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Trio Ardiente con Mi Vieja

7328 palabras

Trio Ardiente con Mi Vieja

Era una noche calurosa en nuestro depa de Polanco chido y con vista al skyline de la CDMX. Yo, Alex, acababa de abrir unas chelas frías con mi carnal Marco, mi compa de toda la vida. Estábamos echando el cotorreo en la sala, con el sonido de la ciudad filtrándose por las ventanas abiertas y el olor a tacos de la esquina subiendo hasta el quinto piso. Mi vieja, Sofía, andaba en la cocina preparando unos guisados, pero yo sabía que no tardaba en unirse. Llevábamos meses platicando de fantasías, y esa noche el tema del trío con mi vieja flotaba en el aire como una promesa caliente.

Marco era un wey guapo, alto, con tatuajes en los brazos que se marcaban bajo su playera ajustada. Siempre había habido una química cabrona entre él y Sofía, de esas miradas que duran un segundo de más. Ella salió de la cocina con una blusa escotada que dejaba ver el nacimiento de sus chichis perfectas, redondas y firmes, y un short que abrazaba su culazo como si lo hubiera cosido encima. El aroma de su perfume mezclado con el cilantro del guisado me pegó directo en la verga.

¿Y si hoy le entramos al trío con mi vieja? Neta, la neta de las netas, verla gozar con otro wey me prende como nada.

"Órale, Sofi, ¿qué traes ahí tan rico?", le dijo Marco con esa sonrisa pícara, mientras ella se sentaba entre nosotros en el sofá de piel suave que crujió bajo su peso. Su pierna rozó la mía, cálida y suave, y sentí el pulso acelerarse. "Nada, carnal, nomás unos totopos con salsa. ¿Quieren?", respondió ella, inclinándose para servir, dejando que su escote nos diera un vistazo privilegiado. Yo le di una nalgada juguetona en el culo, y ella soltó una risita que era puro fuego.

La plática fluyó con chelas que se acababan rápido. Hablamos de todo y de nada, pero el ambiente se cargaba de electricidad. Sofía se recargó en mi hombro, su cabello negro cayendo como cascada sobre mi pecho, oliendo a shampoo de coco. Marco nos contaba anécdotas de sus ligues, y en un momento dijo: "Pero neta, Alex, tu vieja es de otro nivel. Si no fueras mi compa..." Yo reí, pero por dentro ardía. "Pues ¿y si sí? ¿Qué tal un trío con mi vieja para probar?", solté de repente, con el corazón latiéndome en la garganta.

Hubo un silencio espeso, solo roto por el zumbido del aire acondicionado. Sofía levantó la vista, sus ojos cafés brillando con curiosidad y deseo. "¿En serio, amor? ¿Tú lo aguantarías?", me preguntó mordiéndose el labio inferior, ese gesto que siempre me ponía duro. Marco se movió inquieto, su jean tensándose en la entrepierna. "Si ella quiere, yo estoy puesto", murmuró él, y el aire se llenó de ese olor primitivo a excitación masculina.

Acto seguido, Sofía se giró hacia mí y me besó profundo, su lengua danzando con la mía, saboreando a cerveza y a ella misma, dulce como tamarindo. Sus manos bajaron a mi entrepierna, masajeando mi verga que ya palpitaba. Marco nos miró, y ella extendió una mano hacia él, invitándolo. Él no se hizo de rogar; se acercó y besó su cuello, succionando la piel suave mientras yo le quitaba la blusa. Sus chichis saltaron libres, pezones erectos como botones de chocolate oscuro, y el cuarto se impregnó del aroma almizclado de su piel sudada.

Esto es real, wey. Mi vieja en el centro de un torbellino de manos y bocas. Qué chingón.

Nos movimos al cuarto, dejando un rastro de ropa tirada. La cama king size nos recibió con sábanas frescas de algodón egipcio. Sofía se arrodilló en medio, desnuda, su panocha depilada reluciendo húmeda bajo la luz tenue de la lámpara. "Vengan, mis machos", ronroneó con voz ronca, mexicana hasta los huesos. Yo me quité el bóxer y mi verga erecta saltó, venosa y gruesa. Marco hizo lo mismo, la suya más larga, curvada, goteando precum.

Ella tomó las dos en sus manos suaves, masturbándonos lento mientras gemía bajito. El sonido de su piel contra la nuestra era hipnótico, slap-slap rítmico. Yo le chupé un pezón, sintiendo su textura rugosa en la lengua, mientras Marco le lamía el otro. Sofía arqueó la espalda, sus uñas clavándose en nuestros hombros. "¡Ay, cabrones, qué rico!", exclamó, y bajó la cabeza para mamar mi verga primero, succionando con hambre, saliva chorreando por mis huevos. El calor de su boca era un infierno húmedo, su lengua girando alrededor del glande.

Cambió a Marco, y yo aproveché para hundir dos dedos en su concha empapada. Estaba que ardía, jugos calientes cubriendo mi mano, oliendo a sexo puro, ese almizcle dulce que me volvía loco. Ella mamaba a Marco con la misma pasión, gorgoteando, mientras yo le comía el culo, lengua hurgando su ano apretado, saboreando su sudor salado mezclado con su esencia.

La tensión subía como la marea. Sofía se recostó, abriendo las piernas en invitación. "Córanme, amor", me pidió, y yo me posicioné, frotando mi verga contra sus labios mayores hinchados. Entré de un jalón, su interior apretándome como guante de terciopelo caliente. Marco se arrodilló junto a su cabeza, y ella lo mamó mientras yo la cogía despacio al principio, sintiendo cada vena de mi pija rozando sus paredes. El slap-slap de mis caderas contra su pubis llenaba el cuarto, junto con sus gemidos ahogados.

Su concha me ordeña, wey. Verla con la verga de Marco en la boca es el pinche paraíso.

Cambiamos posiciones. Marco la penetró por atrás en doggy, su verga desapareciendo en su culo redondo mientras yo la besaba, tragándome sus jadeos. Ella temblaba, sudor perlando su espalda, el olor a sexo intensificándose con cada embestida. "¡Más duro, Marco! ¡Dame todo!", gritó, y él obedeció, sus huevos golpeando su clítoris. Yo me metí debajo, lamiéndole la panocha mientras él la taladraba, saboreando la mezcla de sus jugos y el precum de mi compa.

El clímax se acercaba. Sofía se sentó en mi verga, cabalgándome reverse cowgirl, su culo rebotando hipnóticamente. Marco se paró frente a ella, y ella lo mamó profundo, garganta contra verga. Yo la sujetaba por las caderas, sintiendo sus músculos contraerse alrededor de mí. "¡Me vengo, cabrones!", chilló ella primero, su concha convulsionando, chorros calientes empapando mis huevos. Ese apretón me llevó al límite; grité y eyaculé dentro de ella, chorros potentes llenándola de leche caliente.

Marco no tardó; con un rugido, sacó su verga y le pintó la cara y las chichis de semen espeso, blanco y pegajoso que goteaba lento. Ella lamió lo que pudo, sonriendo extasiada.

Nos derrumbamos en la cama, jadeantes, cuerpos entrelazados sudados y pegajosos. El aire olía a semen, sudor y satisfacción. Sofía se acurrucó entre nosotros, su cabeza en mi pecho, mano en la verga floja de Marco. "Eso fue el trío con mi vieja más chingón de mi vida", murmuré, besándole la frente. Ella rió suave. "Y el primero de muchos, amor. Gracias por compartir tan rico".

Marco nos abrazó por detrás. "Son la mejor pareja, weyes. Neta, inolvidable". Mientras el skyline parpadeaba afuera, nos quedamos así, en afterglow, pulsos calmándose, pieles enfriándose. Sabía que esto nos había unido más, una fantasía hecha realidad que nos dejaba con ganas de más noches así, calientes y sin remordimientos.

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