Mama Tried Mi Deseo
Entras a la cantina de Guadalajara, el aire cargado de humo de tabaco y el olor fuerte a tequila reposado que te golpea como un puñetazo cariñoso. Las luces tenues parpadean sobre las mesas de madera astillada, y el sonido de una guitarra ranchera rasga el ambiente, haciendo vibrar el piso bajo tus botas. Neta, wey, piensas, esta noche necesito olvidar a esa pendeja que me dejó plantado. Te sientas en la barra, pides un trago de José Cuervo, y el hielo chasquea contra el vidrio mientras el líquido ambarino quema tu garganta, despertando un calor que sube por tu pecho.
De pronto, la rola cambia. Es una versión country en inglés, rasposa y nostálgica: "Mama tried... Mama tried to raise me better...". Sonríes con amargura.
Tú mama tried, carnal, recuerdas, siempre te dijo "no te juntes con las mamacitas calientes que te van a joder la vida". Pero aquí estás, soltero y con el pinche corazón hecho mierda, listo para lo que caiga. El cantinero te sirve otro shot, y tus ojos recorren el lugar: vaqueros con sombreros, chavas bailando pegaditas, risas roncas y el clink de botellas chocando.
Entonces la ves. Está al fondo, recargada en una columna, con un vestido rojo ceñido que abraza sus curvas como si fuera hecho a mano. Sus chichis generosas se marcan bajo la tela, y sus caderas anchas prometen un meneo que te hace tragar saliva. Cabello negro suelto hasta la cintura, labios pintados de rojo fuego, y unos ojos cafés que brillan como el tequila bajo la luz. Órale, qué chingona, piensas, sintiendo cómo tu verga se despierta en los jeans, un pulso caliente que te recorre las bolas. Ella te mira, sonríe con picardía, y camina hacia ti, sus tacones repiqueteando contra el piso como un tambor de deseo.
—¿Qué onda, guapo? ¿Solo? —te dice con voz ronca, mexicana hasta la médula, con ese acento tapatío que suena a miel caliente.
Te encoges de hombros, el corazón latiéndote fuerte. —Sí, pero ya no. Soy Juan, y tú...
—Rosa. Llámame Rosita, como mis amantes. Se sienta a tu lado, su muslo rozando el tuyo, piel suave y cálida que envía chispas eléctricas por tu pierna. Huele a jazmín y a algo más profundo, como sudor fresco mezclado con perfume caro. Pides otra ronda, y platican: ella es viuda, 35 años, dueña de una tiendita de ropa en el centro, independiente y cabrona. Ríen de tonterías, sus manos rozándose al tomar los vasos, y cada roce es como fuego lento en tus venas.
La rola de Mama tried suena de nuevo, y ella canta bajito, su aliento cálido en tu oreja: "Mama tried... but I turned out bad". Te ríes. —Mi mamá tried lo mismo conmigo. Pero mira nomás.
Se acerca más, su pecho presionando tu brazo, pezones duros como piedritas bajo el vestido. Pinche tentación, piensas, el pulso acelerado, la boca seca. Bailan un corrido pegaditos, su culo redondo frotándose contra tu entrepierna, tu verga tiesa como poste contra ella. Sientes su calor húmedo a través de la tela, el aroma de su excitación subiendo como niebla dulce. —¿Vamos a otro lado, Juanito? —susurra, mordiéndose el labio.
Sí, carajo. Salen tomados de la mano, el aire nocturno fresco de Guadalajara besando sus pieles sudadas. Caminan unas cuadras hasta su depa en una colonia chida, con balcón y vista a las luces de la ciudad. Entra tras ella, la puerta cierra con clic, y ya está sobre ti, besos hambrientos, lenguas enredadas con sabor a tequila y menta.
Acto dos: La llevas a la recámara, luces bajas, cama king con sábanas de algodón egipcio que huelen a lavanda. La desvestís despacio, el vestido cae como cascada roja, revelando lencería negra que abraza sus tetas enormes, pezones oscuros erectos. Qué mamacitas tan ricas, piensas, manos temblando al tocarlas, piel suave como terciopelo, cálida y pesada. Ella gime bajito, "Sí, güey, así", arqueando la espalda. Besas su cuello, salado de sudor, bajas a sus chichis, chupando un pezón mientras pellizcas el otro, su sabor dulce y almendrado explotando en tu lengua.
Internal:
Mi mamá tried advertirme de mujeres como esta, pero ¿cómo resistir? Su cuerpo es puro fuego, y yo soy la leña.Tus manos bajan, quitas su tanga empapada, panocha hinchada y mojada, olor almizclado que te enloquece, jugos brillando bajo la luz. Ella te desnuda, dedos hábiles en tu verga dura, palpitante, venas hinchadas. —Qué vergota, Juan. Te la voy a mamar hasta que grites. Se arrodilla, labios envolviéndote, lengua girando en la cabeza, succionando con fuerza que te hace jadear. Sientes su boca caliente, húmeda, saliva chorreando por tus bolas, el sonido chup chup llenando la habitación.
La tensión sube: la tumbas en la cama, besas su panza suave, llegas a su concha, labios carnosos abiertos, clítoris rosado asomando. La lames despacio, sabor salado-dulce como marisco fresco, ella retuerce las caderas, uñas clavándose en tu espalda. "¡Ay, wey, no pares! ¡Chíngame con la lengua!" Gime fuerte, jugos inundando tu boca, su cuerpo temblando al borde del primer orgasmo. La penetras con dedos, curvados tocando su punto G, mientras chupas su clítoris, y explota: gritos roncos, piernas apretándote la cabeza, chorro caliente en tu cara.
Ahora ella encima, guía tu verga a su entrada resbalosa, bajando lento. Sientes su calor apretado envolviéndote centímetro a centímetro, paredes pulsando, tan chingona y húmeda. Cabalga despacio al principio, tetas rebotando, sudor perlando su piel morena, olor a sexo crudo llenando el aire. Aceleran, golpes de cadera contra cadera, slap slap de carne, sus nalgotas aplastándose contra tus muslos. "¡Más duro, pendejo! ¡Dame todo!" Gritas tú, manos en su cintura, embistiéndola desde abajo, verga hundiéndose hasta el fondo, bolas golpeando su culo.
La volteas a cuatro patas, vista de su espalda arqueada, culo en pompa perfecto. La coges fuerte, manos amasando sus nalgas, dedo en su ano apretado para más placer. Ella empuja hacia atrás, "¡Sí, cabrón, rómpeme la verga!", el cuarto eco de gemidos y jadeos, camas crujiendo. Sudor gotea de tu frente a su espalda, mezclándose, pieles resbalosas uniéndose en frenesí.
Acto tres: El clímax se acerca, tensión en espiral. Cambian posiciones, misionero íntimo, ojos clavados, besos profundos. —Vente conmigo, Rosita. Ella aprieta las piernas, concha contrayéndose como puño alrededor de tu verga. Explota primero ella, grito ahogado, cuerpo convulsionando, jugos empapando las sábanas. Tú sigues, bolas apretadas, chorro tras chorro llenándola, calor blanco cegador, gruñendo como animal.
Colapsan juntos, cuerpos enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos, respiraciones jadeantes calmándose. Su cabeza en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. Huele a sexo satisfecho, a jazmín marchito y paz.
Mama tried, pero esta noche gané yo. Y qué chido se siente.Platican bajito, risas suaves, promesas de más noches. Duermes abrazado a ella, el pulso de su corazón contra el tuyo, Guadalajara susurrando afuera.
Al amanecer, café humeante en la cocina, ella en bata transparente, tetas asomando. —¿Vienes de nuevo, Juanito? Mama tried no te salvó de mí —bromea, guiñando. Sonríes, besándola. El deseo manda, wey. Y así termina, con sabor a más.