Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Estoy Intentando Mantener el Control Estoy Intentando Mantener el Control

Estoy Intentando Mantener el Control

6782 palabras

Estoy Intentando Mantener el Control

La luz del atardecer se filtra por las cortinas de mi departamento en Polanco, tiñendo todo de un naranja cálido que huele a jazmín del jardín de abajo. Estoy sentada en el sillón de cuero, con las piernas cruzadas, fingiendo leer un libro de gramática inglesa. Neta, ¿por qué elegí este pinche libro justo hoy? Marco va a llegar en cualquier momento, y yo aquí, intentando mantener el control. Mi corazón late como tamborazo en quinceañera, y siento un cosquilleo entre las piernas que no me deja concentrarme. Hacía meses que no nos veíamos, desde esa noche loca en la playa de Puerto Vallarta donde nos besamos hasta el amanecer. Ahora es mi alumno de inglés privado, pero ¿quién engaña a quién? Sé que esta clase va a salirse de control.

El timbre suena, y mi piel se eriza al instante. Abro la puerta y ahí está él, con su camisa ajustada que marca esos pectorales que tanto me gustan, jeans desgastados y esa sonrisa pícara que dice "wey, te voy a comer viva". Huele a colonia fresca mezclada con el sudor ligero del tráfico de la Ciudad de México. "¡Hola, profe Sofia!" dice con ese acento chilango juguetón. Lo invito a pasar, y mientras cierra la puerta, su mano roza mi cintura. El toque es eléctrico, como si mi cuerpo gritara tómame ya, pendejo.

Nos sentamos en la mesa del comedor, libros abiertos. Le explico el present continuous: "Se usa para acciones que están pasando ahora, como 'I am eating' o 'Estoy comiendo'". Él asiente, pero sus ojos recorren mis tetas bajo la blusa escotada. "Entonces, ¿yo estoy present continuous trying to concentrate?" bromea en su inglés torpe, y suelta una carcajada. Me río, pero estoy intentando mantener el control. Su rodilla toca la mía bajo la mesa, y el calor sube por mis muslos. "Exacto, Marco, estás en present continuous try para no distraerte", respondo, mordiéndome el labio. El aire se carga de tensión, huele a deseo, ese aroma almizclado que sale de nuestra piel.

De repente, su mano sube por mi muslo. "Profe, neta no aguanto más". Lo miro fijo, el pulso acelerado retumbando en mis oídos. "¿Qué estás haciendo, wey?" pregunto, pero mi voz sale ronca, traicionándome. Él se acerca, su aliento cálido en mi cuello. "Estoy present continuous trying to kiss you", murmura, y sus labios rozan los míos. El beso es suave al principio, explorador, saboreando el gloss de fresa en mi boca. Luego se profundiza, lenguas danzando, manos enredándose en el pelo. Siento su erección presionando contra mi vientre, dura como piedra, y un gemido escapa de mi garganta.

¡Pinche Marco, me estás volviendo loca! Estoy intentando no arrastrarte a la cama ya mismo, pero tu boca sabe a tequila y pecado.

Acto primero del desastre: lo empujo contra el sillón, montándome a horcajadas. Mis caderas se mueven solas, frotándome contra él. Él gime, manos amasando mis nalgas por encima de la falda. "Quítate eso, Sofia", ordena con voz grave. Le obedezco, quitándome la blusa despacio, dejando que vea mis pezones endurecidos bajo el brasier de encaje negro. El sonido de la tela rasgándose un poco al liberarme lo enloquece. Baja la cabeza y chupa uno, la lengua caliente y húmeda girando, enviando chispas directo a mi clítoris. Huelo mi propia excitación, ese olor dulce y salado que impregna el aire. "¡Ay, wey, qué rico!" jadeo, arqueando la espalda.

Lo levanto, lo arrastro al cuarto. La cama king size nos espera, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Nos desnudamos mutuamente, piel contra piel. Su verga salta libre, gruesa, venosa, con la cabeza brillando de precúm. La acaricio, sintiendo el pulso bajo mis dedos, el calor que quema. Él me tumba, besa mi ombligo, baja despacio. Estoy intentando no rogarle que me coma ya. Su aliento caliente en mi panocha me hace temblar. Lengua adentro, lamiendo mis labios hinchados, chupando el clítoris con succiones expertas. Saboreo el sudor en mi propia piel mientras me retuerzo. "¡Más, cabrón, no pares!" grito, piernas temblando. El sonido húmedo de su boca en mí es obsceno, delicioso.

El medio tiempo de la locura: lo monto. Guío su verga a mi entrada, resbaladiza de jugos. Bajo despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me estira, me llena. "¡Chingada madre, qué grande estás!" gimo. Empiezo a cabalgar, lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones. El slap-slap de carne contra carne llena la habitación, mezclado con nuestros jadeos. Sudor perla su pecho, lo lamo, salado y masculino. Estoy intentando mantener el control, no correr demasiado pronto, pero él empuja desde abajo, golpeando mi punto G. "Present continuous try para no correrme, profe", gruñe juguetón, y eso me prende más.

Sus ojos clavados en los míos, ese verde intenso que me hipnotiza. Siento mi orgasmo construyéndose, una ola gigante en el Pacífico. No, Sofia, aguanta, hazlo durar.

Cambio de posición: él arriba, misionero profundo. Piernas en sus hombros, entra hasta el fondo, el glande besando mi cervix. Cada embestida es un trueno, mi clítoris frotándose contra su pubis. El olor a sexo nos envuelve, almizcle, sudor, lubricante natural. "¡Dame más duro, Marco! ¡Fóllame como animal!" lo provoco. Él acelera, gruñendo como león, "Eres mía, pinche diosa". Mis uñas en su espalda, arañando, dejando marcas rojas. El clímax me golpea primero: contracciones violentas, chorros de placer salpicando, grito ahogado que retumba en las paredes. Él sigue, prolongando mi éxtasis, hasta que se tensa, "¡Me corro, Sofia!", y siento su leche caliente inundándome, pulso tras pulso.

Caemos exhaustos, cuerpos enredados, respiraciones entrecortadas. El afterglow es puro paraíso: su cabeza en mi pecho, dedos trazando círculos en mi vientre. Huele a nosotros, a sexo satisfecho, a promesas. "Neta, wey, eso fue chingón", murmuro, besando su frente húmeda. Él ríe bajito. "Lección aprendida: present continuous try no funciona contigo". Sonrío, sintiendo el semen escurrir entre mis piernas, recordatorio pegajoso de nuestra entrega.

Ya no intento controlar nada. Con él, me suelto, me empodero en cada gemido, cada corrida. Esto es lo que necesitaba: pasión mexicana, cruda y real.

Nos quedamos así hasta que el sol se esconde, planeando la próxima "clase". El corazón ya no late desbocado; late en ritmo con el suyo. Placer total, control olvidado.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.