El Dry Trying Ardiente
La noche en mi depa de Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva. Javier y yo habíamos llegado de un fiestón en Reforma, con el cuerpo vibrando de tequila y risas. Él, mi chulo de ojos cafés y sonrisa pícara, me cargó en brazos hasta la recámara como si fuera una princesa. Órale, qué rico se siente su fuerza, pensé mientras olía su colonia mezclada con el sudor fresco de la pista de baile.
Nos tiramos en la cama king size, las sábanas de algodón egipcio frías contra mi espalda desnuda. Sus manos grandes recorrían mis curvas, apretando mis nalgas con esa hambre que me ponía la piel chinita. "Mamacita, te voy a comer viva", murmuró con esa voz ronca que me derrite. Yo reí, jalándole el pelo. "A ver si puedes, pendejo". Nuestros labios se chocaron, lenguas danzando con sabor a mezcal y menta. El beso era húmedo, profundo, y ya sentía mi corazón latiendo como tamborazo en sus tetas.
Pero cuando quise ir más allá, algo no cuajaba. Me abrí de piernas, guiando su verga dura como fierro hacia mi entrada. Estaba seca. No manches, ¿por qué justo hoy? El nerviosismo del día, el alcohol, o quién sabe, pero no lubricaba. Intentamos, ese dry trying inicial fue como roce de lija suave, un pinchazo placentero que me hizo jadear. "Espera, carnal", dije, mordiéndome el labio. Él se detuvo al instante, sus ojos buscando los míos. "¿Todo bien, ricura?" Asentí, pero el fuego ya ardía más fuerte por esa fricción inesperada.
Acto primero de nuestra noche: la tensión. Javier se recostó a mi lado, su pecho ancho subiendo y bajando. Olía a hombre puro, a deseo crudo. Sus dedos trazaron mi clavícula, bajando lento hasta mis pezones duros como piedras. Los pellizcó suave, mandándome chispas al cerebro.
¡Ay, wey, este dry trying me está volviendo loca! Quiero que entre, pero necesito que me prepares primero.Gemí bajito, arqueando la espalda. Él besó mi cuello, chupando la piel hasta dejarme marca. "Paciencia, mi amor. Vamos a hacer que chorrees". Su boca bajó, lamiendo mi ombligo, el vello púbico recortado. El sonido de su respiración caliente contra mi monte de Venus era música erótica.
En el medio del relajo, la escalada empezó de veras. Javier separó mis muslos con ternura, su aliento rozando mi clítoris hinchado. "Mira qué chula estás", dijo, y hundió la lengua. ¡Qué sabor! Salado dulce de mi propia excitación naciente. Lamía en círculos, chupando fuerte, mientras dos dedos se colaban adentro, curvándose para darme en el punto G. Sentí el calor líquido formándose, mis paredes contrayéndose. "¡Sí, así, cabrón!", grité, clavándole las uñas en los hombros. El cuarto se llenó de sonidos húmedos, slap-slap de su boca devorándome, mis gemidos ahogados como en ranchera prohibida.
Pero no bastaba. Quería más de ese dry trying que prometía explosión. Lo empujé hacia arriba, montándome a horcajadas. Su verga palpitaba contra mi vientre, venosa y caliente al tacto. La froté contra mi raja, aún semi-seca, el roce áspero mandándome ondas de placer doloroso. "Siente esto", le dije, mirándolo fijo. Él gruñó, manos en mi cintura. "Estás ardiendo, pero seca todavía. ¿Quieres que te moje?". Reí maliciosa. "No, déjame jugar". Me moví adelante atrás, dry humping puro, su glande rozando mi entrada sin entrar. La fricción era fuego, mi clítoris inflamado gritando por alivio. Sudor nos pegaba, olor a sexo inminente flotando como incienso.
La intensidad subía como olla exprés. Javier volteó el juego, poniéndome bocabajo. Sus besos cayeron en mi espalda, lengua trazando la curva de mi espinazo hasta el culo. Qué manos, qué todo. Metió un dedo lubricado con su saliva en mi ano, solo para tentarme, pero volvió a mi concha. Ahora sí, chorros de humedad salían, pero jugamos al límite. Intentó penetrarme de nuevo, ese dry trying ahora con algo de jugo, deslizándose un centímetro. Dolor-placer me hizo llorar de gusto. "¡Más despacio, amor!". Él obedeció, empujando lento, centímetro a centímetro, hasta llenarme. Sentí cada vena, cada pulso de su verga abriéndome.
El ritmo creció. Lo cabalgaba como jinete en palenque, tetas rebotando, su aliento en mi oreja: "¡Qué apretada, mi reina!". El slap de piel contra piel, mis jugos ahora chorreando por sus bolas, olor almizclado de follada intensa. Internamente, luchaba:
Este dry trying empezó torpe, pero mira cómo nos prende. Es nuestro, puro nosotros.Gemí más fuerte, paredes apretándolo. Él me volteó, misionero feroz, piernas en sus hombros. Profundo, golpeando mi cervix con amor. "¡Me vengo, pendeja mía!". El clímax nos azotó juntos. Ondas desde mi clítoris, contracciones ordeñándolo, chorro caliente suyo pintándome adentro. Grité su nombre, uñas en su espalda, mundo explotando en estrellas.
El final, afterglow puro. Colapsamos enredados, sudor enfriándose, corazones galopando al unísono. Besos suaves ahora, lengua perezosa. "Fue increíble ese dry trying", susurró él, acariciando mi pelo. Reí bajito. "Sí, wey. De seco a inundados". Olía a nosotros, a sexo satisfecho, sábanas revueltas testigos. Me acurruqué en su pecho, escuchando su corazón calmarse. Esto es lo que quiero siempre: tensión, juego, liberación. La ciudad zumbaba afuera, pero aquí, en nuestro nido, el mundo era perfecto. Mañana más, pero esta noche, el dry trying nos había unido más que nunca.