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El Trio Sorpresa Porn que Desato la Pasion

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El Trio Sorpresa Porn que Desato la Pasion

Estaba en la playa de Playa del Carmen, con el sol besando mi piel morena y el mar Caribe lamiendo la arena como un amante impaciente. Yo, Ana, de veintiocho años, curvas que volvían locos a los weyes del gym y un novio que sabía cómo hacerme gemir. Marco, mi carnal de tres años, alto, musculoso, con esa sonrisa pícara que prometía travesuras. Habíamos rentado una cabaña frente al mar para nuestro fin de semana de neta relax, pero yo sentía esa cosquilla en el estómago, como si algo grande estuviera por pasar.

El aire olía a sal, coco y el sudor dulce de nuestros cuerpos después de un chapuzón. Marco me untaba crema en la espalda, sus manos firmes deslizándose por mi espinazo, bajando hasta mis nalgas redondas. "Órale, nena, estás más rica que un tamal en Navidad", murmuró en mi oído, su aliento caliente rozando mi cuello. Yo reí, arqueándome contra él, sintiendo su verga endureciéndose contra mi muslo. Pero entonces, su teléfono vibró. Contestó con una risa baja y colgó. "Prepárate, mi amor, tengo una sorpresa que te va a volar la cabeza".

Mi mente divagó a esos videos que veía a escondidas, ese trio sorpresa porn que me ponía los pelos de punta. ¿Sería posible? El corazón me latía fuerte, un pulso acelerado entre las piernas. No dije nada, solo lo miré con ojos de fuego, deseando que mi fantasía se hiciera real.

¿Y si trae a alguien? ¿Una morra como yo, con tetas firmes y culo prieto? Neta, me muero por probarlo.

La tarde cayó como un velo púrpura, el cielo tiñéndose de rosas y naranjas. Entramos a la cabaña, el ventilador zumbando perezosamente, el aroma de velas de vainilla flotando en el aire. Marco me sirvió un ron con cola, helado, burbujeante en mi garganta. "Siéntate, mamacita", dijo, y yo obedecí en el sofá de mimbre, mi bikini apenas conteniendo mis pechos hinchados de anticipación.

La puerta se abrió y entró Luisa, la amiga de Marco del trabajo. Alta, piel canela, cabello negro largo hasta la cintura, labios carnosos pintados de rojo. Llevaba un vestido ligero que se pegaba a sus curvas como segunda piel. "¡Hola, guapa!", exclamó con voz ronca, y se acercó a darme un beso en la mejilla, su perfume a jazmín invadiendo mis sentidos. Marco sonrió: "Luisa se une a la fiesta. ¿Estás lista para el trio sorpresa?".

Mi coño se contrajo al instante, un chorrito de humedad empapando mi bikini. Era como si hubieran leído mi mente, sacado directo de ese trio sorpresa porn que me hacía masturbarme furiosamente. "¡Chido!", respondí, voz temblorosa de excitación. Luisa se sentó a mi lado, su muslo rozando el mío, suave como seda. Marco se paró frente a nosotras, quitándose la camisa, revelando su torso esculpido, vello oscuro bajando hasta su short abultado.

El beso empezó inocente, Luisa inclinándose hacia mí, sus labios suaves probando los míos. Sabían a menta y deseo. Su lengua se coló juguetona, danzando con la mía, mientras sus manos subían por mis pechos, pellizcando mis pezones endurecidos a través de la tela. Gemí en su boca, el sonido ahogado por el zumbido del ventilador y las olas rompiendo afuera. Marco nos miró, palmeándose la verga por encima del short. "Así me gusta, mis reinas".

La tensión crecía como una tormenta. Me recosté, dejando que Luisa me desatara el bikini. Mis tetas saltaron libres, grandes y pesadas, pezones oscuros pidiendo atención. Ella los chupó con hambre, lengua girando alrededor de uno mientras masajeaba el otro. El placer era eléctrico, rayos bajando directo a mi clítoris hinchado. Olía a sexo ya, ese almizcle dulce de mi excitación mezclándose con el jazmín de ella.

Marco se unió, arrodillándose entre mis piernas abiertas. Bajó mi bikini inferior, exponiendo mi coño depilado, labios hinchados brillando de jugos. "Estás chorreando, nena", gruñó, y hundió la cara allí. Su lengua plana lamió desde mi ano hasta mi clítoris, saboreando cada gota. Luisa me besaba el cuello, mordisqueando, sus dedos pellizcando mis pezones. Yo me retorcía, uñas clavándose en el sofá, el mundo reduciéndose a sus bocas devorándome.

Esto es mejor que cualquier trio sorpresa porn. Sus lenguas, sus manos... voy a explotar.

Luisa se quitó el vestido, revelando un cuerpo de diosa: tetas perfectas, cintura estrecha, culo que pedía ser azotado. Se sentó en mi cara, su coño rosado y húmedo bajando sobre mi boca. Lo lamí con ganas, saboreando su salado dulce, lengua metiéndose en sus pliegues mientras ella gemía "¡Sí, Ana, así!". Marco se enderezó, sacando su verga gruesa, venosa, goteando precum. Me la metió en la mano, y yo la pajee mientras chupaba a Luisa.

El ritmo se aceleró. Marco me penetró de un embiste, su polla llenándome hasta el fondo, estirándome deliciosamente. El slap-slap de su pelvis contra mi culo resonaba, mezclado con los jadeos de Luisa montándome la cara. Ella se corrió primero, su coño convulsionando, jugos inundando mi boca. "¡Me vengo, cabronas!", gritó, temblando.

Yo estaba al borde, el orgasmo construyéndose como una ola gigante. Marco me follaba más duro, gruñendo "Eres mi puta favorita", y Luisa bajó a lamer mi clítoris mientras él entraba y salía. Fue demasiado. Exploté, paredes vaginales apretando su verga, grito ahogado contra el muslo de Luisa. El placer era cegador, estrellas detrás de mis ojos, cuerpo convulsionando en éxtasis puro.

Marco salió, jadeante, y nos acomodó. Luisa se puso a cuatro patas, yo debajo lamiéndole las tetas. Él la penetró por detrás, su verga brillando de mis jugos entrando en ella. La folló salvaje, pelotas golpeando su clítoris, mientras yo chupaba sus pezones y frotaba mi coño contra su muslo. El olor a sexo era espeso, sudor goteando, pieles resbalosas chocando.

Luisa se corrió de nuevo, gritando "¡Más fuerte, pendejo!", y Marco la siguió, sacando su verga para eyacular chorros calientes sobre nuestras tetas. El semen tibio salpicó mi piel, goteando por mis curvas, y Luisa y yo nos lamimos mutuamente, saboreando su esencia salada.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, el ventilador secando nuestras pieles febriles. El mar susurraba afuera, una brisa salada colándose por la ventana. Marco me besó la frente: "¿Te gustó el trio sorpresa, mi amor?". Reí, exhausta, feliz. "Neta, fue el mejor porn en vivo". Luisa se acurrucó contra mí, su mano en mi cadera: "Repetimos cuando quieran, weyas".

En la quietud, reflexioné. Ese trio sorpresa porn no era solo sexo; era conexión, confianza, un lazo que nos unía más. Mi cuerpo zumbaba aún, satisfecho, empoderado. Mañana seguiría el sol, pero esta noche, éramos fuego puro.

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