Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Tríos Porno HMH Pasión Desbordada Tríos Porno HMH Pasión Desbordada

Tríos Porno HMH Pasión Desbordada

6427 palabras

Tríos Porno HMH Pasión Desbordada

La noche en la Condesa estaba viva con ese bullicio chido de la ciudad que nunca duerme. Luces de neón parpadeando por las ventanas del depa de Carla, el aroma a tacos de la esquina mezclándose con el tequila reposado que nos echábamos en vasos de cristal. Yo, Ana, sentada en el sillón de piel suave, sentía el calor subiendo por mis piernas mientras platicábamos de todo y nada. Luis, mi carnal desde la uni, con su sonrisa pícara y esos ojos que te desnudan sin esfuerzo, y Carla, nuestra amiga de fiestas eternas, con curvas que volvían loco a cualquiera. Neta, éramos el trío perfecto de amigos, pero esa noche algo flotaba en el aire, un deseo que se olía como perfume caro mezclado con sudor anticipado.

—Órale, wey, ¿ya vieron los tríos porno HMH esos que andan en la red? —dijo Carla, sacando su laptop con una risita traviesa. Sus uñas pintadas de rojo brillaban bajo la luz tenue. Yo me recargué, el corazón latiéndome un poquito más rápido. Luis se acercó, su muslo rozando el mío accidentalmente, o no tanto.

—¿Cuáles? —pregunté, fingiendo desinterés, pero mi piel ya picaba de curiosidad. El sonido de la ciudad allá afuera, cláxones y risas lejanas, se colaba como un invitado más.

Carla abrió el video. Tres cuerpos entrelazados en una cama king size, gemidos suaves al principio, luego intensos. Hombres y mujeres sudando, tocándose sin prisa. Tríos porno HMH, decían las letras en neón virtual. Mi boca se secó, el tequila bajando ardiente por mi garganta. Sentí un cosquilleo entre las piernas, ese calor húmedo que no miente.

¿Y si lo hacemos nosotros? ¿Y si cruzamos esa línea que siempre hemos rozado en broma?

Luis soltó una carcajada baja. —Pendejos, si lo intentamos, ¿quién se echa pa'trás primero? —Sus dedos rozaron mi rodilla, enviando chispas por mi espina.

El primer acto de esa noche fue puro juego. Nos besamos como en los videos, pero mejor, porque éramos reales. Carla se acercó primero, sus labios suaves como miel contra los míos, sabor a margarita con sal. Su lengua explorando, juguetona, mientras Luis nos veía con ojos hambrientos. El olor de su perfume, jazmín y vainilla, me envolvió. Mis manos subieron por su espalda, sintiendo la seda de su blusa deslizándose.

—Ven, Luis —susurré, mi voz ronca. Él se unió, su boca en mi cuello, barba raspando delicioso mi piel. Tres bocas, seis manos, explorando. Me recosté en el sillón, el cuero pegándose a mis muslos desnudos bajo la falda corta. Carla desabrochó mi blusa, sus pechos rozando los míos, pezones endurecidos como piedritas. Qué chingón, pensé, el pulso acelerado, el corazón retumbando en mis oídos.

La tensión crecía como tormenta en el DF. Bajamos al piso alfombrado, luces bajas pintando sombras en nuestras pieles. Luis quitó su camisa, músculos tensos brillando con un leve sudor. Lo jalé hacia mí, mi mano bajando por su pecho, sintiendo el vello áspero, el latido fuerte. Carla se arrodilló, besando mi vientre, lengua trazando círculos alrededor de mi ombligo. El aroma a excitación ya flotaba, ese almizcle dulce que enloquece.

Métetela, Ana —me dijo ella, ojos brillantes. Saqué su falda, revelando encaje negro que apenas cubría su concha húmeda. Mis dedos la rozaron, ella gimió bajito, un sonido que vibró en mi clítoris. Luis nos miró, su verga ya dura presionando el pantalón. Se la bajó, gruesa y venosa, palpitando. La tomé en mi mano, piel caliente, terciopelo sobre acero. La chupé despacio, sabor salado, mientras Carla lamía mis pechos, succionando un pezón hasta que arqueé la espalda.

El medio acto fue puro fuego lento. Nos movimos al cuarto de Carla, cama enorme con sábanas de algodón egipcio frescas contra nuestra piel ardiente. El ventilador zumbaba arriba, aire fresco rozando nuestros cuerpos desnudos. Yo en el centro, como reina. Luis detrás de mí, su verga empujando contra mis nalgas, resbalosa de mi saliva. Carla enfrente, piernas abiertas, su concha rosada y brillante invitándome.

Esto es mejor que cualquier trío porno HMH, neta es nuestro

La lamí, lengua plana lamiendo su clítoris hinchado, sabor ácido dulce como tamarindo. Ella se retorcía, uñas clavándose en mis hombros, gemidos altos que ahogaban el tráfico de Insurgentes. Luis entró en mí despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada vena, cada pulso. Empujaba rítmico, bolas golpeando suave mi culo. Mis paredes lo apretaban, jugos chorreando por mis muslos.

—¡Ay, wey, qué rico! —grité, voz quebrada. Cambiamos posiciones como en un baile prohibido. Carla encima de mi cara, montándome mientras yo la devoraba. Su culo redondo temblando, sudor goteando en mi boca. Luis la follaba ahora, verga entrando y saliendo con sonidos chapoteantes. Yo metí un dedo en su ano, apretado y caliente, ella chilló de placer.

La intensidad subía, psicológica y física. Dudas fugaces: ¿Somos los mismos después? ¿Vale la pena? Pero el placer las borraba. Luis gruñía como animal, —Estás tan chingona, Ana. Carla jadeaba, orgasmos en cadena, su concha contrayéndose en mi lengua. Yo me vine primero, explosión desde el clítoris al cerebro, piernas temblando, grito ahogado en su carne.

El final fue el clímax perfecto. Luis aceleró, follándome profundo mientras chupaba los pechos de Carla. Ella y yo nos besamos, lenguas enredadas, compartiendo sabores. —¡Me vengo! —rugió él, caliente chorro llenándome, desbordando por mis piernas. Carla se vino otra vez, squirt salpicando sábanas. Colapsamos en un enredo sudoroso, respiraciones agitadas, piel pegajosa.

El afterglow fue dulce. Acariciándonos perezosos, risas suaves. El olor a sexo impregnaba el aire, mezclado con el humo de un cigarro que Luis prendió. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero nosotros habíamos creado el nuestro.

—Mejor que los tríos porno HMH, ¿verdad? —dijo Carla, acurrucada en mi hombro.

Sonreí, besando su frente. Sí, porque fue nuestro, puro y chido. Luis nos abrazó, promesa tácita de más noches así. El deseo no se apagó, solo se transformó en algo más profundo, un lazo erótico que nos unía para siempre.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.