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Posiciones Sexuales para Tríos que Desatan la Pasión

7117 palabras

Posiciones Sexuales para Tríos que Desatan la Pasión

La noche en la playa de Cancún estaba caliente como el tequila reposado que corríamos en los vasos. Tú, con tu piel bronceada por el sol del Caribe, mirabas a Ana y a Carla riendo bajo las luces tenues de la cabaña rentada. Ana, tu morra de ojos café intensos y curvas que te volvían loco, se recargaba en tu hombro, su aliento con sabor a coco rozando tu cuello. Carla, su mejor amiga desde la uni, era la chava que siempre había coqueteado contigo en las fiestas: tetas firmes, caderas anchas y una sonrisa pícara que prometía problemas del bueno.

—Órale, wey —dijo Ana, pasándote la mano por el pecho—. ¿Y si hoy probamos algo nuevo? Algo que nos saque de la rutina.

Carla soltó una carcajada ronca, su voz como miel quemada. —Neta, Ana tiene razón. He estado viendo unas posiciones sexuales para tríos en la red que se ven cañonas. ¿Por qué no las ponemos en práctica?

Tu corazón dio un brinco, el pulso acelerándose como tambores de cumbia en tus venas. Habías fantaseado con esto mil veces: las dos juntas, piel contra piel, gemidos mezclándose con el romper de las olas afuera. Pero ¿neta iba a pasar? Las miraste, sus ojos brillando con deseo mutuo. Ana te besó lento, su lengua danzando con la tuya, sabor salado del mar en su boca. Carla se acercó por detrás, sus tetas presionando tu espalda, manos bajando por tu abdomen hasta el bulto creciente en tus shorts.

—¿Estás en? —susurró Carla al oído, mordisqueando tu lóbulo.

Sí, carajo, estoy más que en, pensaste, mientras asentías. La tensión crecía como la marea, el aire cargado de su perfume mezclado con arena húmeda y anticipación.

Entraron a la recámara, la brisa marina colándose por la ventana abierta, trayendo olor a sal y yodo. Ana prendió velas de coco, la luz parpadeante bailando en sus cuerpos semidesnudos. Tú te quitaste la playera, sintiendo el fresco en tu piel sudada. Ellas se desvistieron mutuamente, risas nerviosas rompiendo el silencio. Ana tenía esa panochita depilada que te enloquecía, rosada y húmeda ya; Carla, un culazo redondo que pedía a gritos ser apretado.

Empezaron suave, como un ritual. Ana te jaló a la cama king size, las sábanas frescas contra tu espalda. —Primera posición: la clásica con una en cada lado —dijo, guiándote con voz ronca.

Tú en el centro, Ana montándote despacio, su calor envolviéndote como terciopelo mojado. Dios, qué chido, pensaste, el roce de su clítoris contra tu pubis enviando chispas por tu espina. Carla se arrodilló a un lado, chupándote los huevos con lengua experta, saliva tibia goteando. El sonido de succiones húmedas llenaba la habitación, mezclado con tus gruñidos bajos y los jadeos de Ana mientras subía y bajaba, tetas rebotando hipnóticas.

El olor a sexo empezaba a impregnar el aire: almizcle femenino, sudor salado, tu verga palpitante. Tocaste las nalgas de Carla, dedos hundiéndose en carne suave, mientras Ana aceleraba, su coño apretándote como un puño caliente.

Esto es el paraíso, wey. No pares nunca.
Tensionó los músculos, conteniéndote, queriendo alargar el fuego.

Pasaron a la siguiente: la de la doble penetración oral. Carla se tendió boca arriba, piernas abiertas como invitación. —Ven, prueba esta de las posiciones sexuales para tríos —rió Ana, empujándote.

Tú te colocaste entre las piernas de Carla, lamiendo su panocha jugosa, sabor ácido-dulce como tamarindo fresco. Ella gemía fuerte, "¡Ay, cabrón, qué rico!", caderas arqueándose. Ana se sentó en la cara de Carla, frotándose contra su boca, el slap-slap de pieles resonando. Tú sentías la vibración de los gemidos de Carla en tu verga tiesa, tu lengua explorando pliegues hinchados, clítoris endurecido como perla. Manos everywhere: las de Ana en tus huevos, masajeando; las tuyas en tetas ajenas, pezones duros entre dedos.

El calor subía, sudor perlando frentes, gotas rodando por espaldas. ¿Cuánto más aguantas? te preguntabas, el pulso martilleando en sienes. Cambiaron: ahora la posición del triángulo invertido. Tú de rodillas, Ana frente a ti chupándote la verga con labios carnosos, garganta profunda que te hacía ver estrellas. Carla detrás, lengua en tu culo, rimming juguetón que te erizaba la piel. El contraste: succión delantera húmeda, lamidas traseras calientes. Gemías sin control, "Putas, me van a matar", voz quebrada.

Ana levantó la vista, ojos lujuriosos. —¿Te late? Hay más posiciones sexuales para tríos que quiero contigo.

La intensidad escalaba. Sudor chorreaba, mezclándose con jugos en muslos. Pasaron a la rueda: tú penetrando a Carla doggy style, verga hundiéndose en su coño apretado, walls contrayéndose como olas. Ana debajo de ella, lamiendo donde unías cuerpos, lengua rozando tu eje con cada embestida. El slap de pelvis contra nalgas, ¡paf-paf-paf!, eco en la noche. Olor a sexo puro: corrida pre-seminal, coños empapados, pieles calientes. Carla gritaba, "¡Más duro, pendejo! ¡Dame todo!", mientras Ana succionaba su clítoris.

Tu mente nublada por placer,

Esto es adictivo, neta. Sus cuerpos perfectos, sincronizados como baile de salsa.
Cambiaron de nuevo: la torre doble. Carla sentada en tu cara, panocha goteando en tu boca, sabor intenso mientras lamías voraz. Ana cabalgándote reversa, culo rebotando, vista de su ano guiñando. Manos en tetas, pellizcos, arañazos leves que ardían delicioso. Gemidos se volvían gritos: "¡Sí, joder! ¡Me vengo!" de Carla primero, chorro caliente en tu lengua.

La tensión peak: todos al borde. Última posición, la más wild: el puente. Tú acostado, Ana en cowgirl normal, Carla en reverse encima de ella, coños apilados. Alternabas embestidas, verga saliendo de uno a otro, lubricados al máximo. Ellas se besaban encima, lenguas enredadas, tetas frotándose. El roce doble, calores mezclados, te llevaba al abismo. Sientes el orgasmo construyéndose, bolas tensas, verga hinchada.

—¡Córrete con nosotras, amor! —gritó Ana, coño convulsionando.

Explotaste: chorros calientes llenando a Carla, luego a Ana, mientras ellas temblaban en clímax múltiple. Gritos ahogados, cuerpos colapsando en pila sudorosa. El mundo se redujo a pulsos latiendo, respiraciones jadeantes, piel pegajosa.

Después, en afterglow, yacían enredados, brisa marina enfriando cuerpos febriles. Ana te besó la frente, "Qué chingón estuvo, wey. Esas posiciones sexuales para tríos fueron épicas". Carla acurrucada, dedo trazando tu pecho. Esto cambia todo, pensaste, corazón lleno, deseo saciado pero con promesa de más noches así. El mar susurraba afuera, testigo de su unión nueva, pieles oliendo a sexo y mar, almas conectadas en éxtasis compartido.

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