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Lencería Try On Haul Caliente

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Lencería Try On Haul Caliente

Era un sábado por la tarde en mi depa de la Condesa, con el sol colándose por las cortinas blancas y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Yo, Karla, acababa de recibir mi paquete de lencería nueva, esas piezas finas que había pedido en línea pensando en él. Marco, mi carnal del alma, el wey que me hace vibrar con solo una mirada. Llevábamos meses juntos, pero cada vez que innovábamos, la cosa se ponía más intensa. Hoy tenía el plan perfecto: un lencería try on haul solo para nosotros. Nada de redes sociales, puro privado, para que él me viera desvestirme y vestirme como si fuera la primera vez.

Lo llamé por FaceTime desde el clóset, mi corazón latiendo como tamborazo en fiesta.

Órale, Karla, ¿qué traes ahí? Vas a matarme de la emoción
, dijo con esa voz ronca que me eriza la piel. Me reí, nerviosa, mientras sacaba las bolsas de encaje negro y rojo. Ven, siéntate en la cama y observa, le pedí, sintiendo ya el calor subiendo por mis muslos. Él obedeció, su cara llenando la pantalla, ojos oscuros clavados en mí como si ya me estuviera desnudando.

Empecé con el primer set: un bra de encaje transparente con tanga a juego. Me quité la blusa despacio, dejando que viera mis tetas liberarse, pezones endureciéndose al roce del aire fresco. El tacto del encaje era como caricia de pluma, suave contra mi piel morena, oliendo a nuevo, a lavanda del empaque. Me giré frente al espejo del clóset, la cámara capturando cada ángulo. ¿Qué tal, amor? ¿Te prende? Marco tragó saliva audible, su respiración pesada al otro lado.

Neta, Karla, pareces diosa. Ese encaje te marca perfecto las curvas, me dan ganas de morderte ya
. Sentí un cosquilleo húmedo entre las piernas, mi cuerpo respondiendo a sus palabras como fuego.

El segundo outfit fue más juguetón: un babydoll rojo con ligueros y medias hasta el muslo. Me lo puse con lentitud, el satén resbalando por mis caderas como aceite caliente. El sonido del elástico chasqueando al ajustarlo me erizó los brazos. Olía a vainilla, dulce y pecaminoso. Posé para él, arqueando la espalda, mis nalgas redondas asomando por debajo.

¡Puta madre, Karla! Ese rojo te hace ver como tentación viva. Gírate, déjame ver todo
. Obedecí, sintiendo el pulso acelerado en mi cuello, el calor de mi excitación humedeciendo la tela. Esto del lencería try on haul me está volviendo loca, Marco. Imagina si estuvieras aquí tocándome.

La tensión crecía con cada pieza. Tercera: un body de malla negra, semitransparente, que abrazaba mi cintura como manos ansiosas. Al ponérmelo, el roce contra mi clítoris me hizo jadear bajito. Vista: mis pezones rosados asomando, endurecidos; tacto: red de araña erótica apretándome justo donde dolía de ganas. Él ya se había quitado la playera, vi su pecho tatuado subiendo y bajando rápido.

Ya no aguanto, wey. Cuelga y ábreme la puerta, que voy para allá
. Colgué riendo, el corazón en la garganta. Minutos después, su llave en la cerradura, el sonido de sus botas en el pasillo.

Entró como huracán, cerrando de un golpe, ojos en llamas. Me encontró en el clóset, aún con el body puesto, rodeada de lencería desparramada. Ven, termina el haul conmigo aquí, murmuré, jalándolo por la camisa. Sus manos grandes me atraparon la cintura, tacto áspero y cálido contrastando el encaje frío. Olía a su colonia amaderada mezclada con sudor de anticipación. Me besó con hambre, lengua invadiendo mi boca, sabor a menta y deseo puro.

Estás riquísima, Karla. Este lencería try on haul es lo mejor que has hecho
, gruñó contra mis labios, mientras sus dedos trazaban el borde del body, bajando hasta mi entrepierna empapada.

Nos movimos a la cama, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Él me quitó el body despacio, besando cada centímetro de piel liberada: cuello, pechos, ombligo. Sus labios calientes chupando mis tetas, dientes rozando pezones, enviando descargas eléctricas directo a mi centro. Yo gemía bajito, órale, sí, así, no pares, mis uñas clavándose en su espalda musculosa. El olor de nuestra excitación llenaba la habitación, almizclado y embriagador. Sus dedos encontraron mi humedad, deslizándose adentro con facilidad, curvándose para tocar ese punto que me hace arquear.

Estás chorreando por mí, ¿verdad? Tan mojada y caliente
. Asentí, perdida en sensaciones, mi clítoris palpitando bajo su pulgar experto.

La intensidad subía como olla exprés. Me volteó boca abajo, lamiendo mi espalda hasta llegar a mis nalgas, separándolas para besar mi entrada trasera con ternura juguetona. Marco, me vas a volver loca, pendejo, reí entre jadeos, el slang saliendo natural en mi voz ronca. Él se rio, su aliento caliente en mi piel. Se quitó el pantalón, su verga dura saltando libre, venosa y gruesa, oliendo a hombre puro. Me penetró de rodillas, lento al principio, el estiramiento delicioso, llenándome hasta el fondo. Cada embestida era un choque de pieles húmedas, slap-slap resonando, mis gemidos mezclándose con sus gruñidos.

¡Qué chingón te sientes, Karla! Apriétame más
.

Sudor perlando nuestros cuerpos, el cuarto lleno de sonidos carnales: respiraciones agitadas, cama crujiendo, mis tetas rebotando al ritmo. Cambiamos posiciones, yo encima ahora, cabalgándolo con furia, mis caderas girando, sintiendo cada vena de su polla rozándome por dentro. Sus manos en mis nalgas, guiándome, pellizcando. El clímax se acercaba, tensión en espiral: mi vientre contrayéndose, su verga hinchándose más. Vente conmigo, amor, ya no aguanto. Él aceleró, un dedo en mi clítoris, y explotamos juntos. Yo gritando su nombre, olas de placer sacudiéndome, jugos chorreando por sus bolas; él rugiendo, llenándome con chorros calientes, pulsando dentro.

Caímos exhaustos, enredados en sábanas revueltas, olor a sexo y lencería esparcida por todos lados. Su cabeza en mi pecho, latidos calmándose juntos.

Ese lencería try on haul fue épico, Karla. Hagámoslo tradición
, murmuró, besando mi piel salada. Yo sonreí, acariciando su pelo revuelto, sintiendo el afterglow cálido en cada músculo relajado. Sí, mi amor, pero la próxima vez, trae refuerzos de lencería tú. Reímos suaves, el sol ya bajando, dejando un resplandor anaranjado. En ese momento, supe que esto era más que sexo: era nuestra conexión, cruda, mexicana, llena de picardía y amor verdadero.

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