Cinco Enunciados con Tra Tre Tri Tro Tru que Prenden el Fuego
Era una noche calurosa en el corazón de la Roma, con el bullicio de la calle Colima filtrándose por las ventanas entreabiertas de mi depa. Yo, Ana, acababa de llegar de un largo día en la oficina, sudada y con ganas de desconectar. Mi carnal, Javier, ya estaba ahí, recostado en el sillón con una chela en la mano, viéndome con esa mirada pícara que siempre me hace temblar las rodillas. Neta, este wey sabe cómo hacerme suya con solo una sonrisa, pensé mientras me quitaba los tacones.
—Órale, mami, ven pa'cá —me dijo con esa voz ronca que me eriza la piel—. Hoy te voy a enseñar algo chido pa' que practiques tu erre vibrante. ¿Recuerdas los 5 enunciados con tra tre tri tro tru que te prometí? Van a ser nuestros juegos previos.
Me reí, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Javier era maestro de español en una uni, y siempre convertía sus lecciones en algo sucio y delicioso. Me acerqué, rozando mi muslo contra el suyo, oliendo su colonia mezclada con el sudor fresco de la tarde. El aire estaba cargado de jazmín del balcón y el aroma de las tortas de la esquina.
—¿Y qué son esos enunciados, profesor? —le pregunté mordiéndome el labio, mientras me sentaba a horcajadas sobre él.
Él me tomó de la cintura, sus manos grandes y callosas explorando la curva de mi espalda bajo la blusa.
“El primero: Traigo un trago de tequila fresco. Dilo despacito, vibrando esa erre como si me estuvieras mamando el alma”, murmuró contra mi cuello, su aliento caliente haciendo que se me erizaran los vellos.
Repetí: Traigo un trago de tequila fresco. Mi lengua tropezó un poco, pero el sonido ronco salió sensual, como un gemido disfrazado. Javier gruñó de aprobación, y sus dedos se colaron bajo mi falda, rozando el encaje de mis calzones. Sentí su verga endureciéndose contra mí, dura y palpitante a través del pantalón.
La tensión crecía como el calor de la noche. El segundo enunciado fue: Treinta y tres trenes trajinan. Lo practiqué mientras él me besaba el lóbulo de la oreja, chupándolo suave, haciendo que un jadeo se me escapara. ¡Pinche wey, me está volviendo loca! Mi piel ardía donde me tocaba, y el olor a su excitación, ese almizcle masculino, me inundaba las fosas nasales.
Nos movimos al sillón más amplio, él recostado y yo encima, desabotonando su camisa para lamer su pecho moreno, salado al gusto. Cada enunciado que pronunciaba —el tercero: Triunfa el toro bravo en la plaza— venía con una recompensa: sus manos amasando mis nalgas, un dedo deslizándose entre mis labios húmedos, provocándome un escalofrío que me hacía arquear la espalda. El sonido de nuestras respiraciones agitadas se mezclaba con el tráfico lejano y el zumbido del ventilador.
—Bien, carnalita, pero vibra más fuerte —me ordenaba juguetón, y yo obedecía, sintiendo cómo mi concha se mojaba más con cada repetición. El cuarto: Troza la trucha el tranquilo riachuelo. Ahí ya no pude más; me quité la blusa, dejando que mis chichis rebotaran libres, y él las atrapó con la boca, succionando los pezones hasta ponérmelos duros como piedras. El placer era eléctrico, un pulso que bajaba directo a mi entrepierna.
El quinto y último: Truena el trueno en la tremenda tormenta. Lo dije gritando casi, mientras él me bajaba los calzones y hundía la cara entre mis piernas. Su lengua experta trazó círculos en mi clítoris, lamiendo mi jugo dulce y salado, haciendo que mis muslos temblaran contra sus mejillas rasposas. ¡Joder, qué rico! Esta lección me va a dejar temblando toda la noche.
Pero no paró ahí. La práctica de los 5 enunciados con tra tre tri tro tru había sido solo el preludio. Javier me levantó en brazos, fuerte como toro, y me llevó al cuarto. La cama nos recibió con sábanas frescas de algodón egipcio, oliendo a lavanda. Me tiró suave y se desnudó, su verga saltando erecta, venosa y gruesa, goteando precum que brillaba bajo la luz tenue de la lámpara.
—Ahora, mami, repite uno mientras te cojo —dijo, posicionándose entre mis piernas abiertas. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Gemí alto, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas, el calor de su piel contra la mía. Traigo un trago de tequila fresco, balbuceé entre jadeos, mientras él embestía rítmico, sus bolas golpeando mi culo con un plaf plaf húmedo.
El ritmo se aceleró. Sudábamos juntos, nuestros cuerpos resbaladizos chocando con sonidos obscenos: piel contra piel, jugos mezclados. Él me volteó a cuatro patas, agarrándome las caderas, y volvió a entrar profundo, tocando ese punto que me hace ver estrellas. Treinta y tres trenes trajinan, grité, vibrando la erre como nunca, y él respondió con un manotazo juguetón en mi nalga, “¡Así, pendejita caliente!”
La intensidad subía como una tormenta —justo como el último enunciado. Sus dedos encontraron mi clítoris, frotándolo en círculos mientras me taladraba. Olía a sexo puro: sudor, semen inminente, mi excitación almizclada. Mis pezones rozaban las sábanas, enviando chispas de placer.
En mi cabeza: No aguanto más, voy a explotar con este chulo.
—Triunfa el toro bravo en la plaza —jadeé, y él rugió, clavándose más hondo. Cambiamos a misionero, mis piernas enredadas en su cintura, uñas clavadas en su espalda. El clímax nos alcanzó juntos: yo primero, contrayéndome alrededor de su verga en espasmos violentos, un grito ahogado escapando de mi garganta mientras olas de éxtasis me recorrían desde el útero hasta las yemas de los dedos. Él se corrió segundos después, llenándome con chorros calientes y espesos, gruñendo mi nombre contra mi boca.
Nos quedamos así, pegados, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. El afterglow era perfecto: su peso sobre mí reconfortante, el semen goteando lento entre mis muslos, el olor a nosotros impregnando el aire. Javier me besó la frente, suave.
—¿Viste? Los 5 enunciados con tra tre tri tro tru son la clave pa' prender el fuego —dijo riendo bajito.
Yo sonreí, trazando círculos en su pecho. Neta, este wey es mi todo. La noche seguía afuera, pero adentro, en nuestra burbuja de placer y risas, todo era paz y promesas de más lecciones sucias. Mañana practicaríamos de nuevo, órale.