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Trío de Guitarras Ardientes

6750 palabras

Trío de Guitarras Ardientes

Entras al bar de la Condesa con el pulso acelerado, el aire cargado de humo de cigarro y ese olor a tequila fresco que siempre te pone de buenas. La música te golpea de inmediato: un riff salvaje de guitarras que vibra en tu pecho como un latido extra. Órale, piensas, este guitar trio la está armando en grande. Tres weyes en el escenario, todos sudados bajo las luces rojas, con camisetas pegadas al cuerpo y jeans que marcan justo lo que hay que marcar.

Neta, estos carnales tocan como si estuvieran cogiendo las cuerdas, te dices mientras te acercas a la barra, el sonido de las guitarras electrificándote la piel, haciendo que tus pezones se endurezcan bajo la blusa ligera.

El del centro, Alex, con pelo negro largo y tatuajes asomando en los brazos, te clava la mirada mientras desliza los dedos por el mástil. A su izquierda, Marco, moreno chaparro pero con unos ojos que queman y una sonrisa pícara. Y a la derecha, Luis, el güero alto, con barba recortada y manos grandes que parecen hechas para agarrar. Tocan un cover de Caifanes, pero lo hacen suyo, más crudo, más carnal. El público grita, pero tú sientes que tocan para ti. Pides un paloma, el limón ácido en la lengua mezclándose con la sal del vaso, y no puedes dejar de mover las caderas al ritmo.

Terminan la rola y Alex agarra el micrófono. "¡Gracias, Condesa! ¿Quién se anima a subir y tocar con el guitar trio?" Sus ojos recorren la multitud y se detienen en ti. "¡Tú, morra, la de la blusa roja! ¿Tocas?" El bar estalla en aplausos, y tú, con el corazón en la garganta, sientes un cosquilleo entre las piernas. ¿Por qué no? Subes al escenario, el calor de las luces derritiéndote la piel, y Alex te pasa una guitarra acústica. Tus dedos rozan los suyos, ásperos por las cuerdas, y un chispazo te recorre el cuerpo.

Empiezan un blues lento, sensual. Tú sigues el ritmo, pero Marco se acerca por detrás, su aliento caliente en tu cuello mientras ajusta tus dedos en el diapasón. "Así, nena, aprieta fuerte", murmura, y su voz grave te hace apretar los muslos. Luis toca un solo que suena como un gemido, y Alex te guiña el ojo, lamiéndose los labios. El público no ve las manos de Marco rozando tu cintura, ni cómo Luis te roza el culo con la cadera al moverse. Sudas, el olor a hombre mezclado con madera de guitarra te invade las fosas nasales, y sientes tu panocha humedeciéndose con cada acorde.

Terminan la jam, y el bar aplaude como loco. Bajan del escenario contigo, riendo. "¡Qué chingona tocas, wey!" dice Luis, pasándote una cerveza fría que gotea en tu mano. Charlan, coquetean. Alex te cuenta que viven cerca, en un depa chido con estudio propio. "¿Quieres seguir la fiesta? Tenemos más guitarras y chelas", propone Marco, su mano en tu espalda baja, un toque inocente pero que quema. Tú asientes, el deseo latiendo en tu vientre como un bajo distorsionado. Sí, quiero más de este guitar trio.

Llegan al depa, un lugar moderno con ventanales a la ciudad, luces tenues y guitarras por todos lados. Pones música de fondo, pero pronto Alex saca las suyas. "Vamos a improvisar algo", dice, y se sientan en el sofá grande, tú en medio. Empiezan a tocar suave, dedos volando sobre cuerdas, y tú sientes sus cuerpos pegados al tuyo. El calor de Marco a tu izquierda, el muslo de Luis a la derecha. Alex deja la guitarra y te besa el cuello, lento, su barba raspando tu piel suave.

¡Madre santa, esto es real! piensas, mientras su lengua traza tu clavícula, saboreando el sudor salado. Tu mano va sola a la entrepierna de Marco, sintiendo su verga endureciéndose bajo el jeans.

"¿Está chido?" pregunta Alex, deteniéndose para mirarte a los ojos. Tú asientes, mordiéndote el labio. "Más que chido, carnales. No paren". Marco suelta la guitarra y te besa la boca, su lengua invadiendo con hambre, gusto a cerveza y menta. Luis desabrocha tu blusa, exponiendo tus chichis al aire fresco, y chupa un pezón con delicadeza, luego con fuerza, haciendo que gimas contra la boca de Marco. Sus manos everywhere: ásperas de cuerdas, expertas en frotar, pellizcar, excitar.

Te levantan como si no pesaras, te llevan al cuarto. La cama king size huele a sábanas limpias y loción masculina. Te desnudan despacio, saboreando cada centímetro. Alex besa tu ombligo, bajando, su aliento caliente sobre tu monte de Venus. Marco y Luis se quitan la ropa, sus vergas saltando libres, gruesas, venosas, listas. "Eres una diosa", dice Luis, y tú te arrodillas, tomando la de Marco en la boca primero, saboreando el precum salado, mientras acaricias la de Luis. Alex se pone detrás, lamiendo tu clítoris desde atrás, su lengua vibrando como un pedal de efectos.

El ritmo sube. Te tumban boca arriba, Alex entra en ti primero, lento, llenándote centímetro a centímetro. "¡Qué rica estás, tan apretada!" gime, y tú arqueas la espalda, sintiendo cada vena pulsando dentro. Marco te besa, Luis mama tus tetas, y el placer se acumula como un solo interminable. Cambian posiciones: tú encima de Luis, cabalgándolo, su verga golpeando profundo, mientras Marco te coge la boca y Alex frota su punta contra tu ano, lubricado con saliva.

No puedo más, voy a explotar como un amp a todo volumen, piensas, el sudor chorreando, olores a sexo crudo llenando la habitación, gemidos mezclados con risas roncas.

El clímax llega en oleadas. Primero Luis, gruñendo tu nombre mientras se corre dentro, caliente, espeso. Tú explotas con él, contrayéndote alrededor, olas de placer cegándote. Alex toma su lugar, follándote duro, sus bolas chocando contra tu culo. Marco se corre en tu boca, y tú tragas, empoderada, reina del guitar trio. Alex termina con un rugido, llenándote de nuevo, y caes sobre ellos, exhausta, pieles pegajosas, respiraciones agitadas.

Se acurrucan contigo, caricias suaves ahora, besos tiernos en la frente. "Eres increíble, morra", murmura Marco, su mano en tu cadera. Luis trae agua fría, y beben, riendo de la noche loca. Alex toca una guitarra suave, una melodía post-sexo que suena a promesa. Te vistes despacio, pero con una sonrisa que no se borra.

Salen a la terraza, amanecer tiñendo el cielo de rosa. "Vuelve cuando quieras, parte del guitar trio", dice Alex, besándote profundo una última vez. Tú caminas a la calle, piernas flojas, cuerpo zumbando como después de un concierto épico. Neta, la mejor rola de mi vida. Y sabes que no será la última.

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