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Trios Pormo en la Villa Tropical

7501 palabras

Trios Pormo en la Villa Tropical

Tú llegas a la villa en la costa de Riviera Maya, el sol del atardecer tiñendo el cielo de naranjas y rosas que se reflejan en el mar Caribe. El aire huele a sal marina mezclada con el aroma dulce de las flores de bugambilia que trepan por las paredes blancas. La fiesta ya está en su apogeo: música cumbia rebajada retumba desde los altavoces, risas y brindis con chelas frías llenan el ambiente. Eres Ana, una chava de veintiocho años, con curvas que hacen voltear cabezas, vestida con un pareo ligero que deja ver tu piel bronceada y un bikini rojo que resalta tus tetas firmes.

Te sirves un michelada helada, el limón picante y la sal crujiendo en tus labios, y te recargas en la barra improvisada. Ahí los ves: Marco y Lupe, una pareja de treintones que irradian química sexual como si fueran sacados de un trío pormo. Él alto, moreno, con músculos definidos de gimnasio y una sonrisa pícara que promete travesuras; ella petite, con cabello negro largo, ojos verdes felinos y un vestido corto que apenas cubre su culazo redondo. Se miran, se tocan con las yemas de los dedos, y de pronto, sus ojos se clavan en ti.

¿Qué pedo con esta morra? Piensas, mientras sientes un cosquilleo en el estómago. Han de ser de esas parejas abiertas que andan buscando acción. ¿Te animas o qué?

Marco se acerca primero, con una cerveza en la mano. "¿Qué onda, güeyita? ¿Primera vez aquí en la villa?" Su voz grave vibra en tu pecho, y huele a colonia fresca con un toque de sudor masculino que te eriza la piel. Lupe llega detrás, rozando tu brazo con el dorso de su mano, suave como seda. "Sí, carnala, únete a nosotros. Estamos armando buena fiesta." Su aliento cálido roza tu oreja, oliendo a tequila reposado y menta.

Charlan contigo un rato, coqueteando sin vergüenza. Hablan de viajes por la península, de playas nudistas en Tulum, y de pronto Lupe suelta: "Oye, Ana, ¿has visto esos trios pormo que andan circulando? Puros amateur mexicanos, bien calientes." Marco ríe, apretando tu hombro. "Pero la realidad es mil veces mejor, ¿no crees?" Sientes el calor de su palma filtrándose por tu pareo, y un pulso traicionero entre tus piernas responde por ti.

La noche avanza, las luces de la fiesta se atenúan, y ellos te invitan a su suite privada en la villa. "Ven, no muerde", dice Lupe guiñándote. El corazón te late a mil, pero el deseo gana. Subes las escaleras de madera, el sonido de tus sandalias taconeando ecoa, y entras a una habitación amplia con cama king size, velas aromáticas a coco quemándose y ventanales abiertos al mar. El rumor de las olas es como un latido constante.

Acto dos: la escalada. Se sientan en la cama, tú en medio, y Lupe te besa primero. Sus labios suaves, carnosos, saben a frutos rojos del cóctel que tomó. Te recarga contra los cojines, su lengua explorando tu boca con hambre juguetona. Marco observa, su verga ya medio dura marcando el pantalón, y acaricia tu muslo desnudo, subiendo despacio. "Estás bien rica, Ana. Déjanos cuidarte."

Mierda, esto es real. No es un sueño ni un video de trios pormo. Sus toques me queman, quiero más.

Te quitas el pareo, quedando en bikini. Lupe desata el top, liberando tus tetas, y las lame con devoción, succionando un pezón mientras masajea el otro. El placer es eléctrico, un jadeo escapa de tu garganta. Marco se desnuda, su cuerpo lampiño y fuerte brillando bajo la luz de las velas. Su verga erecta, gruesa y venosa, salta libre, oliendo a hombre excitado. La tocas, dura como acero caliente, y él gime "¡Chingao, qué buena mano!"

Lupe se pone de rodillas, bajándote el bikini inferior. Su aliento caliente en tu panocha depilada te hace arquear la espalda. "Mira qué chingona está de mojada", dice, lamiendo tu clítoris con la punta de la lengua, círculos lentos que te hacen temblar. Saboreas el sudor salado de su cuello mientras la jalas hacia ti. Marco se une, besándote el vientre, bajando hasta unir su boca a la de ella. Dos lenguas en tu coño, alternándose, chupando, penetrando. El sonido húmedo de sus labios contra tu carne, mezclado con tus gemidos roncos, llena la habitación. Hueles tu propia excitación, almizclada y dulce.

Quieres darles. Empujas a Marco boca arriba, montas su cara, frotando tu panocha contra su boca barbuda. Él devora con hambre, su lengua follando tu entrada mientras sus manos aprietan tus nalgas. Lupe se quita el vestido, revelando un cuerpo tonificado, tetas medianas con piercings en los pezones. Se sube a su verga, cabalgándolo despacio, el slick de su coño lubricando todo. Tú te inclinas para besar a Lupe, probando el sabor de Marco en su boca, mientras tus dedos pellizcan sus pezones duros.

La tensión sube como la marea. Cambian posiciones: tú de perrito, Marco embistiéndote por detrás, su verga llenándote centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Cada embestida es un choque de pelvis, piel contra piel chapoteando, sus bolas golpeando tu clítoris. "¡Ay, cabrón, qué rico me coges!" gritas. Lupe debajo de ti, lamiendo donde se unen, succionando tu clítoris y sus huevos. Sus dedos entran en tu culo, lubricados con saliva, un placer prohibido que te hace ver estrellas.

Marco acelera, gruñendo como animal, el sudor goteando de su pecho a tu espalda. "Me vengo si no paras", jadea. Lupe se gira, abriendo las piernas. "Córrele adentro, amor, y luego a mí." Tú sientes el orgasmo construyéndose, un nudo en el bajo vientre que se aprieta con cada roce.

Clímax: el estallido. Marco se corre primero, chorros calientes inundando tu coño, desbordando y goteando hacia la boca de Lupe, quien lo lame todo con deleite. Ese calor líquido te empuja al borde. "¡Me vengo, chingado!" Tu cuerpo convulsiona, olas de placer sacudiéndote, el coño contrayéndose alrededor de nada ahora, pero Lupe mete tres dedos, follándote hasta el final. Marco sale, y tú te volteas para chupar su verga limpia, saboreando la mezcla salada de semen y tus jugos.

Lupe no se queda atrás. La pones a cuatro patas, lamiendo su ano mientras Marco la penetra. Ella grita "¡Más, pendejos, no paren!" Su culo tiembla con cada embestida, y tú frotas tu clítoris contra su muslo, corriéndote de nuevo en un segundo orgasmo más suave, prolongado. Finalmente, Lupe explota, squirtando en la sábana, su voz quebrándose en sollozos de éxtasis.

Afterglow: se derrumban en la cama, cuerpos entrelazados, piel pegajosa de sudor y fluidos. El aire huele a sexo crudo, semen, coños calientes y mar. Marco acaricia tu cabello, Lupe besa tu hombro. "Eso fue mejor que cualquier trío pormo, ¿verdad, reina?" dice él. Ríes, exhausta, satisfecha.

Qué pedo con mi vida. Vine por una fiesta y me armé el desmadre del año. Estos dos son unos dioses, y yo su diosa. Quiero más noches así.

Duermen un rato, el sonido de las olas arrullándolos. Al amanecer, desayunan fruita fresca en la terraza, promesas de repetir. Tú sales de la villa con las piernas flojas, el cuerpo marcado por chupetones y una sonrisa que no se borra. La vida en México es chida cuando te abres a lo inesperado.

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