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Clash Royale Trio de Mosqueteras Desatadas

6173 palabras

Clash Royale Trio de Mosqueteras Desatadas

Estás en el corazón de la CDMX, en el Centro de Convenciones Citibanamex, donde el aire vibra con el zumbido de consolas y el grito de fans enloquecidos por el torneo de Clash Royale. El olor a chelas frías y tacos al pastor flota por todos lados, mezclándose con el sudor de gamers concentrados. Tú, un vato de veintitantos, con tu playera del clan top, te mueves entre la multitud, buscando un spot chido para ver las finales. De repente, las ves: el Clash Royale trio de mosqueteras, tres morras despampanantes vestidas idénticas a las cards legendarias del juego. Sombreros altos rojos, uniformes ajustados que marcan curvas de infarto, rifles de utilería colgando de sus hombros. La líder, con cabello negro azabache suelto bajo el sombrero, te clava la mirada con ojos cafés que prometen travesuras. A su lado, la rubia teñida con pecas y labios carnosos, y la morena de piel canela que se lame los labios como si ya supiera tu sabor.

Órale, piensas,

¿esto es real o nomás un sueño húmedo de tanto grindear arenas?
Se acercan contoneándose, el tacón de sus botas resonando contra el piso. "¡Ey, guerrero!", dice la líder, voz ronca como un flechazo. "Somos las Mosqueteras del Clash Royale, ¿listo pa'l combate?" Su aliento huele a menta y algo dulce, como chicle de fresa. Te rodean, sus cuerpos rozando el tuyo accidentalmente –o no tanto–. La rubia te pasa un dedo por el brazo, enviando chispas. "Nosotras tres contra ti, ¿te animas, carnal?" Neta, sientes la verga despertando bajo los jeans, el pulso acelerado como en una batalla épica.

Pasan la tarde contigo, posando pa' fotos, riendo de tus chistes pendejos sobre el meta del juego. Se llaman Rosa –la líder–, Carla –la pecosa–, y Lupita –la canela explosiva–. Beben chelas contigo, sus gargantas moviéndose seductoramente al tragar. "Ven con nosotras al after", susurra Rosa al oído, su aliento caliente erizándote la piel. "Tenemos un cuarto en el hotel de enfrente. Ahí jugamos el verdadero Clash Royale". No lo piensas dos veces. El deseo te quema como elixir de furia.

Acto dos: La escalada

El elevador del hotel huele a perfume caro y anticipación. Están pegadas a ti, manos explorando disimuladamente. Carla te aprieta la nalga, Lupita roza su muslo contra tu paquete. Rosa te besa el cuello, lengua juguetona. "Shhh, guerrero, el combate apenas empieza", murmura. En el cuarto, luces tenues, cama king size con sábanas blancas crujientes. Se quitan los sombreros, cabello cayendo en cascadas. Los uniformes se desabrochan lento, botón a botón, revelando lencería roja a juego –push-ups que elevan chichis perfectos, tangas que apenas cubren panochas depiladas.

Tú estás sentado en la cama, hipnotizado.

Esto no puede ser neta, pero su piel brilla bajo la luz, oliendo a vainilla y sudor fresco.
Rosa se arrodilla primero, manos en tus rodillas, abriendo tus piernas. "Primera flecha", dice, y desabrocha tu chamarra, besando tu pecho expuesto. Sus labios suaves, lengua trazando círculos en tus pezones. Carla y Lupita se besan entre ellas a un lado, gemidos suaves como música de lobby. Ves sus lenguas entrelazadas, saliva brillando, manos amasando nalgas firmes. El sonido húmedo te pone la verga como roca.

Te tumban, tres pares de manos por todo tu cuerpo. Tocan, aprietan, arañan suave. Lupita lame tu abdomen, bajando, su aliento caliente sobre tu boxer. "¡Mira qué arma traes, cabrón!", ríe, liberando tu verga tiesa, venosa, goteando pre-semen. Rosa la agarra, masturbándote lento, pulgar en el glande sensible. "Deliciosa", prueba el líquido con la lengua, ojos en los tuyos. Carla se sube a tu cara, panocha abierta sobre tu boca. Huele a miel y excitación, jugos chorreando. "Come, mi rey", ordena, y tú obedeces, lengua hundiéndose en sus pliegues calientes, saboreando su esencia salada-dulce. Ella gime, caderas moliendo, clítoris hinchado rozando tu nariz.

La tensión sube como elixir rage. Internamente luchas:

¿Soy el rey o su trofeo? Pero qué chingón se siente esto, las tres mosqueteras sirviéndome.
Cambian posiciones fluidas. Rosa se empala en tu verga, panocha apretada envolviéndote como guante húmedo. "¡Ay, sí, cabrón!", grita, cabalgando, chichis rebotando. Su piel sudada contra la tuya, olor a sexo llenando la habitación. Carla y Lupita se turnan en tu boca, sus sabores mezclándose –Carla más dulce, Lupita más intensa, almizclada. Gemidos suben: "¡Más duro!", "¡No pares, pendejo rico!". Te voltean, ahora tú las penetras una por una, doggy style. Nalgas redondas temblando con cada embestida, slap-slap de carne contra carne. Sudor gotea, sábanas empapadas.

El clímax se acerca, pulsos latiendo en oídos, cuerpos temblando. Rosa te pide: "Córrete con nosotras, guerrero". Se alinean de rodillas, bocas abiertas, lenguas fuera. Tú las bañas, chorros calientes en caras, chichis, gargantas tragando ansiosas. Ellas se besan, compartiendo tu leche, lamiéndose limpias. El afterglow cae como victoria total: cuerpos entrelazados, respiraciones jadeantes, risas suaves.

Acto tres: El elixir post-batalla

Acostados en la cama revuelta, el aire denso con olor a semen, sudor y perfume. Rosa acaricia tu pecho, dedo trazando tatuajes imaginarios. "Eres el mejor oponente que hemos tenido, carnal". Carla duerme con cabeza en tu hombro, su aliento rítmico calmándote. Lupita pide agua, y al volver, te da un beso profundo, lengua perezosa.

Neta, esto supera cualquier arena maestra. Las mosqueteras no eran solo cards; son diosas vivas.

Hablan bajito de torneos pasados, planes pa'l futuro. "Vuelve a vernos en el próximo Clash Royale", dice Rosa, guiñando. Te vistes lento, piernas flojas, verga satisfecha. Al salir, el pasillo del hotel parece un elixir de vida nueva. Miras atrás, ellas en la puerta, desnudas y sonrientes, sombreros puestos juguetones. El recuerdo de sus sabores, texturas, gemidos te acompañará en cada partida. Clash Royale nunca será lo mismo.

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