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El Precio Caliente de la Harley Davidson Tri Glide Ultra

6627 palabras

El Precio Caliente de la Harley Davidson Tri Glide Ultra

Entraste al concesionario Harley Davidson en las afueras de Guadalajara con el sol pegando fuerte en la nuca y el olor a chrome nuevo invadiendo tus fosas nasales. El rugido lejano de motores probándose te erizó la piel. Ahí estaba ella la reina de las tres ruedas: la Harley Davidson Tri Glide Ultra reluciente en negro mate con detalles cromados que brillaban como promesas prohibidas. Tus dedos rozaron el manubrio frío y suave mientras imaginabas el viento azotándote en carretera abierta.

¿Cuánto valdrá esta chulada? pensaste mientras un escalofrío te recorría la espalda. De pronto una voz ronca y juguetona rompió el silencio.

¿Qué onda wey? ¿Vienes a soñar o a llevarte a la morra de tus sueños?

Te giraste y ahí estaba ella: Karla una chava de unos treinta con curvas que desafiaban la gravedad enfundada en jeans ajustados y una chamarra de piel que olía a aventura. Su cabello negro suelto caía en ondas salvajes ojos cafés que te taladraban con picardía. Te sonrió mostrando dientes perfectos y un tatuaje de águila asomando en su escote.

—Neta carnal esa Harley Davidson Tri Glide Ultra es la neta —dijiste tragando saliva—. Pero dime ¿cuál es el precio de la Harley Davidson Tri Glide Ultra? No quiero ilusiones vanas.

Se acercó rozando tu brazo con el suyo el calor de su cuerpo filtrándose a través de la tela. Su perfume mezclado con gasolina te mareó un poco.

—El precio de la Harley Davidson Tri Glide Ultra anda por los quinientos mil varos pero para un galán como tú tal vez podamos negociar algo especial —guiñó un ojo mordiéndose el labio—. ¿Quieres probarla? Yo te llevo de jale.

El corazón te latió como tambor de banda sinaloense. Esto no puede ser tan chido pensaste pero asentiste. Subiste atrás de ella en la bestia el asiento mullido abrazando tus nalgas. Karla giró la llave y el motor cobró vida con un trueno gutural que vibró hasta tus huesos. Aceleró y el mundo se volvió viento rugiente.

La carretera serpenteaba entre cerros verdes el sol filtrándose por nubes algodonosas. Sus caderas se mecían con cada curva presionando contra tu entrepierna. Sentías el calor de su espalda el sudor perlando su cuello oliendo a sal y deseo. Tus manos en su cintura bajaron un poco más apretando carne firme. Ella rio por encima del viento.

—¡Aguanta wey que esto apenas empieza!

Detuvo la moto en un mirador apartado con vista al cañón el sol tiñendo todo de oro líquido. Apagó el motor y el silencio repentino fue ensordecedor solo roto por sus respiraciones agitadas. Se bajó girándose hacia ti su pecho subiendo y bajando.

—Entonces ¿qué te parece la Harley Davidson Tri Glide Ultra? ¿Vale cada peso su precio?

La miraste sus labios carnosos entreabiertos la piel bronceada brillando de sudor. El deseo te quemaba como chile habanero.

—Neta Karla vale más que eso. Tú vales más —murmuraste acercándote.

Sus ojos se oscurecieron de lujuria. Te tomó de la nuca y te besó con hambre feroz lenguas danzando sabor a menta y asfalto caliente. Sus manos bajaron por tu pecho desabrochando tu camisa sintiendo tus músculos tensos. Gemiste contra su boca el roce de sus uñas en tu piel enviando chispas.

Esto es de locos pero qué chingón pensaste mientras la recargabas contra la moto el metal aún caliente abrasando su espalda a través de la chamarra. Ella jadeó arqueándose.

—Quítame esto pendejo —ordenó tirando de su chamarra.

La desvestiste con dedos temblorosos revelando senos plenos coronados de pezones duros como balines. Los besaste chupando lamiendo el sabor salado de su piel mezclado con el aroma almizclado de su excitación. Ella metió mano en tus pantalones encontrando tu verga tiesa palpitante.

—¡Órale qué mamalón! —rió apretándola con maestría mano arriba abajo lubricada por tu pre-semen.

La giraste de espaldas contra el tanque la Harley Davidson Tri Glide Ultra testigo muda de su entrega. Bajaste sus jeans exponiendo nalgas redondas perfectas. El sol lamía su piel mientras separabas sus labios húmedos resbalosos oliendo a mujer en celo. Metiste dos dedos adentro sintiendo su calor apretado contrayéndose.

—Sí wey métemela ya no aguanto —suplicó girando la cabeza ojos vidriosos.

Te posicionaste embistiéndola de un golpe profundo el roce de su coño aterciopelado envolviéndote como guante caliente. El slap de carne contra carne resonó en el cañón mezclado con sus gemidos roncos y tus gruñidos animales. Cada estocada hacía temblar la moto el manubrio vibrando como extensión de tu placer.

Sus paredes internas masajeaban tu verga succionando ordeñando cada vena hinchada. Sudor corría por tu espalda goteando en su raja. Ella se arqueó clavando uñas en el asiento rasgando el cuero sintético.

—¡Más duro cabrón fóllame como si fuera tuya la Harley!

Aceleraste el ritmo imaginando la carretera infinita el precio olvidado en el frenesí. Sus jugos chorreaban por tus bolas chapoteando con cada embestida. El olor a sexo crudo flotaba pesado como niebla matutina. Sentiste sus temblores previos al clímax piernas temblando.

—¡Me vengo wey ahhh! —gritó convulsionando ordeñándote con espasmos rítmicos.

Eso te llevó al borde explotaste dentro de ella chorros calientes pintando sus profundidades. El mundo se volvió blanco pulsos atronadores en oídos tacto piel jadeos entrecortados.

Colapsaron juntos sobre el asiento ella encima tuya piel pegajosa reluciente. Besos suaves post-orgasmo lenguas perezosas explorando. El sol bajaba tiñendo el cielo de rosa y naranja el viento fresco secando el sudor.

—Neta carnal —susurró Karla trazando círculos en tu pecho— ese fue el mejor test drive de mi vida. Por ti el precio de la Harley Davidson Tri Glide Ultra baja un veinte por ciento. Pero solo si prometes más vueltas así.

Risite abrazándola fuerte el corazón aún galopando.

Al diablo el precio pensaste esta chava y esta moto son mi nuevo vicio.

Regresaron al concesionario al atardecer el motor ronroneando satisfecho. Firmaste los papeles con sonrisa boba sabiendo que el verdadero costo fue pagado en éxtasis compartido. Esa noche soñaste con carreteras infinitas su cuerpo fundido al tuyo el rugido eterno de la Harley Davidson Tri Glide Ultra como banda sonora de pasiones futuras.

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