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Cafe Tacuba y El Tri en Ritmo de Piel

5870 palabras

Cafe Tacuba y El Tri en Ritmo de Piel

Entré al bar en el corazón de la Condesa, el aire cargado de humo de cigarro y ese olor a tequila reposado que te envuelve como un abrazo viejo. La música retumbaba fuerte, Café Tacuba soltando "Ingrata" con esa guitarra que te raspa el alma. Me acomodé en la barra, pedí un paloma bien fría, y ahí lo vi. Alto, moreno, con una sonrisa que prometía problemas chidos. Se acercó bailando al ritmo, su camisa ajustada marcando el pecho.

¿Y este pendejo qué? Neta, con esos ojos que me recorren como si ya supiera cómo sabe mi piel.

"¿Te late Café Tacuba?", me gritó por encima del ruido. Asentí, riendo, y le dije que era de mis chidos desde morrilla. Se presentó como Marco, carnal de aquí de la ciudad, fan de El Tri también. Justo cuando cambió a "Triste canción de amor", me jaló a la pista. Sus manos en mi cintura, firmes pero suaves, el calor de su cuerpo pegándose al mío al ritmo de la rola. Sudor mezclado con colonia barata, pero rica, como a hombre de verdad. Mi corazón latiendo a mil, el estómago revolviéndose de esa anticipación que te hace mojar sin permiso.

Bailamos un buen rato, cuerpos rozándose, risas compartidas sobre las letras cabronas de las canciones. "Pura pasión mexicana", dijo él, y yo pensé sí, wey, pero la que quiero es contigo. Al final de la noche, con El Tri tronando "Abuso", me invitó a su depa cerca. No lo pensé dos veces. "Vamos, que la noche está chida", le contesté, mi voz ronca de deseo.

Acto dos: El fuego subiendo

En su coche, un vocho viejo pero limpio, pusimos el disco de Café Tacuba que traía en el clúster. "Chilanga Banda" nos acompañó hasta su colonia, las luces de la ciudad parpadeando como estrellas borrachas. Al llegar, su depa era modesto pero con onda: posters de rock mexicano en las paredes, una cama king size que gritaba promesas. Me sirvió un trago de mezcal, puro, con sal y limón. Nos sentamos en el sofá, las piernas tocándose, el aire espeso de tensión.

Quiero besarlo ya, sentir su lengua explorándome, pero hay que ir despacio, que el deseo crezca como la rola que suena bajito.

Hablamos de todo: de cómo Café Tacuba te hace sentir vivo con sus coros locos, de El Tri y su rockazo que te pone a gritar verdades. Sus dedos jugaban con el borde de mi blusa, subiendo poquito a poco por mi muslo. Mi piel erizada, pezones duros contra el brasier. Lo miré fijo, y ahí fue: nuestros labios chocaron, suaves al principio, luego hambrientos. Sabía a mezcal y a hombre, lengua danzando como en un mosh pit. Manos por todos lados, la mía bajando por su espalda, sintiendo músculos tensos bajo la camisa.

Me quitó la blusa despacio, besando mi cuello, mordisqueando la clavícula. "Qué chula eres, neta", murmuró, voz grave que me vibró en el pecho. Yo le arranqué la playera, lamiendo su torso salado, oliendo su sudor fresco mezclado con el aroma de la noche. Caímos en la cama, Café Tacuba de fondo con "El puñal y el corazón", perfecto para lo que venía. Sus manos en mis chichis, amasándolas, pulgares en los pezones que me arrancaban gemidos. Bajó más, desabrochando mi jeans, besando mi ombligo, el vello que lleva al paraíso.

Yo no me quedé atrás: le bajé el pantalón, su verga ya dura, palpitando en mi mano. La acaricie despacio, sintiendo la piel suave sobre el acero, el calor que emanaba. "Métemela con la boca", le pedí, y él obedeció, lamiéndome el clítoris con maestría, lengua girando como un solo de guitarra. Grité su nombre, piernas temblando, el olor de mi excitación llenando la habitación, jugos resbalando por sus labios. Lo jalé arriba, queriendo sentirlo dentro ya, pero él jugó, frotándose contra mí, entrando poquito y saliendo, torturándome delicioso.

¡Pendejo, métela toda! Pero no, así está chingón, el fuego subiendo hasta que explote.

La intensidad creció: yo encima, cabalgándolo al ritmo de El Tri que puse en el teléfono, "Las mujeres" sonando como himno. Sus manos en mis nalgas, guiándome, embestidas profundas que me llenaban completa. Sudor goteando, pieles chocando con palmadas húmedas, gemidos mezclados con la música. Él volteándome, de perrito, agarrándome el pelo suave, entrando duro pero con cariño, sus bolas golpeando mi culo. "Te sientes de lujo, morra", jadeaba, y yo respondía arqueándome, pidiéndole más.

El clímax se acercaba: mis paredes apretándolo, su verga hinchándose. Cambiamos posiciones mil veces, explorando cada rincón, besos salados, mordidas en hombros. Finalmente, misionero, mirándonos a los ojos, el amor y lujuria fundidos. "Ven conmigo", le susurré, y explotamos juntos: yo convulsionando, gritando, él llenándome con chorros calientes, cuerpos temblando en éxtasis.

El afterglow

Quedamos tirados, jadeando, la música ahora bajita con "Cómo te extraño mi amor" de Café Tacuba, irónico y perfecto. Su brazo alrededor de mí, piel pegajosa de sudor y fluidos, olor a sexo puro en el aire. Besos suaves en la frente, risas cansadas. "Neta, lo más chido de la noche", dijo él, y yo asentí, trazando círculos en su pecho con el dedo.

Esto no fue solo un polvo, fue conexión, como si la música nos uniera en algo más grande. ¿Volverá a pasar? Ojalá, pero esta noche ya es eterna.

Nos quedamos así, hablando susurros de rolas favoritas, planes de conciertos futuros. El amanecer colándose por la ventana, tiñendo todo de rosa. Me vestí despacio, él mirándome con ojos que pedían más. "Llámame, ¿eh?", dijo en la puerta, beso largo de despedida. Salí a la calle, piernas flojas, sonrisa boba, el eco de Café Tacuba y El Tri aún latiendo en mi piel.

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