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La Letra de Try Me de The Weeknd en Tu Piel

7961 palabras

La Letra de Try Me de The Weeknd en Tu Piel

La noche en mi depa de la Roma estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si pidiera a gritos ser tocada. Tenía el Spotify abierto en mi cel, y de repente sonó Try Me de The Weeknd. Esa voz ronca, seductora, me erizó la piel de los brazos. Me recargué en el sofá de terciopelo rojo, con una chela fría en la mano, y empecé a tararear la letra de Try Me de The Weeknd, sintiendo cómo las palabras se me colaban por el cuerpo como un susurro prohibido.

¿Por qué no me pruebas a mí? repetía en mi cabeza, mientras el ritmo me hacía mover las caderas sin querer. Neta, esa canción siempre me pone cachonda. Llevaba un shortcito de algodón que se me subía por los muslos y una blusita suelta que dejaba ver el encaje de mi brasier negro. El aire olía a mi perfume de vainilla y jazmín, mezclado con el humo leve de la vela de coco que ardía en la mesita. De pronto, mi mente voló a Marco, ese wey alto, moreno, con tatuajes que le cubren los brazos y una sonrisa que dice "ven y descubre qué tengo". Habíamos cogido un par de veces, puro desmadre consensuado, sin compromisos, pero cada vez que lo veía, sentía esa tensión en el bajo vientre, como un fuego que se aviva lento.

Le mandé un whats: "Oye cabrón, estoy sola y sonando Try Me. ¿Vienes a probarme?" Su respuesta llegó en segundos: "Ya salgo, nena. Prepárate." Mi corazón latió más fuerte, y me levanté a mirarme en el espejo del baño. Mis labios rojos, el cabello suelto cayéndome por la espalda, los pezones ya duros contra la tela.

¿Qué carajos me pasa con este pendejo? Cada vez que lo tengo cerca, pierdo el control.
Sonreí, me eché un poco de loción en el cuello, oliendo dulce y pecaminosa, y volví al sofá a esperar.

El timbre sonó como un trueno suave, y ahí estaba él, con jeans ajustados que marcaban todo y una playera negra que se le pegaba al pecho musculoso. Olía a colonia fresca, a hombre que acaba de salir de la ducha. "Órale, Ana, ¿qué onda con esa canción?" dijo entrando, cerrando la puerta con un clic que me hizo jadear. Lo jalé de la camisa y lo besé sin preámbulos, nuestras lenguas chocando con hambre. Su boca sabía a menta y deseo, sus manos grandes bajando por mi espalda hasta apretarme el culo con fuerza juguetona.

Nos fuimos tropezando al sofá, riendo como chavos. "Cántame esa letra de Try Me de The Weeknd que me mandaste", murmuró contra mi cuello, mordisqueándome la piel suave. Su aliento caliente me erizaba el vello, y el roce de su barba incipiente me picaba delicioso. Puse la canción de nuevo, bajito, y empecé a susurrarle al oído: "Why don't you try me? Been thinkin' about you..." Mi voz ronca, temblorosa, mientras sus dedos se colaban por mi short, rozando la humedad que ya me empapaba las panties.

Acto uno completo, la tensión subiendo como la marea.

Marco me volteó boca arriba en el sofá, quitándome la blusa con urgencia pero sin prisa, besando cada centímetro de mi piel expuesta. El sonido de la canción nos envolvía, el bajo vibrando en el aire, sincronizándose con mi pulso acelerado. Sus labios bajaron por mi pecho, lamiendo el sudor salado que perlaba mi escote, chupando un pezón hasta que gemí alto, arqueándome contra él. "Neta, Ana, hueles a pecado", gruñó, su voz grave como la de The Weeknd. Yo le clavé las uñas en la espalda, sintiendo los músculos tensos bajo mis dedos, el calor de su cuerpo presionándome.

Le quité la playera, admirando sus tattoos: un lobo en el hombro, líneas tribales que bajaban hasta su abdomen marcado. Olía a su sudor limpio, mezclado con mi vainilla, un aroma que me volvía loca. Mis manos bajaron a su cinturón, desabrochándolo con dedos temblorosos. "Quiero probarte yo a ti, wey", le dije, mordiéndome el labio. Él se rio bajito, ese sonido ronco que me moja más. Se paró un segundo para quitarse los jeans, y ahí estaba su verga dura, gruesa, palpitando. La tomé en mi mano, sintiendo el calor aterciopelado, las venas marcadas, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando la sal de su pre-semen.

Marco jadeó, enredando sus dedos en mi pelo. "Así, nena, chúpamela como si fuera tu canción favorita". Yo lo hice, metiéndomela hasta la garganta, el sonido húmedo de mi boca llenando la habitación, mezclado con sus gemidos guturales. El ritmo de Try Me seguía sonando en loop, impulsándonos. Pero no quería que terminara ahí. Lo empujé suave, quitándome el short y las panties de un jalón, abriéndome de piernas frente a él. Mi panocha depilada brillaba de lo mojada, el olor almizclado de mi excitación flotando en el aire.

Él se arrodilló, besando mis muslos internos, lamiendo despacio hasta llegar a mi clítoris hinchado. Su lengua era mágica, círculos lentos, chupadas suaves que me hacían retorcer.

¡Pinche dios, este wey sabe cómo hacerme volar!
Gemí su nombre, mis caderas moviéndose solas contra su cara, el roce de su nariz en mi monte de Venus enviando chispas por mi espina. El sudor nos pegaba, piel contra piel resbalosa, el sofá crujiendo bajo nosotros. La tensión crecía, mi vientre apretándose, pero él se detuvo justo antes del clímax, sonriendo pícaro. "Aún no, mi reina. Quiero cogerte lento."

Me levantó en brazos como si nada, llevándome a la cama. El colchón king size nos recibió suave, sábanas de satín fresco contra mi espalda ardiente. Marco se puso encima, su peso delicioso oprimiéndome, su verga rozando mi entrada húmeda. Nos miramos a los ojos, ese momento de conexión pura, consintiendo todo con una mirada. "Cógeme, Marco. Pruébame como dice la letra", susurré. Él empujó despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. El estirón ardiente, placentero, me arrancó un grito ahogado. Sentía cada vena, cada pulso de él dentro de mí, el roce perfecto contra mis paredes sensibles.

El medio acto, la intensidad subiendo como fiebre.

Empezamos lento, sus embestidas profundas, mis piernas envolviéndolo, uñas en su culo empujándolo más adentro. El sonido de carne contra carne, chapoteos húmedos, gemidos mezclados con la música lejana. Sudábamos a chorros, el olor a sexo crudo impregnando todo, salado y dulce. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como amazona, mis tetas rebotando, sus manos amasándolas, pellizcando pezones hasta doler rico. "¡Sí, cabrón, así! ¡Más fuerte!" grité, mi clítoris frotándose contra su pubis, ondas de placer acumulándose.

Él volteó, poniéndome a cuatro patas, jalándome el pelo suave mientras me penetraba duro, el slap-slap de sus caderas contra mi culo resonando. Cada golpe mandaba ondas al centro de mi ser, mi goma apretándose alrededor de su verga.

Esto es puro éxtasis, neta nunca había sentido tanto con nadie.
Marco metió un dedo en mi culo, lubricado con mis jugos, y el doble estímulo me volvió loca. Grité, temblando, el orgasmo building como tormenta. Él aceleró, gruñendo "Me vengo, Ana...", y sentí su verga hincharse, caliente semen llenándome en chorros potentes.

Yo exploté segundos después, mi coño convulsionando, chorros de placer mojando las sábanas, visión borrosa, cuerpo arqueado en éxtasis puro. Colapsamos juntos, jadeantes, su peso sobre mí protector. El afterglow fue dulce: besos suaves, risas cansadas, su mano acariciando mi vientre sudoroso.

Nos quedamos así, envueltos en el olor de nuestros cuerpos saciados, la canción apagada por fin. "Esa letra de Try Me de The Weeknd nos prendió chido, ¿no?" dijo él, besándome la frente. Yo sonreí, sintiendo una paz profunda, un lazo nuevo sin promesas, solo puro disfrute. La noche se extendía, prometiendo más rondas, pero por ahora, el cierre perfecto en sus brazos.

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