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Tri Partidos Ardientes

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Tri Partidos Ardientes

El estadio retumbaba con los gritos de la afición, pero en mi cabeza solo oía el latido de mi corazón acelerado. Era el primer partido de El Tri en las eliminatorias, y Marco, mi carnal desde la prepa, no paraba de brincar en el sofá de nuestro depa en Polanco. Yo, Ana, con mi shortcito ajustado y la blusa que deja ver justo lo necesario, me recargaba en su hombro, oliendo su colonia mezclada con el sudor fresco de la emoción. Órale, este wey se pone como loco con el fut, pensé, mientras mi mano bajaba despacito por su muslo.

La tele escupía los goles, el narrador gritaba "¡Golazo del Tri!", y Marco me jaló pa' besarme con esa hambre que solo el fut le despierta. Sus labios sabían a chela fría y papas fritas, ásperos pero calientes. Sentí su verga endureciéndose contra mi pierna, y un cosquilleo me subió por la panza.

Si este partido pinta pa' ganar, yo también voy a ganar algo esta noche
, me dije, mordiéndome el labio.

El primer tiempo terminó en empate, pero la tensión entre nosotros ya ardía. Marco apagó la tele un ratito pa' ir por más chelas, y yo me estiré en el sofá, dejando que mi blusa se subiera un poco, mostrando la piel morena de mi ombligo. Cuando volvió, sus ojos se clavaron ahí, y supe que el segundo tiempo iba a ser mío. Nos besamos lento, sus manos grandes explorando mis chichis por encima de la tela, pellizcando suave hasta que gemí bajito. El olor a su piel sudada me mareaba, como tierra mojada después de la lluvia en el DF.

El segundo partido del Tri fue una semana después, en casa de nuevo, pero esta vez invité a Lupe, mi compa del gym, pa' que no estuviéramos solos. Lupe es de esas morras altas, con curvas que matan, y siempre bromea con que soy la reina del desmadre. Marco la miró de reojo cuando llegó con su six de chelas y unos tacos de suadero que olían a gloria. Estos tri partidos me van a poner más caliente que el chile en nogada, pensé, mientras nos acomodábamos en el sillón grande.

El Tri iba ganando, el estadio en la tele rugía como un volcán, y Lupe empezó a animar, brincando y rozando mi pierna con la suya. Su perfume dulce, a vainilla y algo picante, se mezclaba con el humo de los tacos. Marco se paró pa' servir, y cuando volvió, su mano cayó casual en mi nalga, apretando fuerte. Yo volteé a Lupe, y vi ese brillo en sus ojos cafés.

¿Será que esta morra también siente la vibra?

En el medio tiempo, la cosa escaló. Marco me cargó pa' la cocina, me sentó en la isla de granito frío contra mi culo caliente, y me comió la boca mientras Lupe nos espiaba desde la puerta, riendo pendeja. "¡No mamen, cabrones, el Tri está jugando!", dijo ella, pero se acercó, su mano rozando mi espalda. Sentí su aliento tibio en mi cuello, y un escalofrío me recorrió entera. Marco gruñó bajito, su verga presionando mis muslos, dura como fierro. Yo metí mano por su pants, sintiendo el calor palpitante, la piel suave y venosa que se tensaba bajo mis dedos.

Volvimos al sofá pa' la segunda mitad, pero ya no veíamos puro fut. Lupe se pegó a mí, su lengua lamiendo mi oreja mientras Marco me bajaba el short. El sonido de los goles se perdía en mis jadeos, el aire cargado de olor a sexo incipiente, sudor y chela derramada. Sus dedos entraron en mí despacio, húmedos ya, rozando ese punto que me hace arquear la espalda. Qué chingón, estos tri partidos nos están volviendo locos.

El tercer partido era la neta, el decisivo pa' clasificar. Lo vimos en un bar chido de la Condesa, con pantallas gigantes y la afición enloquecida. Marco y Lupe ya eran parte del desmadre, y yo me sentía la reina del barrio. Vestida con una falda cortita que volaba con el aire acondicionado, y sin calzones pa' facilitar las cosas. El lugar olía a cerveza, hot dogs y hormonas alborotadas. Cada vez que El Tri metía gol, la gente brincaba, y nosotros nos rozábamos más.

En el baño del bar, durante el medio tiempo, la cosa explotó. Marco me acorraló contra la pared fría de azulejos, su boca devorando mi cuello, mordiendo suave hasta dejarme marca. Lupe entró sigilosa, cerrando la puerta con seguro. "Ya valió, vámonos a lo bueno", dijo ella, jalándome la falda pa' arriba. Sus labios encontraron los míos, su lengua juguetona, saboreando a mi lipstick de fresa. Marco se hincó, su aliento caliente en mi concha, lamiendo despacio, saboreando mis jugos que chorreaban como miel caliente.

Salimos del baño con las piernas temblando, el corazón a mil. Regresamos a la mesa, pero el partido ya no importaba. El Tri ganaba, la gente gritaba "¡México! ¡México!", y bajo la mesa, las manos volaban. La de Marco en mi entrepierna, frotando mi clítoris hinchado, y la mía en la verga de él, masturbándolo lento por encima del pantalón. Lupe metió su pie descalzo en mi pantorrilla, subiendo hasta rozarme el interior del muslo, su piel suave como seda.

Estos tri partidos han sido lo mejor que me ha pasado, puro fuego y placer compartido
, pensé, mientras el orgasmo me empezaba a construir como una ola en la costa de Puerto Vallarta.

Dejamos el bar apenas terminó el partido, El Tri clasificado, y nos fuimos a mi depa en un taxi que olía a cuero nuevo. Adentro, la ropa voló. Marco me tumbó en la cama king size, sus músculos tensos brillando de sudor bajo la luz tenue. Lupe se quitó la blusa, sus chichis firmes saltando libres, pezones duros como piedras. Yo me arrodillé entre ellos, chupando la verga de Marco, gruesa y salada, mientras Lupe lamía mis tetas, succionando fuerte hasta que dolió rico.

Marco me penetró despacio al principio, su cadera chocando contra mi culo con un plaf húmedo, el sonido llenando la habitación junto a nuestros gemidos. Lupe se sentó en mi cara, su concha depilada rozando mi lengua, jugosa y dulce como mango maduro. La lamí ansiosa, sintiendo sus muslos apretándome la cabeza, su clítoris palpitando bajo mi boca. El olor a sexo nos envolvía, espeso, animal, mezclado con el perfume de Lupe y el aftershave de Marco.

Cambié posiciones, montando a Marco mientras él me llenaba entera, su verga golpeando profundo, rozando mi punto G hasta que vi estrellas. Lupe se pegó a mi espalda, sus dedos jugando con mi ano, untando saliva pa' meter uno despacito, expandiéndome con placer nuevo. ¡Qué rico, pendejos, no paren!, grité en mi mente, el cuerpo temblando. Marco aceleró, sus bolas golpeando mi piel, sudor goteando en mi espalda.

El clímax llegó como un gol en el último minuto. Primero Lupe, convulsionando en mis tetas, gritando "¡Sí, Ana, chúpame más!". Luego yo, explotando alrededor de Marco, mi concha apretándolo como puño, jugos chorreando por sus muslos. Él se corrió adentro, caliente y espeso, llenándome hasta rebosar, su gruñido ronco vibrando en mi pecho.

Nos tumbamos jadeantes, pieles pegajosas, el aire pesado de nuestro aroma compartido. Afuera, la ciudad DF zumbaba con cláxones celebrando al Tri, pero nosotros ya teníamos nuestra victoria. Marco me besó la frente, Lupe acurrucada en mi otro lado.

Estos tri partidos no solo clasificaron a México, nos clasificaron a nosotros pa' algo más grande: puro amor carnal y amistad caliente
.

Despertamos con el sol filtrándose por las cortinas, cuerpos entrelazados, sonrisas pendejas. Sabíamos que vendrían más partidos, más noches así. El fut une a la gente, pero el deseo nos hace eternos.

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