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Trabalenguas Sensuales con Tra Tre Tri Tro Tru

7279 palabras

Trabalenguas Sensuales con Tra Tre Tri Tro Tru

Tú entras al departamento de Alex en la Condesa, el aire huele a jazmín fresco del balcón y a las velas de vainilla que titilan sobre la mesa. La ciudad late afuera con sus cláxones lejanos y el rumor de la Fuente de Cibeles, pero aquí adentro todo es calma caliente, como el tequila reposado que él te sirve en un caballito. Alex, con su sonrisa pícara y esa camiseta ajustada que marca sus pectorales, te mira de esa forma que te hace sentir desnuda antes de quitarse la ropa.

—Órale, preciosa, ¿lista pa'l reto? —te dice, con voz ronca, mientras se acerca rozando tu cadera con la suya. Tú ríes, el corazón ya latiéndote fuerte, porque sabes que estos juegos suyos siempre terminan enredados en las sábanas.

Se sientan en el sofá de piel suave, las luces bajas pintando sombras en su mandíbula fuerte. Él saca su teléfono y pone un playlist de cumbia rebajada, el bajo vibrando en tu pecho como un pulso secreto. —Hoy jugamos a los trabalenguas, pero con premio: el que se equivoque, pierde una prenda.

Tú asientes, el vino blanco en tu lengua sabe a melocotón maduro, y sientes el calor subiendo por tu cuello. Empiezan fáciles: "Pablito clavó un clavito". Tú lo dices perfecto, riendo, mientras él se quita los calcetines, dejando ver pies fuertes y arqueados que te dan ganas de morder.

Pero él sube la apuesta. —Ahora uno cabrón: trabalenguas con tra tre tri tro tru. —Te lo susurra al oído, su aliento cálido oliendo a menta y deseo, la barba incipiente rozando tu lóbulo. Tú repites despacio: "Tra tre tri tro tru... tra tre tri tro tru". Tu lengua se enreda un poco, el sonido resbalando jugoso en tu boca, y él se ríe, victorioso.

—¡Perdiste, mi amor! Quítate esa blusa. —Sus ojos brillan, devorándote mientras tú desabrochas lento, dejando que la tela caiga revelando tu brasier de encaje negro. El aire fresco besa tu piel expuesta, pezones endureciéndose al instante bajo su mirada hambrienta.

¡Neta, este wey me pone como moto! Cada trabalenguas es como un roce prohibido, mi lengua ya quiere más que palabras...

El juego escala. Tú lo desafías con otro: "El perro de San Roque no tiene rabo porque Ramón Ramírez se lo ha robado". Él tropieza en el "rabo", voz grave quebrándose en risa, y se desprende la playera. Su torso desnudo brilla bajo la luz ámbar, músculos tensos por el gym, un tatuaje de calavera azteca en el pecho que te invita a trazar con los dedos. Lo tocas, piel caliente como asfalto en verano, y sientes su pulso acelerado bajo la yema.

Ahora él contraataca con el trabalenguas con tra tre tri tro tru, repitiéndolo rápido, la lengua danzando visible entre sus labios carnosos. Tú fallas adrede esta vez, queriendo ver qué sigue. Te quedas en brasier y falda, él solo en bóxers, la erección marcada presionando la tela. El sofá cruje cuando te subes a horcajadas, tus muslos envolviéndolo, el roce de su dureza contra tu centro húmedo enviando chispas por tu espina.

—¿Quieres practicar el trabalenguas de otra forma? —te murmura, manos grandes subiendo por tus costados, pulgares rozando la curva de tus senos. Tú gimes bajito, asintiendo, mientras sus labios capturan los tuyos. El beso empieza juguetón, lenguas enredándose en un tra tre tri tro tru privado, resbalosas y calientes, saboreando tequila y sal de piel. Su lengua invade tu boca con maestría, girando, presionando el paladar, imitando ritmos que prometen más abajo.

Te recuesta suave, el cuero del sofá pegándose a tu espalda desnuda. Él besa tu cuello, dientes rozando suave, dejando huellas rojas que arden delicioso. Baja lento, lamida por clavícula, valle entre pechos. Tus manos enredan en su pelo negro revuelto, tirando un poco, guiándolo. —Más, cabrón... —susurras, voz ronca de puro antojo.

Libera tus senos, boca envolviendo un pezón, succionando con fuerza que te arquea. El sonido húmedo, chupeteo rítmico, llena la habitación junto a tus jadeos. Huele a su sudor limpio, mezclado con tu aroma almizclado de excitación subiendo desde entre tus piernas. Sientes la falda subiendo, sus dedos trazando el encaje de tus panties, rozando el calor empapado.

¡Chin güey, su lengua es un trabalenguas vivo! Cada vuelta me deshace, neta que voy a explotar ya...

Te quita todo, quedas expuesta, piernas abiertas invitándolo. Él se arrodilla, ojos fijos en tu sexo reluciente, y exhala caliente sobre él, haciendo que tiembles. —Ahora el verdadero trabalenguas con tra tre tri tro tru —dice pícaro, antes de hundir la lengua. Empieza teasing, puntas rápidas en el clítoris: tra, tre, tri, tro, tru. Ritmo hipnótico, tu cadera se levanta sola, persiguiéndolo. Gimes fuerte, "¡Sí, así, pendejito caliente!", el placer como olas mexicanas en Puerto Vallarta, rompiendo una a una.

Su lengua profundiza, lamiendo pliegues, saboreando tu miel salada-dulce. Dedos entran, curvándose justo ahí, frotando el punto que te hace ver estrellas. El sonido es obsceno: lamidas chasqueantes, tus jugos resbalando, sus gruñidos de placer vibrando contra ti. Sudas, piel pegajosa, tetas rebotando con cada embestida de cadera. El orgasmo se arma gradual, tensión en vientre, muslos temblando, hasta que explotas gritando su nombre, chorros calientes mojando su barbilla.

Él sube, labios brillantes con tus esencias, besándote para que pruebes tu propio sabor. Te voltea boca abajo, nalgas al aire, y sientes su verga dura presionando tu entrada. —¿Lista pa' más, reina? —pregunta, siempre caballero. "¡Métemela ya, wey!" respondes, empalándote hacia atrás.

Entra de un jalón suave, llenándote estirando perfecto. Ritmo empieza lento, embestidas profundas que tocan alma, piel chocando con palmadas rítmicas. Huele a sexo puro, almizcle pesado, vainilla quemándose de fondo. Tus paredes lo aprietan, ordeñándolo, mientras él gruñe "¡Qué rica concha, tan apretada!". Cambian posiciones: tú encima, cabalgando salvaje, senos saltando, uñas arañando su pecho. Él desde atrás, mano en clítoris, acelerando hasta que sientes su pulso hinchándose.

—¡Me vengo, amor! —avisa, y tú aprietas más: "¡Dentro, lléname!". Él ruge, caliente derramándose profundo, desencadenando tu segundo clímax, espasmos compartidos, cuerpos temblando pegados.

Caen exhaustos, enredados en sábanas revueltas del sofá al piso. Sudor enfría lento, pieles pegadas, respiraciones calmándose. Él te besa frente, suave ahora, "El mejor trabalenguas con tra tre tri tro tru de mi vida". Tú ríes, acurrucándote en su pecho, oyendo su corazón galopante aquietarse.

Neta, este hombre no solo domina palabras... domina mi cuerpo entero. Mañana repetimos, con más vueltas de lengua.

La noche envuelve el departamento, luces de la ciudad parpadeando como estrellas lejanas, mientras el afterglow te deja flotando, satisfecha hasta los huesos, sabiendo que este juego apenas empieza.

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