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El Best Tri Suit Que Enciende Tus Pasiones

6103 palabras

El Best Tri Suit Que Enciende Tus Pasiones

El sol de Cancún te pega duro en la playa mientras te preparas para el triatlón. Has oído hablar del best tri suit, ese traje de neopreno y lycra que prometen los vendedores en la tienda de deportes de la Quinta Avenida. "Es el mejor, güey, te hace volar en el agua y te marca el culo perfecto para la bici", te dijo el pinche vendedor con una sonrisa pícara. Lo compraste sin pensarlo dos veces, negro brillante con detalles rojos que resaltan tus curvas. Ahora, en el vestidor improvisado bajo las palmeras, te lo deslizas por la piel.

La tela fría te eriza los vellitos de los brazos, se pega como una segunda piel, apretando tus tetas firmes y delineando el arco de tu culo. Te miras en el espejito rajado que trajeron los organizadores. Chin güey, esto sí que me hace ver como diosa del mar, piensas mientras pasas las manos por tus muslos. El zipper trasero sube lento, rozando tu espinazo, y sientes un cosquilleo que baja directo a tu entrepierna. Huele a nuevo, a goma y sudor anticipado. Sales a la arena, el calor ya te hace sudar, y el suit se adhiere más, marcando cada gota que resbala por tu abdomen.

La sirena suena. Nadas en el mar turquesa, olas rompiendo suaves contra tu cuerpo, el suit cortando el agua como cuchillo. Sientes el salitre en la boca, el ritmo de tus brazadas acelerando tu pulso. Sales empapada, corres a la bici, piernas ardiendo, el viento azotando la tela tensa. En la carrera final, el sol quema, sudor chorreando por tu cuello, goteando entre tus pechos. Terminas en el podio, jadeante, con el corazón latiéndote en la garganta.

¿Qué pedo con este suit? No solo es rápido, se siente como si me estuviera follando con cada paso, te dices mientras recibes la medalla.

Allí está él. Alex, el güey alto y moreno que te pasó en la bici. Muslos como troncos, sonrisa blanca contra piel bronceada. Se acerca con una chela en la mano, todavía en su propio tri suit azul, sudado y pegado a sus abdominales marcados. "¡Órale, carnalita! Ese best tri suit tuyo es una chingonería. Te vi volar, pareces sirena con esteroides". Su voz grave te vibra en el pecho, huele a mar y hombre fresco. Te ríes, coqueteando con la mirada. "Gracias, pinche. Tú tampoco estuviste tan gacho".

El sol baja, la fiesta en la playa arranca. Palapas con música de cumbia rebajada, olor a cochinita asada y chelas frías. Bailan un rato, cuerpos rozando por "accidente", su mano en tu cintura baja, el suit aún puesto porque hace un chingo de calor. "Ven, vamos a refrescar-nos", te dice, ojos brillando. Asientes, el deseo ya te punza entre las piernas. Caminan a su hotel playero, habitaciones con vista al mar, el ruido de las olas de fondo.

En la puerta, te jala suave, labios chocando. Su boca sabe a sal y cerveza, lengua explorando tu boca con hambre. Esto es lo que necesitaba después de esa carrera, piensas mientras le devoras el cuello. Sus manos bajan por tu espalda, agarrando el zipper del suit. "Déjame ver qué hay debajo de este pedazo de tentación", murmura. Lo baja despacio, centímetro a centímetro, la tela soltándose con un sonido rasposo que te eriza. El aire fresco besa tu piel expuesta, pezones endureciéndose al instante.

Te lo quita como si fuera un ritual, besando cada parte que libera: hombros, omóplatos, la curva de tu cintura. Quedas en tanga mínima, piel reluciente de sudor seco. Él se arranca el suyo, verga saltando libre, dura y venosa, goteando ya de anticipación. "Mírate, toda mojada por mí", dice, dedo rozando tu clítoris por encima de la tela. Gimes, el toque eléctrico, olor a tu propia excitación mezclándose con su almizcle masculino.

Lo empujas a la cama king size, sábanas blancas oliendo a hotel caro. Te subes encima, frotando tu panocha contra su polla, el roce de piel contra piel mandándote chispas. "Fóllame ya, cabrón", le ordenas, voz ronca. Él obedece, agarrando tus caderas, embistiéndote de un jalón. Llenándote completo, estirándote delicioso. Gritas, uñas clavándose en su pecho, el slap slap de carne contra carne resonando con las olas afuera.

Sí, así, justo lo que mi cuerpo pedía después de ese best tri suit que me tuvo al límite todo el día.

El ritmo sube, sudas juntos, tetas rebotando con cada empujón. Cambian, él encima ahora, piernas en sus hombros, penetrando profundo, tocando ese punto que te hace ver estrellas. "¡Qué rico tu chochito, tan apretado!", gruñe, mordiendo tu oreja. Saboreas su sudor salado en el hombro, lengua lamiendo hasta su clavícula. El olor a sexo crudo llena la habitación, gemidos mezclados con risas jadeantes.

Lo volteas, cabalgándolo como en la bici, control total. Sus manos amasan tus nalgas, dedo jugando con tu ano, prometiendo más. Aceleras, clítoris rozando su pubis, el orgasmo construyéndose como la recta final del triatlón. "¡Me vengo, Alex, no pares!", gritas. Explotas, paredes contrayéndose alrededor de su verga, jugos chorreando por sus bolas. Él ruge, llenándote con chorros calientes, cuerpo temblando debajo tuyo.

Caen exhaustos, pegados, pieles resbalosas. El ventilador del techo gira lento, enfriando el aire cargado de feromonas. Él acaricia tu pelo, "Ese suit tuyo no solo es el best, tú eres la mejor corredora que he probado". Te ríes bajito, besándolo suave. Miras el mar por la ventana, luna reflejada en las olas tranquilas.

Quién iba a decir que un pinche traje de triatlón me traería esto. Mañana corro de nuevo, pero con él a mi lado.

Se duermen así, enredados, el afterglow envolviéndolos como marea baja. Despiertas con su boca entre tus piernas, lengua lamiendo lento los restos de la noche. "Buenos días, campeona", susurra. Sonríes, abriendo más, lista para otra ronda. El best tri suit cuelga en la silla, testigo silencioso de la pasión desatada. Afuera, Cancún despierta con promesas de más aventuras, cuerpos y carreras compartidas.

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