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Para Que Sirve El Tri Omega 3 6 9 En La Piel Ardiente

7481 palabras

Para Que Sirve El Tri Omega 3 6 9 En La Piel Ardiente

Me acuerdo perfecto de esa tarde en mi depa de la Condesa, con el sol colándose por las cortinas y yo tirada en el sillón, sintiéndome como si me hubieran chingado la energía. Llevaba semanas estresada del jale en la agencia, comiendo puro chilango de la calle y descuidando mi cuerpo. Mi piel andaba opaca, seca como tamal viejo, y en la cama con mi carnal, pues ni pedo, todo era mecánico, sin ese fuego que nos volvía locos al principio. ¿Qué pedo con esto? me preguntaba mientras me untaba crema que no servía de nada.

Ahí fue cuando mi compa Lupe, la neta más chida en temas de salud natural, me mandó un mensaje: "Óyeme, güey, prueba el Tri Omega 3 6 9. Es lo máximo para la piel, el pelo y hasta te sube el ánimo. Yo lo tomo y mi vato dice que huelo a diosa". Le contesté con un emoji de risa, pero investigué.

¿Para qué sirve el Tri Omega 3 6 9?
pregunté en Google. Decía que equilibraba las grasas buenas, hidrataba de adentro hacia afuera, mejoraba la circulación y hasta ayudaba con el glow sexual, porque ponía la sangre a bombear como se debe. Sonaba a chingonería, pensé. Lo pedí en línea esa misma noche, un frasquito con cápsulas doradas que llegó al día siguiente.

Empecé a tomarlo con el desayuno: yogurt con frutas del mercado y una cápsula que se deslizaba suave por mi garganta. Al principio nada, pero a la semana mi piel ya se sentía diferente, tersa como pétalo de cempasúchil, brillando bajo la luz del metro. Mi carnal, Alex, lo notó esa noche cuando llegué del gym. "Órale, morra, ¿qué te echaste? Te ves riquísima", me dijo mientras me jalaba de la cintura en la cocina. Su aliento olía a tacos de suadero que habíamos cenado, y sus manos ásperas de tanto trabajar en construcción me rozaron la espalda baja, enviando chispas por mi espina.

Pero la verdadera prueba vino el viernes. Habíamos planeado una noche en casa, nada fancy, solo Netflix y mole de olla que yo preparé con amor. Me puse un vestidito negro ajustado que realzaba mis curvas, ahora suaves y sedosas gracias a ese pinche suplemento. Alex abrió la puerta con su sonrisa pícara, camisa desabotonada mostrando el pecho moreno y velludo que tanto me gustaba lamer. "Ven pa'cá, calentura", murmuró, su voz ronca como gravel de las obras.

Nos sentamos en el sofá, el aire cargado con el aroma del mole y el incienso de copal que prendí para ambientar. Su mano subió por mi muslo despacio, dedos callosos trazando círculos que me erizaban la piel. Esto es nuevo, pensé. Antes me costaba encender, pero ahora cada roce era como electricidad, mi pulso acelerándose, el calor subiendo desde el vientre. "¿Sabes qué, amor? Estoy tomando ese Tri Omega 3 6 9 que me recomendó Lupe. Dicen que para qué sirve el Tri Omega 3 6 9 es para esto, para ponerte la piel como terciopelo y el cuerpo en llamas". Él rio bajito, su aliento cálido en mi cuello. "Pues funciona, porque te estoy viendo y ya me tienes parado como bandera".

La tensión crecía mientras veíamos la peli, pero ninguno le paraba bolas de verdad. Sus besos empezaron suaves, labios carnosos mordisqueando mi labio inferior, lengua explorando con sabor a mezcal que habíamos tomado. Gemí bajito cuando su mano se coló bajo el vestido, encontrando mis panties ya húmedas. El sonido de su zipper bajando fue como un trueno en la habitación silenciosa, y el olor de su excitación, ese almizcle masculino mezclado con sudor fresco, me inundó los sentidos. Neta, nunca me había sentido tan viva.

Lo empujé al sillón, montándome a horcajadas. Su verga dura presionaba contra mí a través de la tela, gruesa y pulsante. Me quité el vestido lento, dejando que viera mis tetas firmes, pezones erectos como chiles piquines bajo su mirada hambrienta. "Tócame, pendejo", le susurré, guiando sus manos a mis pechos. Sus palmas ásperas amasaron suave, pulgares girando los brotes sensibles, enviando ondas de placer directo a mi clítoris. Olía mi piel ahora, "Hueles a vainilla y deseo, chula", dijo, inhalando profundo mientras lamía mi cuello.

Deslicé mis manos por su pecho, sintiendo los músculos tensos bajo la piel caliente, bajando hasta su abdomen marcado. Liberé su miembro, grueso y venoso, goteando precúm que lamí con la punta de la lengua, salado y adictivo. Él gruñó, caderas alzándose, el sonido gutural vibrando en mi boca. Lo chupé despacio, saboreando cada vena, mi saliva mezclándose con su esencia mientras mis dedos jugaban con sus bolas pesadas. El Tri Omega me tiene sensible hasta la lengua, pensé, el calor en mi coño intensificándose con cada gemido suyo.

No aguantamos más. Me levantó como si no pesara, piernas alrededor de su cintura, y me llevó al cuarto. La cama nos recibió con sábanas frescas de algodón egipcio que compré en el tianguis. Me tendió boca arriba, besando cada centímetro de mi cuerpo: el hueco de mi clavícula, el valle entre mis senos, el ombligo. Su lengua llegó a mi monte, separando labios hinchados, lamiendo mi jugo dulce y abundante. "Estás empapada, mamacita", murmuró contra mi clítoris, succionando suave. El placer era cegador, mis caderas ondulando, uñas clavándose en su cabeza mientras olas de éxtasis me recorrían. Grité su nombre, el eco rebotando en las paredes.

Pero quería más, quería sentirlo dentro. "Métemela ya, carnal", rogué, voz ronca de necesidad. Se posicionó, la cabeza roma presionando mi entrada resbalosa. Entró lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. ¡Qué chingón! La fricción era perfecta, mi piel sensible multiplicando cada roce. Empezó a bombear, profundo y rítmico, el slap de carne contra carne llenando el aire, sudor perlando nuestros cuerpos. Olía a sexo puro, a nosotros fundidos. Mis paredes lo apretaban, ordeñándolo, mientras él me penetraba más fuerte, bolas golpeando mi culo.

La intensidad subió. Cambiamos a perrito, mi espalda arqueada, él agarrando mis caderas con fuerza amorosa. Cada embestida rozaba mi punto G, fuego líquido acumulándose. "Más rápido, ¡sí así!", jadeé, el orgasmo acercándose como tormenta. Él gruñó, acelerando, su mano bajando a frotar mi clítoris hinchado. Exploté primero, el mundo blanco, coño convulsionando alrededor de su verga, jugos chorreando por mis muslos. Él siguió, prolongando mi clímax hasta que no pude más, temblando entera.

Se corrió segundos después, caliente dentro de mí, llenándome con chorros espesos mientras rugía mi nombre. Colapsamos juntos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas. Su peso sobre mí era reconfortante, piel contra piel, corazones latiendo al unísono. Besos perezosos, lenguas entrelazadas con sabor a clímax compartido.

Después, acurrucados bajo las sábanas, con el aroma de sexo flotando, le conté más del suplemento. "Neta, para qué sirve el Tri Omega 3 6 9 es para noches como esta. Me puso la piel sensible, el cuerpo encendido. Mañana pedimos más". Él rio, acariciando mi nalga suave. "Tú eres el verdadero afrodisíaco, pero si eso te hace brillar así, lo tomamos los dos".

Nos quedamos así hasta el amanecer, el sol filtrándose otra vez, pero ahora todo era diferente. Mi piel gloweaba, mi alma satisfecha, y supe que esto era solo el principio. El deseo no se había apagado; latía bajo la superficie, listo para más.

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