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El Trio Xvideos Con Mi Esposa Ardiente

7235 palabras

El Trio Xvideos Con Mi Esposa Ardiente

Todo empezó una noche de esas en que el calor de Guadalajara nos tenía sudando en la cama. Yo, Javier, y mi esposa Ana, llevábamos casados cinco años y la chispa seguía viva, pero neta, a veces uno busca algo que prenda el fuego de nuevo. Estábamos tirados en el colchón king size de nuestra recámara en el barrio de Providencia, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a su perfume de vainilla flotando en el aire. Ana, con su piel morena y curvas que me volvían loco, se acurrucó contra mí, su mano rozando mi pecho peludo.

¿Qué onda, carnal? ¿No te aburres de lo mismo? me dijo con esa voz ronca que me ponía la verga dura al instante. Yo le sonreí, besándole el cuello donde olía a sudor dulce mezclado con su loción. Neta, mi amor, contigo nunca me aburro, le contesté, pero en mi cabeza ya bullía la idea. Habíamos visto unos videos en Xvideos, buscando algo chido, y dimos con búsquedas como xvideos trio con esposa. Esos clips de parejas mexicanas probando un tercero, la esposa gimiendo como loca mientras el marido la veía disfrutar... uf, me dejó pensando.

La escena estaba puesta: luces tenues de la lámpara de noche, el ventilador moviendo el aire caliente, y nosotros desnudos, piel contra piel. Le conté mi fantasía mientras mis dedos bajaban por su panza suave hasta su monte de Venus, ya húmedo.

Imagina que traemos a un carnal guapo, Ana. Tú en el centro, nosotros dos volviéndote loca de placer.
Ella jadeó, sus tetas grandes subiendo y bajando rápido. ¿En serio, Javi? ¿Y si me gusta más que tú, pendejo? bromeó, mordiéndome el labio. Ese juego nos prendió; nos cogimos como animales esa noche, pero la semilla ya estaba plantada.

Los días siguientes, la tensión creció como tormenta en el cerro del Cuatro. Ana andaba coqueta, poniéndose tangas que se le marcaban bajo los jeans ajustados, rozándome la entrepierna en la cocina mientras preparaba tacos de carnitas. El olor a cebolla frita y cilantro fresco se mezclaba con su aroma de mujer excitada. Yo no paraba de checar Xvideos en el cel, viendo más de esos trio con esposa, imaginándola a ella en esas posiciones. ¿Y si lo hacemos real? le propuse una tarde, sentados en el balcón con chelas frías, el sol del atardecer tiñendo todo de naranja.

Ella me miró con ojos brillantes, lamiéndose los labios carnosos. Sí, Javi, pero elijo yo al tercero. Alguien que nos prenda a los dos. Así fue como pensamos en Marco, mi carnal de la prepa, alto, musculoso, con esa sonrisa pícara y tatuajes en los brazos que Ana siempre había mirado de reojo en las fiestas. Le mandamos un mensaje juguetón: Oye, Marco, ¿vienes a ver un partido o qué? Trae ganas de algo más chido. Él captó al vuelo, el cabrón.

La noche del encuentro llegó como un relámpago. Nuestra casa olía a velas de vainilla y incienso de copal que Ana había prendido para ambientar, música de banda suave sonando bajito en los bocinas. Marco llegó en su camioneta pickup, con camisa ajustada que marcaba sus pectorales y jeans que dejaban ver el bulto prometedor. ¿Qué pedo, Javi? ¿De verdad esto del trio xvideos con esposa? soltó riendo mientras nos abrazaba. Ana, vestida con un vestido negro escotado que dejaba ver el nacimiento de sus chichis, se sonrojó pero lo miró fijo, comiéndoselo con la vista.

Empezamos con chelas en la sala, el cuero del sofá crujiendo bajo nosotros, el aire cargado de anticipación. Mis pulsaciones latían en las sienes, el corazón retumbando como tambor en una fiesta. Ana se sentó entre nosotros, su muslo rozando el mío y el de Marco. Bueno, ¿quién empieza? dijo ella, su voz temblando de emoción. Yo la besé primero, profundo, saboreando su lengua dulce como tamarindo, mientras Marco le acariciaba la nuca, bajando la mano por su espalda. Ella gimió en mi boca, un sonido que me erizó la piel.

La escalada fue gradual, como subir el Popo en erupción. Nos fuimos a la recámara, desvistiendo a Ana entre risas y besos. Su vestido cayó al piso con un susurro, revelando lencería roja que apenas contenía sus tetas firmes y su culo redondo. Qué chingona estás, Ana, murmuró Marco, su voz grave vibrando en el cuarto. Yo la empujé suave a la cama, las sábanas frescas contra su piel caliente. Marco y yo nos quitamos la ropa; mi verga saltó dura, venosa, y la de él era gruesa, imponente, oliendo a hombre limpio con jabón de sándalo.

Ana se arrodilló entre nosotros, sus ojos negros brillando de deseo puro.

Los dos son míos esta noche, pendejos
, dijo juguetona, agarrando mi verga con una mano y la de Marco con la otra. El tacto de sus palmas suaves, calientes, me hizo gemir. Empezó chupándome, su boca húmeda envolviéndome, lengua girando en la cabeza sensible mientras pajeaba a Marco lento. Él gruñó, echando la cabeza atrás, el sudor perlando su pecho. Yo veía todo, el olor a sexo empezando a llenar el aire, mezcla de su coño mojado y nuestras precargas saladas.

La tensión subía; la volteamos, poniéndola a cuatro patas. Marco se puso atrás, frotando su verga contra su raja empapada, el sonido chapoteante de sus jugos haciendo eco. ¿Quieres que te meta, Ana? Dime, le pidió él, y ella asintió frenética: Sí, métemela ya, cabrón. Entró despacio, centímetro a centímetro, sus paredes apretándolo mientras yo la besaba, tragándome sus jadeos. El cuarto se llenó de slap-slap de carne contra carne, sus tetas balanceándose, yo pellizcándole los pezones duros como piedras.

Cambiamos posiciones como en esos videos de xvideos trio con esposa que nos inspiraron. Ana encima de mí, cabalgándome con furia, su panocha tragándome entero, jugos chorreando por mis huevos. Marco se paró frente a ella, metiéndosela en la boca; ella mamaba ansiosa, babeando, gargantas profundas que la hacían toser placer. Sentía su calor interno apretándome, mis manos en sus nalgas sudadas, oliendo a sexo puro, a deseo mexicano crudo. Me vengo, Javi... ¡ah! gritó ella primero, convulsionando, sus uñas clavándose en mi pecho, olas de placer recorriéndola.

Yo no aguanté más; su orgasmo me ordeñó, y exploté dentro, chorros calientes llenándola mientras gemía su nombre. Marco la siguió, sacándola de mi verga y corriéndose en sus tetas, leche espesa salpicando su piel morena. Colapsamos los tres, un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones agitadas, el olor almizclado de semen y coño impregnando las sábanas.

En el afterglow, Ana entre nosotros, acariciándonos perezosos. El ventilador secaba nuestro sudor, el cuarto en penumbras con la luna colándose por la ventana. Esto fue lo máximo, carnales, susurró ella, besándonos alternadamente. Yo sentía una paz profunda, sin celos, solo orgullo por verla empoderada, gozando como reina. Marco se quedó un rato más, charlando de pendejadas, pero sabíamos que esto podía repetirse. La noche del trio xvideos con esposa había sido real, mejor que cualquier video, y nos dejó con el alma satisfecha, listos para más aventuras en nuestra vida chida.

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