Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo La Pasión de la Crup Triada La Pasión de la Crup Triada

La Pasión de la Crup Triada

7412 palabras

La Pasión de la Crup Triada

La villa en Puerto Vallarta brillaba bajo el sol del atardecer, con el mar Caribe lamiendo la playa como un amante impaciente. Ana caminaba por el jardín tropical, el aroma de las bugambilias y el salitre del océano llenándole los pulmones. Llevaba un vestido ligero de algodón que se pegaba a su piel sudada por el calor húmedo, sintiendo cada brisa como una caricia prohibida. Hacía meses que no se permitía un capricho así, desde que su ex la dejó con el corazón hecho trizas. Pero esta invitación de su carnala Lupe prometía algo diferente: una noche de fiesta chida con amigos selectos.

En la terraza, Marco y Luis la esperaban con margaritas heladas en las manos. Marco, alto y moreno con ojos que prometían travesuras, le sonrió con esa dentadura perfecta. Luis, más delgado pero con músculos definidos de tanto surfear, le guiñó un ojo. ¡Órale, nena! Ya llegaste para unirte a la crup triada, dijo Marco, su voz ronca como el rugido de las olas. Ana frunció el ceño, intrigada. ¿Crup triada? Lupe le había mencionado algo de un juego sensual entre tres, una especie de ritual que liberaba tensiones de la forma más deliciosa. No era orgía ni nada loco, solo conexión pura entre adultos que se desean mutuamente.

¿Y si me lanzo? Mi cuerpo grita por atención, mis pezones ya se endurecen solo de imaginar sus manos en mí.

Ana tomó la margarita, el limón fresco explotando en su lengua, el tequila quemándole la garganta con un calor que bajaba directo a su entrepierna. Se sentaron en los cojines mullidos de la terraza, la música de cumbia rebajada sonando bajito, vibrando en sus huesos. Hablaron de todo: del pinche tráfico de la CDMX, de las mejores playas, de deseos reprimidos. Marco rozó su rodilla con la suya, un toque casual que envió chispas por su espina. Luis le apartó un mechón de cabello, su aliento cálido oliendo a tequila y menta.

La tensión crecía como la marea. La crup triada es simple, Ana, explicó Luis, su mano ahora en su muslo, subiendo despacio. Nos entregamos los tres, sin prisas, solo placer mutuo. ¿Te animas? Ella asintió, el pulso acelerado latiéndole en las sienes, el corazón martilleando como tambores taquileños. Sí, carajo, quiero esto, pensó, mientras Marco la besaba, sus labios suaves pero firmes, saboreando a sal y deseo.

El beso se profundizó, la lengua de Marco explorando su boca con hambre contenida. Luis se unió por detrás, besándole el cuello, sus dientes rozando la piel sensible. Ana jadeó, el sonido ahogado por la boca de Marco. Sus manos vagaban: Marco desatando el vestido, dejando al aire sus senos plenos, los pezones oscuros endurecidos por el aire fresco de la noche que caía. Luis los tomó en sus palmas, masajeándolos con pulgares expertos, enviando ondas de placer directo a su clítoris hinchado.

¡Qué rico! Sus toques son fuego líquido, mi panocha ya palpita, mojada y lista.

Se movieron al interior, a la habitación principal con vista al mar. La cama king size los esperaba, sábanas de hilo egipcio suaves como seda. Ana se recostó, desnuda ahora, su piel cobriza brillando bajo la luz tenue de las velas de coco que perfumaban el aire. Marco se quitó la camisa, revelando un torso tatuado con águilas y serpientes mexicanas, músculos flexionándose al bajar el pantalón. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, apuntando hacia ella como un arma de placer. Luis lo siguió, su miembro más largo, curvado ligeramente, goteando precúm que olía a almizcle masculino.

La escalada fue gradual, deliciosa. Marco se arrodilló entre sus piernas, inhalando su aroma femenino, muy rico, como jazmín y miel. Su lengua lamió su raja despacio, saboreando los jugos que fluían copiosos. Ana arqueó la espalda, gimiendo alto, el sonido rebotando en las paredes. ¡Ay, wey, no pares! Chúpame así, suplicó, las uñas clavándose en las sábanas. Luis besaba sus labios, tragándose sus gemidos, mientras sus dedos pellizcaban sus pezones, tirando suavemente para aumentar el fuego.

El ritmo subió. Ana tomó la verga de Luis en su mano, sintiendo el calor pulsante, la piel aterciopelada sobre acero. La masturbó despacio, oyendo sus gruñidos roncos, ¡Qué chingona mano tienes, mamacita!. Marco introdujo dos dedos en su coño empapado, curvándolos para tocar ese punto que la hacía ver estrellas, mientras su lengua giraba en el clítoris. El placer se acumulaba, una tormenta building en su vientre, los músculos tensándose, el sudor perlando sus cuerpos.

Esto es la gloria, los dos me adoran, me hacen sentir diosa. Mi orgasmo viene, ¡no aguanto!

Marco se posicionó primero, frotando su glande en su entrada resbaladiza. ¿Lista para la crup triada completa? preguntó, ojos ardientes. Sí, métemela ya, pendejo, respondió ella juguetona, riendo entre jadeos. Él empujó lento, centímetro a centímetro, llenándola hasta el fondo. El estiramiento era perfecto, su coño apretándolo como guante. Empezó a bombear, profundo y rítmico, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con sus ¡ahh! ¡sí! ¡más!.

Luis no se quedó atrás. Se arrodilló junto a su cabeza, ofreciéndole su verga. Ana la chupó ansiosa, saboreando el salado del precúm, la cabeza bulbosa golpeando su garganta. Lo mamaba con pericia, lengua girando, manos apretando sus bolas pesadas. Marco aceleró, sus embestidas sacudiendo la cama, el olor a sexo impregnando la habitación: sudor, fluidos, feromonas.

Cambiaron posiciones fluidamente, como en un baile ancestral. Ana encima de Luis ahora, cabalgándolo con furia, su verga tocando spots profundos que la volvían loca. Rebotaba, senos saltando, mientras Marco se ponía detrás, lubricando su ano con saliva y sus jugos. ¿Quieres los dos, reina? susurró. ¡Sí, fóllame el culo, pero despacio! Él obedeció, presionando lento, el anillo muscular cediendo ante la intrusión ardiente. El doble llenado fue explosivo: dos vergas frotándose separadas por una delgada pared, ritmos sincronizados.

Los gemidos se volvieron gritos: ¡Me vengo! ¡Chínguenme más! Ana explotó primero, su orgasmo arrasando como tsunami, coño y culo contrayéndose, ordeñando sus pollas. Olas de placer la sacudieron, visión borrosa, cuerpo temblando, jugos chorreando. Marco y Luis la siguieron segundos después, gruñendo como animales, llenándola de semen caliente que goteaba por sus muslos.

Colapsaron en un enredo sudoroso, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El mar susurraba afuera, las velas parpadeando. Marco le besó la frente, Luis acarició su cabello. Eres increíble en la crup triada, murmuró Marco. Ana sonrió, saciada, poderosa.

Nunca me sentí tan viva, tan deseada. Esto no es solo sexo, es libertad, conexión. Quiero más noches así.

Se ducharon juntos después, agua caliente lavando los restos, risas y besos juguetones. En la terraza, con estrellas sobre el Pacífico, brindaron con tequila. Ana se fue a su cuarto, cuerpo dolorido pero feliz, el eco de placer latiendo aún en su piel. La crup triada había despertado algo en ella: una mujer nueva, lista para devorar la vida con la misma hambre.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.