piel, y Sofia sacó una botella de mezcal de tu bar. "Segunda ronda de tri words", anunció Carla, desabrochando el primer botón de tu camisa. Sus uñas rojas arañaron tu pecho, dejando rastros de fuego.

¿Esto está pasando de veras? Dos mamacitas como ellas, queriéndote comer vivo. No seas pendejo, disfruta.
Pensaste, mientras Sofia se arrodillaba entre tus piernas, su aliento caliente sobre tu entrepierna.
Chúpame despacio rico
, soltó ella, y desabrochó tu pantalón. Tu verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando al aire fresco. Carla se quitó el top, sus tetas firmes rebotando, pezones rosados endurecidos.
Tócame la concha
, exigió, guiando tu mano bajo su falda. Estaba empapada, jugos calientes cubriendo tus dedos mientras los metías y sacabas, el sonido chapoteante mezclándose con sus gemidos bajos. Sofia lamió tu glande, lengua juguetona trazando venas, sabor salado de tu pre-semen en su boca. Olía a sexo puro, ese musk almizclado que te volvía loco.

La cosa escaló rápido. Las ayudaste a quitarse la ropa, telas susurrando al caer. Sofia tenía un culo redondo perfecto, marcado por un tanga rojo que arrancaste con los dientes, gusto a algodón húmedo. Carla, piernas largas, se recostó en el sofá, abriéndose como flor. Tú te posicionaste entre ellas, besos alternados: labios carnosos de Sofia, dulces como miel; los de Carla, fieros, mordiendo tu lengua. "Más, cabrón, no pares", jadeó Sofia, montándote la cara. Su panocha rosada y depilada rozó tu boca, jugos chorreando en tu barbilla, sabor ácido y adictivo como tamarindo maduro. Lamías su clítoris hinchado, succionando mientras ella se mecía, tetas balanceándose, pezones rozando tu frente.

Carla no se quedó atrás. Se agachó y engulló tu verga hasta la garganta, gargantas profundas que te hacían arquear la espalda, el cuero crujiendo bajo ti. "Qué rica verga, tan dura pa' nosotras", gruñó entre chupadas, saliva goteando por tus bolas. Cambiaron posiciones, el sudor pegando sus cuerpos a los tuyos, piel resbaladiza y caliente. Sofia se sentó en tu polla, centímetro a centímetro, su chocha apretada envolviéndote como guante húmedo.

¡Chingado, qué apretada! Se siente como paraíso.
Gimió al cabalgarte, nalgas chocando contra tus muslos con palmadas rítmicas. Carla se frotaba contra tu pecho, pezones duros como balines raspando tu piel, mientras te besaba con hambre animal.

El ritmo se volvió frenético. Las pusiste a cuatro patas lado a lado, culos empinados como ofrenda. Alternabas embestidas: primero Sofia, su concha chorreando, paredes internas masajeando tu verga; luego Carla, más profunda, gritando "¡Sí, así, rómpeme, pendejito!". El cuarto olía a sexo crudo, mezclado con su perfume floral y el tuyo masculino. Sonidos everywhere: gemidos roncos, pieles aplastándose húmedas, tu verga saliendo y entrando con squelch obscenos. Tus manos amasaban tetas, pellizcaban pezones, nalgas rojas por nalgadas juguetonas.

Esto es el cielo, carnal. Dos diosas mexicanas follándote sin piedad.

Carla se corrió primero, cuerpo temblando, concha contrayéndose en espasmos que casi te hacen explotar. "¡Me vengo, ay güey!", chilló, jugos salpicando tus bolas. Sofia la siguió, girándose para mirarte a los ojos, pupilas dilatadas de puro éxtasis. Tú aguantaste, huevos apretados, hasta que no pudiste más. Las pusiste de rodillas frente a ti, verga palpitante en sus caras. "Abran la boca, reinas", ordenaste, y explotaste. Chorros calientes de leche espesa salpicaron lenguas extendidas, caras angelicales, tetas brillantes. Ellas lamieron todo, besándose entre sí para compartir tu sabor salado y espeso, labios pegajosos.

El afterglow fue puro relax. Se acurrucaron contigo en la cama king size, sábanas de satén fresco contra pieles sudadas. Sofia trazaba círculos en tu pecho con uñas, "Esas tri words siempre funcionan", rio bajito. Carla besó tu hombro, "Eres nuestro héroe esta noche, papi". El cuarto se enfrió, luces de la ciudad filtrándose por cortinas, mientras sus respiraciones se sincronizaban con la tuya.

Nunca olvidaré esta locura. Tres palabras bastaron para un mundo de placer.
Te sentiste rey, empoderado por su deseo mutuo, sin culpas ni remordimientos. Solo el eco de gemidos en tu mente y el aroma persistente de ellas en tu piel, prometiendo más noches así en esta jungla de concreto y pasión mexicana.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.