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Cosas con tra tre tri tro tru calientes

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Cosas con tra tre tri tro tru calientes

Estábamos en mi depa en la Roma Norte, con las luces tenues del skyline de la CDMX filtrándose por las cortinas. Tú, Alex, mi carnal de toda la vida que se había convertido en algo mucho más chido, me mirabas con esa sonrisa pícara que me ponía la piel chinita. Habíamos llegado de una peda en un bar de Polanco, con el tequila todavía quemándonos la garganta y el calor de la noche pegado a la ropa. Órale, esta noche va a estar buena, pensé mientras te veía quitarte la chamarra de cuero, dejando ver tu camisa ajustada que marcaba tus pectorales.

"Wey, ¿jugamos a algo?", dijiste con voz ronca, acercándote despacio. El aroma de tu colonia, esa mezcla de madera y cítricos, me envolvió como una caricia. Asentí, sintiendo ya el pulso acelerado en el cuello. "Algo con cosas con tra tre tri tro tru", propusiste riendo, recordando ese trabalenguas pendejo que nos decíamos de morros en las fiestas. Pero esta vez lo ibas a torcer todo a lo sensual. "Quien se equivoque, pierde prenda o hace lo que el otro diga. ¿Simón?"

Me reí, nerviosa y excitada. "Sale, pendejo. Empieza tú". Te paraste frente a mí, con las manos en los bolsillos, y trataste: "Cosas con tra tre tri tro tru, tres tractores trillan trigo traicionero". Te enredaste en "tru", y yo aplaudí burlona. "¡Perdiste! Quítate la camisa". Obedeciste lento, dejando que tus dedos desabotonaran uno a uno, revelando tu pecho moreno, suave al tacto cuando lo rocé con las yemas. Su calor me erizó los vellos, y olí tu piel salada, mezclada con el sudor ligero de la noche.

¡Neta, este juego me está prendiendo cañón!

Mi turno. Respiré hondo, sintiendo mis pezones endurecerse bajo el brasier de encaje. "Cosas con tra tre tri tro tru, traga el trébol triplemente trotado". ¡Chin! Me trabé en "tro". Tú te lamiste los labios, ojos brillantes. "Bra, quítate el vestido". Deslicé la tela por mis hombros, el roce fresco contra mi piel caliente, hasta que quedé en lencería negra, mis curvas expuestas. Te oí tragar saliva, y el sonido fue como un trueno en mis oídos. Te acercaste, tu aliento cálido en mi cuello: "Ahora, bésame aquí". Tus dedos señalaron justo debajo de la oreja. Mis labios tocaron tu piel, saboreando el salado, mientras tu mano bajaba por mi espalda, deteniéndose en la curva de mis nalgas.

El juego escalaba. Tú fallaste otra: "Cosas con tra tre tri tro tru, treinta trigres tristes tragan trozos". Te pedí que me masajearas los hombros. Tus manos fuertes amasaron mi carne, pulgares presionando nudos, enviando ondas de placer hasta mi entrepierna. Gemí bajito, el sonido vibrando en la habitación silenciosa salvo por nuestro jadeo. Olía a nosotros ya, ese musk de deseo que flotaba pesado. Mi turno de nuevo: me equivoqué adrede casi, para sentir tus dedos en mis muslos. "Abre las piernas un poquito", murmuraste, y obedecí, el aire fresco lamiendo mi humedad creciente a través de las panties.

Quedamos casi desnudos. Tú en boxers, yo sin nada más que el brasier. El piso alfombrado bajo mis pies descalzos era suave, contrastando con la dureza de tu erección presionando la tela. "Cosas con tra tre tri tro tru", intenté, pero la risa me traicionó. "Todo tuyo", dije rendida. Me tomaste en brazos, llevándome a la cama king size, las sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente. Tus labios capturaron los míos, beso profundo, lenguas danzando con sabor a tequila y menta. Mordisqueaste mi labio inferior, tirando suave, y bajaste por mi cuello, lamiendo hasta el valle entre mis senos.

Desabroché tu boxer, liberando tu verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en mano, piel aterciopelada sobre acero, sintiendo su pulso contra mi palma. "Qué chingona", susurré, y tú gruñiste, el sonido animal vibrando en tu pecho. Me quitaste el brasier, pezones duros como piedras rozando tu torso. Chupaste uno, lengua girando, dientes rozando lo justo para que arqueara la espalda. El placer era eléctrico, rayos bajando directo a mi clítoris hinchado. Olía mi propia excitación, dulce y almizclada, mezclada con tu sudor.

No aguanto más, lo quiero dentro ya, pero este juego... ay, wey, me tiene al borde.

Volvimos al juego, pero ahora desnudos, cuerpos entrelazados. Tú sobre mí, tu peso delicioso, no aplastante. "Cosas con tra tre tri tro tru, trata de tragar mi trozo tremendo", dijiste juguetón, guiñando. Fallaste a propósito, y yo reí, empujándote para montarte. Mis muslos lo aprisionaron, sintiendo tu dureza contra mi entrada húmeda. Deslicé hacia abajo lento, centímetro a centímetro, el estiramiento ardiente y perfecto. Gemiste fuerte, manos en mis caderas, uñas clavándose leve. "¡Órale, qué rica tu concha!", exclamaste, y empecé a moverme, vaivén rítmico, mis senos rebotando, tu vista fija en ellos.

El slap de piel contra piel llenaba la habitación, junto con nuestros jadeos y el crujir de la cama. Sudor perlaba tu frente, goteando a mi pecho, salado al lamerlo. Aceleré, clítoris rozando tu pubis, building esa tensión que me hacía temblar. Tú volteaste, poniéndome debajo, embistiendo profundo, cada thrust tocando ese punto que me hacía ver estrellas. "Más fuerte, carnal", rogué, piernas enredadas en tu cintura. Tus bolas golpeaban mi culo, sonido húmedo y obsceno. Olía a sexo puro, intenso, embriagador.

La intensidad crecía, mis uñas arañando tu espalda, dejando marcas rojas. "Cosas con tra tre tri tro tru", balbuceé entre gemidos, y reímos, pero el clímax nos alcanzó. Tú primero, cuerpo tenso, gruñendo mi nombre mientras te vaciabas dentro, chorros calientes llenándome. Eso me empujó al borde: olas de placer me barrieron, concha contrayéndose alrededor de ti, grito ahogado escapando de mi garganta. Tiemblé entera, visión borrosa, solo sensaciones: tu peso colapsando suave, labios besando mi sien.

Quedamos así, enredados, respiraciones calmándose. El aire olía a nosotros, satisfechos, con el eco distante de la ciudad. Te besé el hombro, saboreando el salado residual. "Las mejores cosas con tra tre tri tro tru", murmuraste riendo bajito. Sonreí, trazando círculos en tu pecho. Esto es lo que necesitaba, conexión de verdad, no solo un polvo. La noche se extendía, promesa de más rondas, pero por ahora, el afterglow era perfecto, cuerpos calmos, almas en paz.

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