Las Asics Gel Noosa Tri 10 que Despertaron Mi Fuego
El sol de la Ciudad de México pegaba recio esa mañana en el Parque de Chapultepec, con ese calor que te hace sudar desde el primer paso. Me había puesto mis Asics Gel Noosa Tri 10 nuevas, esas tenis que me quedaban como guante, con su gel amortiguando cada zancada como si flotara sobre el asfalto. Neta, eran lo máximo para mi entrenamiento de triatlón: livianas, transpirables, con ese toque de color neón que gritaba ¡mírenme! Sentía el roce suave del mesh en mis pies, el olor a tela fresca mezclándose con mi sudor incipiente. Corría con ritmo, el corazón latiéndome fuerte, los músculos de las piernas ardiendo de esa forma chida que te hace sentir viva.
Ahí lo vi por primera vez. Un vato alto, moreno, con el torso marcado bajo una playera ajustada de running. Corría parejo a mí en el camino de tierra, sus tenis relucientes contrastando con el polvo que levantábamos. Nuestras miradas se cruzaron, y órale, sentí un cosquilleo en el estómago. Frené un poco, fingiendo atarme el shoelace, y él hizo lo mismo.
"¿Qué onda? ¿Entrenando para el Ironman o nomás pa' quemar el estrés?"me dijo con una sonrisa pícara, voz grave que me erizó la piel.
Chingao, qué galán, pensé, mientras me ponía de pie y lo veía de arriba abajo. "Pa' el triatlón de Acapulco, carnal. Estas Asics Gel Noosa Tri 10 son la neta, ¿no? Me dan alas." Le contesté, coqueta, sintiendo el pulso acelerarse no solo por la carrera. Empezamos a platicar mientras trotábamos juntos, el sonido de nuestras pisadas sincronizándose como un ritmo perfecto. Se llamaba Alex, entrenador personal, y olía a hombre sudado, a feromonas que me nublaban la cabeza. Cada vez que mis tenis rozaban los suyos accidentalmente, era como una chispa eléctrica subiendo por mis pantorrillas.
Los días siguientes fueron puro fuego lento. Nos veíamos en el parque a la misma hora, como si el destino nos juntara. Corrímos circuitos, él corrigiendo mi postura: espalda recta, cadera adelante. Sus manos en mi cintura, firmes pero suaves, me dejaban la piel ardiendo bajo el short de compresión.
"Así, güey, siente cómo fluye la energía."Susurraba cerca de mi oreja, su aliento cálido oliendo a chicle de menta. Yo respondía con risas nerviosas, el corazón martilleándome el pecho, el sudor resbalando entre mis senos. Internamente, me debatía: ¿le tiro el rollo o sigo en lo profesional? Pero cada roce de sus dedos, cada mirada que se demoraba en mis piernas tonificadas por las carreras, avivaba el deseo.
Una tarde, después de un interval training brutal, nos sentamos en la hierba bajo un árbol. El sol se ponía, tiñendo todo de naranja, y el aire traía olor a jacarandas y tierra húmeda. Mis Asics Gel Noosa Tri 10 estaban llenas de polvo, pero aún se sentían cómodas, como una segunda piel. Alex sacó una botella de agua y me la pasó, sus dedos rozando los míos. "Neta, contigo el entrenamiento vuela. Eres una chava dura." Dijo, mirándome fijo. Sentí mi panocha humedecerse solo con esa intensidad en sus ojos café. No aguanto más, pensé, y me acerqué. Nuestros labios se juntaron en un beso salado por el sudor, hambriento, con lenguas danzando como en una coreografía salvaje.
El beso escaló rápido. Sus manos bajaron por mi espalda, apretándome las nalgas con fuerza juguetona.
"¿Vamos a mi depa? Está cerca, y tengo una tina pa' relajarnos."Propuso, voz ronca. Asentí, empapada ya no solo de sudor. Caminamos rápido, el roce de mis tenis contra la banqueta enviando vibras hasta mi clítoris. Su departamento era chido, minimalista, con vista al parque. Nada más cerrar la puerta, me quitó la playera, exponiendo mis tetas firmes al aire fresco del AC. Él gimió, "Qué ricas", y chupó un pezón mientras yo le bajaba el short.
Caímos en la cama king size, sábanas frescas contra mi piel caliente. Le quité las tenis a él primero, oliendo ese aroma masculino mezclado con goma y sudor. Luego, él se arrodilló ante mí, besando mis muslos desde las rodillas hasta arriba, deteniéndose en mis Asics Gel Noosa Tri 10. "Estas tenis te quedan de poca madre, pero quiero verte sin ellas." Murmuró, deslizándomelas despacio, sus dedos masajeando mis pies cansados. Gemí al sentir su lengua lamiendo mis dedos, el cosquilleo subiendo como fuego líquido por mi espina.
Desnuda ya, lo empujé boca arriba. Su verga estaba dura como piedra, gruesa, venosa, apuntando al techo. La tomé en mi mano, sintiendo su calor pulsante, el olor almizclado de su excitación invadiendo mis fosas nasales. Qué pinga tan chingona, pensé, mientras la lamía desde la base hasta la cabeza, saboreando el pre-semen salado. Él gruñó,
"¡Ay, wey, me vas a matar!"Agarrándome el pelo con ternura. Me subí encima, frotando mi concha mojada contra su tronco, lubricándonos mutuamente. El roce era eléctrico, mis jugos chorreando sobre él.
Lo monté despacio al principio, sintiendo cómo me abría centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Pura gloria. Mis caderas se movían en círculos, el slap slap de piel contra piel resonando en la habitación, mezclado con nuestros jadeos. Él me amasaba las tetas, pellizcando pezones, mientras yo aceleraba, el clímax construyéndose como una ola en el Pacífico. "Más rápido, nena, dame todo." Rogaba, sus ojos clavados en los míos. Sudábamos a chorros, el olor a sexo crudo impregnando el aire, piel resbaladiza, pulsos desbocados.
Cambié de posición, él encima ahora, embistiéndome con fuerza controlada, profundo. Cada thrust rozaba mi punto G, haciendo que viera estrellas.
"¡Sí, así, cabrón, no pares!"Gritaba yo, arañándole la espalda. El orgasmo me golpeó como un rayo, contracciones violentas ordeñando su verga, mi concha apretándolo mientras chillaba de placer. Él se vino segundos después, inundándome con chorros calientes, gruñendo mi nombre como una oración.
Nos quedamos así, enredados, respiraciones calmándose. El afterglow era puro éxtasis: piel pegajosa, besos suaves, risas compartidas. Me acurruqué en su pecho, oyendo su corazón latir lento. Esto fue más que un polvo, fue conexión, reflexioné, mientras el sol se colaba por la ventana. Al día siguiente, correríamos de nuevo, mis Asics Gel Noosa Tri 10 listas para más aventuras. Pero ahora, con él a mi lado, cada paso prometía no solo velocidad, sino pasión infinita.