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Trio Ardiente en el Salon

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Trio Ardiente en el Salon

Imagina que es una noche calurosa en tu depa de la Roma, con el aire cargado de ese olor a jazmín que entra por la ventana entreabierta. Tú, con tu piel morena brillando bajo la luz tenue de las lámparas, estás sentada en el sofá del salón, vestida con un shortcito ajustado y una blusa holgada que deja ver el contorno de tus chichis. Frente a ti, tu carnal Javier, ese pendejo guapo con ojos cafés intensos y brazos tatuados, te mira con esa sonrisa pícara que siempre te pone caliente. A su lado, su prima Lupe, una morra chida de curvas generosas, pelo negro largo y labios carnosos que invitan a pecar. Han venido a ver una película, pero neta, el ambiente ya está encendido desde que abrieron la chela y pusieron reggaetón bajito.

¿Qué pedo con esta tensión? piensas, mientras sientes el pulso acelerado en tu cuello. Javier te pasa el brazo por los hombros, su mano cálida rozando tu piel desnuda, y Lupe se ríe de un chiste tonto, inclinándose para que su escote se asome más. El salón huele a sudor fresco mezclado con su perfume dulzón, y el sonido del ventilador zumbando no alcanza a enfriar el calor que sube por tus muslos.

—Órale, wey, esta peli está bien chafa —dice Javier, apagando la tele con el control—. Mejor pongamos música pa' bailar.

Lupe asiente, sus ojos brillando con picardía.

—Sí, carnal, algo que nos ponga a mover el culo.

Tú sientes un cosquilleo en el estómago. Bailan los tres, pegaditos en el centro del salón. Javier te abraza por la cintura, su verga ya medio dura presionando contra tu nalga mientras te meneas al ritmo. Lupe se une por detrás, sus tetas suaves aplastándose contra tu espalda, sus manos bajando por tus caderas.

¡Neta, esto se va a poner bueno!
El roce de sus cuerpos es eléctrico, el aire se llena del aroma a deseo, ese olor almizclado que sale cuando la sangre hierve.

La música sube de volumen, pero sus respiraciones se oyen más fuerte. Javier te besa el cuello, su lengua caliente lamiendo tu piel salada, y tú gimes bajito, arqueando la espalda. Lupe gira tu cara y te planta un beso suave en los labios, probando a vainilla de su gloss. Sus lenguas se enredan, húmedas y ansiosas, mientras Javier observa, masturbándose por encima del pantalón.

¿Quieren un trío en el salón? —susurra él, voz ronca, y todos ríen nerviosos, pero nadie dice que no. Es consensual, puro fuego mutuo, como si lo hubieran planeado sin palabras.

Te quitan la blusa con manos temblorosas de excitación. Tus pezones duros al aire, Javier los chupa uno a uno, succionando fuerte hasta que sientes el tirón directo en tu panocha húmeda. Lupe se arrodilla, desabrochándote el short, besando tu ombligo mientras baja la tela. El suelo del salón está fresco bajo tus pies descalzos, contrastando con el calor de sus bocas.

Ahora viene la escalada, el medio donde todo se intensifica. Javier se saca la verga, gruesa y venosa, palpitando en su mano. Lupe la agarra, lamiéndola desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Tú miras, tocándote la concha empapada, dedos resbalando en tus jugos.

¡Pinche vista, me muero de ganas de unirne!

—Ven, mi reina —te dice Lupe, jalándote al sofá—. Siéntate en mi cara.

Te acomodas, piernas abiertas sobre su boca ansiosa. Su lengua entra en ti, chupando tu clítoris hinchado, lamiendo cada pliegue con maestría. Gimes fuerte, el sonido rebotando en las paredes del salón. Javier se para frente a ti, metiéndote su verga en la boca. La sientes enorme, llenándote la garganta, el sabor a piel caliente y salado invadiendo tus papilas. La chupas con hambre, saliva goteando por tu barbilla, mientras Lupe te come viva, sus dedos metiéndose en tu culo apretado, lubricados con tu propia humedad.

El salón gira con suspiros y jadeos. Sudor perla sus cuerpos, oliendo a sexo puro, ese aroma animal que enloquece. Cambian posiciones: tú de perrito en el sofá, Javier embistiéndote por atrás, su verga abriéndote en dos con cada estocada profunda. Sientes cada vena rozando tus paredes, el golpe de sus huevos contra tu clítoris. Lupe debajo, lamiendo donde se unen, succionando tus jugos y los de él. ¡Qué chingón, esto es el paraíso!

—Más duro, cabrón —le ruegas, y él obedece, agarrándote las nalgas, azotándolas suave hasta dejar marcas rojas. Lupe se sube al sofá, sentándose en tu cara. Su concha depilada, rosada y chorreante, sabe a miel salada. La comes con furia, lengua metida hasta el fondo, nariz enterrada en su pubis perfumado. Ella gime, retorciéndose, sus tetas rebotando.

La tensión sube como lava. Tus músculos se contraen, el orgasmo acechando. Javier acelera, gruñendo como bestia.

—Me vengo, wey... ¡ahí te voy!

Pero aguantan, rotando otra vez. Lupe ahora cabalga a Javier en el suelo mullido de la alfombra, su culo subiendo y bajando, tragándose su verga entera. Tú te sientas en la cara de él, moliéndote contra su boca barbuda, sintiendo su lengua vibrar en tu ano mientras ella rebota. El salón apesta a corrida contenida, a pieles restregadas, al crujir del sofá viejo.

Inner struggle? Un segundo dudas,

¿Y si mañana se pone raro?
pero el placer borra todo. Es empoderador, tú mandas el ritmo, ellos te adoran como diosa.

Finalmente, el clímax. Javier te pone boca arriba en el sofá, piernas en hombros, penetrándote brutal pero cariñoso. Lupe se acurruca a tu lado, chupando tus tetas, dedos en tu clítoris. Sientes la presión building, olas de calor desde el estómago.

—¡Ya, pinche verga, dame todo! —gritas.

Explota dentro, chorros calientes llenándote, desbordando por tus muslos. Tú te vienes segundos después, convulsionando, squirt salpicando el salón, olor a orina dulce mezclada con semen. Lupe se masturba viéndolos, viniéndose con un alarido, jugos corriendo por sus piernas.

El afterglow es puro éxtasis. Caen exhaustos en un enredo de cuerpos sudados en el salón. Respiraciones jadeantes calmándose, besos suaves, risas cansadas. Javier te acaricia el pelo, Lupe lame el semen de tu concha con ternura.

Ese trío en el salón fue lo máximo, ¿verdad? —dice él, y todos asienten, pieles pegajosas, el aire espeso aún con olor a sexo.

Te quedas ahí, reflexionando en la penumbra.

No hay arrepentimientos, solo ganas de más noches así, con esta conexión brutal.
El ventilador seca el sudor, el jazmín entra fresco, y sabes que este trío en el salón cambió el juego para siempre. Mañana, quizás repitan, pero por ahora, puro relax en los brazos del placer compartido.

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