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Discografia del Tri Soul en Mi Mente Cachonda

7852 palabras

Discografia del Tri Soul en Mi Mente Cachonda

La noche caía sobre el DF como un manto pesado de luces neón y humo de taquerías. Yo, Karla, acababa de llegar a mi depa en la Roma, con el corazón latiendo al ritmo de la discografia del Tri que traía en el USB. Alex, mi carnal de la uni, me había pasado el paquete completo: desde Simplemente hasta los clásicos del alma rockera mexicana. Me tiré en el sillón de piel sintética, sudada por el calor agobiante, y conecté el chiste al estéreo. El primer acorde de "Abuso de Autoridad" retumbó en las paredes, vibrando en mi pecho como un pulso prohibido.

Estaba sola, o eso creía. La puerta se abrió de golpe y entró Marco, mi vecino del piso de arriba, con su playera negra ajustada que marcaba cada músculo de su torso moreno. Llevaba una cerveza en la mano y esa sonrisa pícara que siempre me ponía la piel de gallina. ¿Qué pedo, Karla? Esa rola del Tri se oye hasta mi recámara, dijo con voz ronca, cerrando la puerta tras de sí. Olía a colonia barata mezclada con sudor fresco, un aroma que me erizaba los vellos de la nuca.

—Pásale, wey, anda escuchando la discografia del Tri completa —le invité, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Marco se acercó, su presencia llenando el espacio como el bajo grave de "Piedras Rodantes". Se sentó a mi lado, tan cerca que su muslo rozó el mío, enviando chispas por mi piel. El calor de su cuerpo se colaba bajo mi blusa ligera, y yo crucé las piernas para disimular el calor que empezaba a humedecerme entre las piernas.

Pinche Marco, siempre tan oportuno. Su mirada me devora como si yo fuera la última rola de su playlist favorita.

La música seguía: "Todo Me Gusta de Ti" ahora, con esa letra cruda que habla de deseo puro. Marco tomó el control remoto y subió el volumen. Soul in my mind, murmuró de repente, citando esa frase que se le pegó de algún lado, quizás de una rola oculta en la discografia del Tri. Sus ojos se clavaron en los míos, oscuros y hambrientos. ¿Sabes? Esa discografia del Tri soul in my mind me pone la verga dura como piedra, soltó sin filtro, con esa franqueza mexicana que me volvía loca.

Acto uno: la tensión inicial. Nos quedamos callados, solo el riff de guitarra llenando el aire. Mi mano rozó accidentalmente su rodilla, y él no se movió. El olor a su piel, salado y masculino, me invadió las fosas nasales. Sentí mi respiración acelerarse, el corazón martillando contra las costillas. No seas pendeja, Karla, invítalo a quedarse, pensé, mientras el sudor perlaba mi escote.

¿Quieres una chela? —pregunté, levantándome con las piernas temblorosas. En la cocina, el ruido de la hielera abriéndose fue como un suspiro ahogado. Regresé y le pasé la fría botella, nuestros dedos rozándose. Electricidad pura. Nos acercamos más, hombro con hombro, mientras "Lobo Hombre en París" ponía el ambiente perfecto: salvaje, nocturno.

El medio acto empezó a escalar. Marco giró la cabeza, su aliento cálido en mi oreja. Eres chingona, Karla. Me encanta cómo te mueves al ritmo del Tri. Su mano grande se posó en mi muslo, subiendo despacio, explorando la piel suave bajo mi falda corta. Yo no lo detuve; al contrario, arqueé la espalda, dejando que el placer me invadiera como una ola. El tacto de sus dedos callosos era áspero, delicioso, contrastando con la seda de mi ropa interior ya empapada.

¡Chin! exclamé bajito cuando rozó mi entrepierna. El sonido de la música ahogaba mis gemidos suaves. Lo miré a los ojos, y vi el fuego ahí, el mismo soul in my mind que él mencionaba, ahora latiendo en mi cabeza. Nos besamos entonces, ferozmente. Sus labios gruesos sabían a cerveza y tabaco, con un toque salado de deseo. Mi lengua bailó con la suya al ritmo del bajo, chupando, mordiendo, explorando cada rincón húmedo de su boca.

Esto es lo que necesitaba: su cuerpo pegado al mío, el Tri de fondo, mi mente en llamas.

Marco me levantó en brazos como si no pesara nada, sus bíceps tensos bajo mis manos. Me llevó al sillón, tirándome con cuidado sobre los cojines. Se quitó la playera de un jalón, revelando un pecho velludo y tatuado con un águila rockera. Olía a hombre puro, a sexo inminente. Yo me desabroché la blusa, dejando mis tetas libres, pezones duros como balas apuntando a él. Ven, cabrón, fóllame al ritmo de la discografia del Tri, le susurré, con la voz quebrada por la excitación.

La intensidad subía. Sus manos amasaron mis senos, pellizcando los pezones con esa presión perfecta que me hacía jadear. Bajó la boca, lamiendo, chupando, dejando un rastro húmedo y brillante. El sabor de mi piel en su lengua lo enloquecía; lo sentía en sus gruñidos guturales. Yo metí la mano en su pantalón, palpando su verga gruesa, palpitante, lista para mí. Qué chingona verga tienes, Marco, le dije, masturbándolo despacio, sintiendo las venas hinchadas bajo mi palma.

Nos desnudamos mutuamente, piel contra piel. El calor de su cuerpo era un horno, su sudor mezclándose con el mío en un olor almizclado, embriagador. Me abrió las piernas, admirando mi concha rosada y jugosa. Estás chorreando, mi reina, dijo, antes de hundir la cara ahí. Su lengua experta lamía mi clítoris en círculos, chupando mis labios hinchados, metiendo los dedos para tocar ese punto que me hacía arquearme como gata en celo. Gemí fuerte, el sonido perdido en el solo de guitarra de "Adiós Dolor". El placer era eléctrico, oleadas de cosquilleo subiendo por mi espina.

Lo empujé hacia atrás, montándome encima. Su verga entró en mí de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, wey! grité, sintiendo cada centímetro estirándome deliciosamente. Cabalgaba al ritmo del Tri, arriba y abajo, mis tetas rebotando, sus manos en mis caderas guiándome. El slap-slap de carne contra carne se mezclaba con la música, sudor goteando entre nosotros. Él me miraba embobado, soul in my mind, repetía como mantra, mientras yo apretaba mis paredes alrededor de su pija, ordeñándolo.

Cambié de posición: él encima ahora, embistiéndome con fuerza controlada, profundo. Cada estocada rozaba mi G, enviando chispas al cerebro. Olía a sexo puro, a jugos mezclados, a liberación. Más duro, pendejo, rómpeme, le rogaba, arañando su espalda. Sus bolas chocaban contra mi culo, el sonido obsceno y perfecto. Sentí el orgasmo venir, una tensión en el vientre que explotó en temblores violentos. Grité su nombre, contrayéndome alrededor de él, lecheándome toda.

Marco no tardó: tres embestidas más y se corrió dentro, caliente, abundante, llenándome con su esencia. Gruñó como bestia, colapsando sobre mí. Nos quedamos así, jadeantes, el corazón latiendo al unísono con el fade out de la rola final.

Acto final: el afterglow. La discografia del Tri se apagó sola, dejando solo nuestros respiraciones pesadas. Marco me besó la frente, suave ahora, tierno. Eres lo mejor que me ha pasado, Karla. Ese soul in my mind tuyo me tiene enganchado. Yo sonreí, acariciando su cabello revuelto, sintiendo el semen escurrir entre mis piernas, marca de nuestra unión.

Nos duchamos juntos después, jabón resbalando por curvas y músculos, risas compartidas bajo el agua caliente. Salimos envueltos en toallas, pidiendo unas tacos por app. Sentados en la cama, con la ciudad zumbando afuera, supe que esto era solo el principio. La discografia del Tri soul in my mind se había grabado en nosotros, un soundtrack para noches de pasión infinita. El deseo no se apagaba; solo esperaba la próxima rola.

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