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Relatos Eróticos Trío Bisexual Inolvidable

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Relatos Eróticos Trío Bisexual Inolvidable

La noche en Polanco estaba caliente como el chile en nogada, con el aire cargado de reggaetón y risas que rebotaban entre los bares de moda. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi falda corta que apenas cubría mis muslos morenos, bailaba pegadita a mi carnal Luis. Él, mi vato de ojos negros y brazos tatuados, me apretaba la cintura mientras sudábamos al ritmo de Bad Bunny. Pero la neta, mis ojos no se despegaban de Pablo, el cuate de Luis, ese moreno alto con sonrisa pícara y cuerpo de gym que hacía que mi panocha se mojara con solo mirarlo.

¿Qué chingados me pasa? pensé, mientras Pablo se acercaba, su aliento a tequila rozándome el cuello. Habíamos platicado toda la noche, coqueteando sin vergüenza. Luis lo notó y en vez de celos, sus ojos brillaron con esa chispa traviesa que tanto me prende. "Órale, Ana, ¿qué onda con este pendejo?", me dijo Luis al oído, mordisqueándome la orejita. Pablo rio y me tomó de la mano, girándome en la pista. Sentí su verga dura contra mi culo, y el calor de su piel sudada me erizó la piel.

De repente, recordé esos relatos eróticos trío bisexual que devoraba en la neta antes de dormir. Historias de cuerpos enredados sin tabúes, lenguas explorando sin límites. ¿Y si...?

Salimos del bar los tres, riendo como chavos en fiestón. El taxi olía a colonia barata y humo de cigarro, pero el roce de sus piernas contra las mías era puro fuego. Llegamos a nuestro depa en la Roma, un lugar chido con terraza y luces tenues. Luis puso música suave, cumbia rebajada, y sacó una botella de mezcal artesanal. "Por las noches que no se olvidan", brindamos, y el líquido ahumado bajó ardiente por mi garganta, despertando cada nervio.

Nos sentamos en el sofá de piel suave, yo en medio. Luis me besó primero, su lengua saboreando a mezcal y deseo, mientras su mano subía por mi muslo. Pablo observaba, su respiración pesada.

"¿Puedo unirme, carnales?", preguntó con voz ronca.
Luis asintió, y Pablo se inclinó, besándome el cuello. Olía a sudor masculino y aftershave, un combo que me volvió loca. Sus labios eran firmes, contrastando con la dulzura de Luis.

La tensión crecía como tormenta en el desierto. Mis pezones se endurecieron bajo la blusa, rozando la tela. Luis desabrochó mis botones lentito, exponiendo mis tetas grandes y firmes. Pablo jadeó: "Qué chingonas, Ana". Sus bocas atacaron al unísono, chupando, lamiendo. Sentí sus lenguas calientes, húmedas, el sonido de succiones obscenas llenando la habitación. Mi coño palpitaba, empapando mis calzones de encaje.

No puedo creer que esto esté pasando de verdad, como en esos relatos eróticos trío bisexual, pensé, arqueándome. Luis metió la mano bajo mi falda, sus dedos gruesos frotando mi clítoris hinchado. "Estás chorreando, mi amor", murmuró. Pablo se arrodilló, bajándome la falda y los calzones. El aire fresco besó mi piel expuesta, pero su aliento caliente lo reemplazó. Lamía mis labios mayores, saboreando mi jugo salado y dulce, mientras Luis me besaba profundo, su verga dura presionando mi muslo.

Los llevé a la recámara, la cama king size esperándonos con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Me recosté, abriendo las piernas. Pablo se quitó la playera, revelando abdominales marcados y vello oscuro que bajaba a su bulto. Luis lo miró con hambre, y ahí supe que esto iba más allá. "Ven, carnal", le dijo Luis a Pablo, y se besaron frente a mí. Sus lenguas danzando, manos explorando pechos ajenos. Mi corazón latía como tamborazo zacatecano.

Me uní, besando cuellos, tetas. Chupé el pezón de Pablo, salado y duro, mientras Luis lamía mi oreja. Bajamos pantalones. Las vergas saltaron libres: la de Luis gruesa y venosa, la de Pablo larga y curva. Las tomé en mis manos, piel aterciopelada sobre acero, venas pulsantes. Olían a macho puro, almizcle que me mareaba. Masturbé ritmado, ellas goteando precum transparente y pegajoso.

La escalada era imparable. Pablo me penetró primero, su verga abriéndose paso en mi coño resbaloso. ¡Ay, cabrón! gemí, el estirón delicioso, llenándome hasta el fondo. Luis observaba, pajeándose. Luego cambió, su grosor me abrió más, follándome con embestidas profundas que chapoteaban jugos. Sudor nos cubría, pieles chocando con palmadas húmedas. El cuarto apestaba a sexo: aroma almizclado, salado, embriagador.

Pero el clímax del morbo vino cuando Luis se puso a cuatro. Pablo lo untó con lubricante de fresa, el olor dulce mezclándose. "Sí, fóllame, wey", gruñó Luis. Pablo entró lento, sus bolas golpeando el culo de mi novio. Yo debajo, lamiendo el coño de Luis –no, su ano expuesto, saboreando la piel íntima mientras Pablo empujaba. Luis gemía como loco, su verga rozando mi cara. La chupé, garganta profunda, saboreando su precum salobre.

Esto era puro éxtasis bisexual, como en los mejores relatos eróticos trío bisexual que había leído. Cambiamos posiciones: yo cabalgando a Luis, mi culo al aire. Pablo escupió en mi ano, metiendo dedos lubricados. El ardor se volvió placer cuando su verga me sodomizó, doble penetración que me partía en dos. Gritaba: "¡Más, pinches cabrones! ¡No paren!". Sus vergas rozándose dentro de mí a través de la delgada pared, pulsos sincronizados. El sonido de carne contra carne, jadeos roncos, mi clítoris frotando el pubis de Luis.

El orgasmo me azotó como maremoto. Olas de placer desde el coño y culo, explotando en temblores. "¡Me vengo! ¡Chingado!", aullé, chorros calientes salpicando el estómago de Luis. Ellos no tardaron: Pablo se corrió en mi culo, semen caliente inundándome, goteando espeso. Luis en mi boca, leche cremosa que tragué ansiosa, resto chorreando por mi barbilla.

Colapsamos enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El ventilador zumbaba, enfriando nuestros cuerpos febriles. Besos suaves ahora, caricias tiernas. Pablo me acunó: "Neta, lo más chido de mi vida". Luis sonrió: "Somos familia ahora, carnales".

Me quedé pensando en la cama, su respiración acompasada como olas en Puerto Vallarta. Esto no fue solo sexo, fue conexión profunda, tabúes rotos con amor y consentimiento. Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, supe que repetiríamos. Porque en los relatos eróticos trío bisexual, el final siempre deja ganas de más.

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