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El Sexo Trios Gif que Nos Enciende

6334 palabras

El Sexo Trios Gif que Nos Enciende

Era una de esas noches en la Condesa donde el aire huele a tacos al pastor y a jazmines revueltos con el humo de los antros. Yo, Ana, acababa de cumplir veintiocho y mi carnal, Luis, me había arrastrado a una peda con sus cuates. Ahí estaba ella, Karla, la morra de ojos verdes que siempre andaba coqueteando con un vestido que se pegaba como segunda piel. Neta, desde que la vi entrar, sentí un cosquilleo en el estómago, como si el tequila ya me estuviera hablando.

¿Qué pedo contigo, Ana? ¿Ya te estás imaginando pendejadas? me dije mientras reía con ellos en la terraza. Luis, con su sonrisa de diablo y esos brazos que me vuelven loca, me jaló pa' sentarme en sus piernas. Karla se acercó con su celular en la mano, oliendo a perfume dulce y a algo más, como deseo crudo.

—Órale, wey, échale un ojo a este sexo trios gif que me mandaron —dijo Karla, con esa voz ronca que eriza la piel—. Es de locos, neta.

El gif se abrió en la pantalla: tres cuerpos entrelazados, moviéndose en un ritmo hipnótico, piel contra piel, gemidos mudos pero que se sentían en el pecho. El sudor brillaba bajo luces tenues, las manos explorando curvas, lenguas trazando caminos húmedos. Mi pulso se aceleró, el calor subió por mis muslos. Luis soltó un silbido bajo, su mano apretándome la cadera.

—Pinche gif cabrón —murmuró él, su aliento caliente en mi oreja—. ¿No te dan ganas, mi reina?

Yo solo asentí, con la boca seca. Karla nos miró, mordiéndose el labio, y supe que la noche iba pa'l carajo... o pa'l cielo.

Regresamos a nuestro depa en Polanco, el taxi oliendo a cuero nuevo y a la promesa de lo que vendría. La ciudad zumbaba afuera, luces neón parpadeando como testigos mudos. Adentro, el aire se sentía pesado, cargado de electricidad. Karla se quitó los tacones con un suspiro, sus pies perfectos rozando la alfombra. Luis puso música, un reggaetón suave con bajo que vibraba en el piso.

Nos sentamos en el sofá de terciopelo, yo en medio, flanqueada por ellos. El gif seguía en mi mente, reproduciéndose en loop: el roce de pechos, el arco de una espalda, el jadeo sincronizado.

¿Y si lo hacemos real? ¿Y si dejo que sus manos me quemen?
pensé, mientras Karla me ofrecía un trago de mezcal ahumado, sus dedos rozando los míos.

—Ana, preciosa, ¿sigues pensando en ese sexo trios gif? —preguntó ella, su aliento con sabor a humo y miel.

Luis se inclinó, besándome el cuello, su barba raspando deliciosamente. —Dime que sí quieres, mi amor. Todo consensual, todo chido.

Asentí, el corazón latiéndome en la garganta. Sus labios se encontraron con los míos primero, suaves, exploradores. Karla observaba, su mano en mi muslo, subiendo despacio, el calor de su palma traspasando la falda. Olía a vainilla y a excitación, ese aroma almizclado que inunda el aire cuando el cuerpo se despierta.

La tensión crecía como una ola. Luis me desabrochó la blusa, sus dedos callosos contrastando con la seda. Karla se unió, besando mi hombro, su lengua trazando círculos que me erizaron. Neta, esto es mejor que cualquier gif, pensé, mientras sus bocas se alternaban en mi piel, succionando, lamiendo. El sonido de respiraciones agitadas, de telas deslizándose, llenaba la habitación. Mi piel ardía, pezones endurecidos rozando sus lenguas.

Me recostaron en el sofá, yo en el centro del universo. Luis se arrodilló, bajando mi falda, besando el interior de mis muslos. El olor de mi propia humedad se mezclaba con el de ellos, embriagador. Karla se quitó el vestido, revelando curvas perfectas, pechos firmes que se mecían al ritmo de su respiración. Se inclinó sobre mí, sus labios capturando mi boca en un beso profundo, lenguas danzando, sabor a mezcal y sal.

—Qué rico sabes, Ana —susurró ella, mientras su mano bajaba a mi entrepierna, dedos hábiles separando pliegues húmedos.

Gemí contra su boca, el placer como chispas. Luis se unió, su lengua en mi clítoris, lamiendo con hambre, succionando hasta que mis caderas se arquearon. El sonido era obsceno: lamidas húmedas, mis jadeos, sus gruñidos. Sudor perlando frentes, pieles chocando. Karla montó mi rostro, su sabor dulce y salado inundando mi lengua mientras yo la devoraba, sus gemidos vibrando en mi pecho.

Esto es el paraíso, wey, pensé, perdida en el torbellino. Cambiaron posiciones, fluido como el gif que nos inspiró. Luis entró en mí despacio, llenándome, su grosor estirándome deliciosamente. Karla lo besaba, luego a mí, sus pechos rozando mi espalda mientras me penetraba con los dedos desde atrás. El ritmo se aceleró: embestidas profundas, dedos curvándose en mi G, bocas devorando pezones.

El clímax se acercaba, tensión enredada como resortes. Mis uñas clavándose en la espalda de Luis, su olor a hombre sudado, almizcle puro. Karla aceleró, su voz quebrándose: —¡Ven, Ana, ven con nosotros!

Exploté primero, olas de placer convulsionándome, gritando su nombre. Luis me siguió, gruñendo, caliente dentro de mí. Karla se corrió en mi mano, temblando, jugos resbalando por mis dedos.

Caímos en un enredo de miembros, respiraciones entrecortadas, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El aire olía a sexo crudo, a satisfacción profunda. Luis me besó la frente, Karla acurrucada en mi otro lado, su mano trazando círculos perezosos en mi vientre.

—Pinche sexo trios gif que nos armó esto —rió Luis, voz ronca.

Yo sonreí, el cuerpo lánguido, el alma plena.

¿Repetimos? Neta, que sí
, pensé, mientras el sueño nos envolvía en esa burbuja de intimidad mexicana, caliente y sin remordimientos.

Al amanecer, el sol filtrándose por las cortinas, nos despertamos con besos suaves. Café negro humeante, risas compartidas. No hubo arrepentimientos, solo una conexión más profunda, un secreto ardiente que nos unía. Karla se despidió con un guiño, prometiendo más noches locas. Luis y yo, en la cocina, nos miramos con picardía.

—Eres lo máximo, mi reina —dijo él, abrazándome.

Y yo supe que ese gif había sido solo el chispazo. Lo nuestro era fuego puro, consensual, empoderador. La vida en la CDMX sigue, pero ahora con un sabor extra picante.

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