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La Discografía Ardiente de Los Tri O

6837 palabras

La Discografía Ardiente de Los Tri O

Estabas solo en tu depa de la Roma, con el sol de la tarde colándose por las cortinas entreabiertas, cuando tropezaste con esa caja polvorienta en el clóset. La discografía completa de Los Tri O, decían las portadas desgastadas de los discos compactos. Corridos, rancheras, cumbias norteñas que te recordaban las fiestas en el rancho de tu carnal. Neta, no sabías por qué tu compa te la había regalado hace años, pero hoy te late prender el equipo de sonido y armar un desmadre musical.

Le marcaste a Mariana, esa morra que te traía loco desde la última peda en la Condesa. "Órale, wey, ¿vienes a echar desmadre? Tengo la discografía de Los Tri O aquí, completa, pa' que nos avientemos unas cheves y bailemos como Dios manda." Su risa al teléfono fue como miel caliente, neta me pone, pensaste, imaginando su cuerpo curvilíneo moviéndose al ritmo. Ya voy, carnal, pero trae las cheves frías, contestó ella, y colgaste con el corazón latiéndote a todo lo que daba.

Media hora después, la puerta sonó y ahí estaba Mariana, con su falda jeans ajustada que le marcaba las caderas anchas, blusa escotada que dejaba ver el valle de sus chichis firmes, y el pelo negro suelto oliendo a shampoo de coco. Te abrazó fuerte, su perfume dulce invadiendo tus fosas nasales, y sentiste sus tetas presionando contra tu pecho. Chin, ya estoy al tiro, te dijiste, mientras le pasabas una chela helada.

Prendiste el estéreo, metiste el primer disco de la discografía de Los Tri O, y "Triste Alegría" llenó el aire con su acordeón vibrante y guitarra rasgueada. El sonido grave retumbaba en las paredes, haciendo vibrar el piso bajo tus pies. Mariana dio un gritito de emoción: ¡Qué chido, wey! Esta rola me prende cañón. Se paró en medio de la sala, moviendo las caderas en círculos lentos, la falda subiéndose un poquito para mostrar sus muslos morenos y suaves.

Te uniste a ella, tus manos en su cintura, sintiendo el calor de su piel a través de la tela. Bailaban pegaditos, el ritmo de la cumbia norteña guiando vuestros cuerpos. Su culo redondo rozaba tu entrepierna, y sentiste cómo tu verga se ponía dura como piedra, palpitando contra los jeans. Esto va pa'l carajo, pensaste, oliendo su sudor mezclado con el coco, un aroma que te mareaba de deseo. Ella giró la cara, sus labios carnosos a centímetros de los tuyos, ojos cafés brillando con picardía mexicana.

¿Y si la beso ya? Neta, su boca se ve tan jugosa, como tamarindo maduro.

El segundo disco rodó solo, "Amor Prohibido" ahora, con esa voz rasposa que erizaba la piel. Mariana se pegó más, su espalda contra tu torso, cabeza echada hacia atrás en tu hombro. Tus manos subieron por sus costados, rozando los lados de sus chichis, y ella soltó un gemido bajito, Mmm, carnal, no pares. Le besaste el cuello, saboreando la sal de su piel, lengua trazando la curva de su oreja. Ella tembló, arqueando la espalda, y sentiste sus nalgas apretando tu paquete endurecido.

La música seguía, la discografía de Los Tri O desfilando rola tras rola: corridos de traición y pasión que avivaban el fuego. Apagaste el estéreo un segundo para jalarla al sofá, pero ella te detuvo: No, wey, aquí mismo, bailando. Se volteó, desabrochó tu camisa con dedos ansiosos, clavándote las uñas en el pecho. Tú le quitaste la blusa, revelando un brasier negro de encaje que apenas contenía sus tetas grandes y pesadas. Las liberaste, chupando un pezón rosado, duro como cereza, mientras ella jadeaba ¡Ay, sí, mámale!.

Sus manos bajaron a tu cinturón, liberando tu verga tiesa que saltó al aire fresco de la sala. La miró con hambre, Está bien gorda, carnal, y la tomó en su puño suave, masturbándote lento mientras la música renacía con "El Corrido de Juanito". El ritmo acelerado coincidía con vuestros corazones tronando. Te arrodillaste, bajándole la falda y las calzas, exponiendo su concha depilada, labios hinchados brillando de humedad. Olía a mujer en celo, almizcle dulce que te volvía loco. Lamiste su clítoris, saboreando su jugo salado y ácido, lengua hundiéndose en sus pliegues mientras ella gemía alto, ¡No mames, qué rico chupas!.

Su sabor es adictivo, como pulque fresco con chile. Quiero que se venga en mi boca.

La levantaste, piernas alrededor de tu cintura, y la empotraste contra la pared. Tu verga entró en ella de un jalón, caliente y apretada como guante de terciopelo mojado. Ella gritó de placer, uñas clavándose en tus hombros, mientras embestías al ritmo de la rola siguiente, "La Noche que Bajó la Luna". Cada thrust hacía slap-slap contra su piel sudorosa, sus chichis rebotando contra tu cara. Sudor goteaba por vuestros cuerpos, mezclándose con el olor a sexo crudo y la cerveza derramada.

Cambiaron de posición, ella a cuatro patas en el tapete, culo en pompa invitándote. Le metiste de nuevo, profundo, manos amasando sus nalgas firmes, un dedo rozando su ano fruncido. ¡Más duro, pendejo, rómpeme!, exigía, voz ronca de puro vicio. El acordeón gemía en el fondo, sincronizándose con sus alaridos. Sentías sus paredes contrayéndose, ordeñándote, y aceleraste, bolas golpeando su clítoris.

La tensión crecía como tormenta en el desierto sonorense. Tus músculos ardían, su coño chorreaba jugos por tus muslos. Ya mero, no aguanto, pensaste, mientras ella se retorcía, ¡Me vengo, cabrón!. Su orgasmo la sacudió, cuerpo convulsionando, chorro caliente empapándote. Eso te llevó al borde: un rugido gutural y descargaste dentro, semen espeso llenándola, pulsos interminables de éxtasis.

Cayeron exhaustos al piso, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes mezclándose con el fade out de la última rola de la discografía de Los Tri O. Su piel pegajosa contra la tuya, olor a semen y sudor envolviéndolos como niebla. Le besaste la frente sudada, ella sonrió pícara: Neta, wey, esa discografía es lo máximo pa' cogerte. Te reíste, acariciando su pelo enmarañado.

Después, envueltos en una cobija, pusieron el disco de nuevo, bajito. "Cumbia sobre el Rio" sonaba suave, mientras charlaban de la vida, de pedas pasadas y sueños locos. Su cabeza en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel.

Esto no fue solo un desmadre, hay algo más aquí. Me late que esto apenas empieza.

El sol se ponía, tiñendo la sala de naranja, y supiste que la discografía de Los Tri O había sido el pretexto perfecto para algo eterno. Mariana se acurrucó más, sus labios rozando tu cuello: ¿Otra chela y repetimos?. Sonreíste, el corazón lleno, listo para lo que viniera.

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