Por Que Probar Ariana Grande
Estaba en la afterparty del concierto de Ariana Grande en el Palacio de los Deportes, un chingón evento en el corazón de la CDMX. El antro en Polanco rebosaba de luces neón parpadeantes, música electrónica retumbando en los pechos como un corazón acelerado, y el olor a tequila reposado mezclado con perfumes caros flotando en el aire cálido. Yo, un promotor de eventos de treinta y tantos, con mi camisa negra ajustada que marcaba mis pectorales del gym, me movía entre la raza VIP como pez en el agua. Neta, qué chido, pensé, sorbiendo un trago de Jack Daniels con hielo que picaba dulce en la lengua.
De repente, la vi. Ariana Grande, en carne y hueso, con ese ponytail alto icónico, un vestido rojo ceñido que abrazaba sus curvas como una segunda piel, subiendo por sus muslos interminables hasta dejar ver un pedacito de nalga cuando se movía. Sus labios pintados de glossy brillaban bajo las luces, y sus ojos, puta madre, me clavaron como dagas. Estaba rodeada de guardaespaldas y fans babosos, pero su mirada se cruzó con la mía. Sonrió, juguetona, y levantó su copa. Mi verga dio un brinco en los pantalones. Todos mis cuates decían "why try Ariana Grande", como si fuera imposible acercarme a una diosa así. ¿Por qué intentarlo? Neta, pendejos, me dije, mientras mi pulso se aceleraba como tambores de cumbia.
¿Y si lo hago? ¿Y si esta noche la hago mía? Su piel debe oler a vainilla y sudor dulce, sus tetas perfectas apretándose contra mi pecho...
Me acerqué con paso seguro, el piso vibrando bajo mis zapatos de piel. "Hola, Ariana", le dije en inglés fluido, porque soy bilingüe y sé que le cae bien. Ella giró, su perfume invadió mis fosas nasales: jazmín y algo almizclado, puro fuego. "¿Qué onda? Gran show", agregué con mi acento mexicano que siempre conquista. Rió, una carcajada cristalina que ahogó la música por un segundo. "Gracias, guapo. ¿Eres de aquí?" Su voz era como terciopelo rozando la piel, suave y ronca al final.
Charlamos, coqueteando. Le conté de las fiestas locas en la Roma, de tacos al pastor a medianoche que la hicieron lamerse los labios. Ella se acercó más, su mano rozando mi brazo, enviando chispas eléctricas por mi espina. "Why try with someone like you?", bromeó, citando esa frase que todos murmuraban, pero sus ojos decían lo contrario. Sentí su aliento cálido en mi oreja cuando se inclinó: "Pero neta, me caes bien". Mi corazón latía tan fuerte que juraba que ella lo oía. La tensión crecía, como el calor entre los muslos antes de explotar.
Acto uno cerrado, pensé. La invité a bailar. La pista era un mar de cuerpos sudados, luces estroboscópicas pintando su piel de rojo y azul. La tomé de la cintura, delgada pero firme, mis dedos hundiendo en la carne suave bajo el vestido. Ella se pegó a mí, su culo redondo presionando mi paquete endurecido. Bailábamos reggaetón mezclado con sus hits, sus caderas girando en círculos hipnóticos. Olía a ella intensamente ahora: sudor salado, perfume y un toque de excitación femenina que me volvía loco. "Estás cañón", le susurré al oído, mordisqueando el lóbulo. Gimió bajito, un sonido que vibró directo a mi entrepierna.
La llevé a una zona privada, un sofá de terciopelo en un rincón apartado, con vista al skyline de Reforma titilando como estrellas. Nos sentamos pegados, sus muslos contra los míos, piel con piel porque el vestido se había subido. "Quiero probarte", le dije, mi voz ronca. Ella me miró, pupilas dilatadas, labios entreabiertos. "Why not?", respondió, y me jaló para un beso. Puta madre, sus labios eran puro fuego líquido. Su lengua danzó con la mía, dulce como chicle de fresa, saboreando el whiskey en mi boca. Mis manos exploraron: bajé por su espalda arqueada, apreté sus nalgas carnosas, sintiendo el calor irradiando.
La tensión subía como fiebre. Ella jadeaba contra mi cuello, sus uñas arañando mi nuca con delicioso dolor. "Tócame", murmuró en inglés, guiando mi mano entre sus piernas. No traía calzón, solo piel depilada, húmeda, resbaladiza. Mis dedos se deslizaron en su calor líquido, oliendo a mar y deseo puro. "Estás chorreando, mamacita", gemí, frotando su clítoris hinchado. Ella arqueó la espalda, tetas empujando contra mí, pezones duros como balas bajo la tela. "Más, wey, no pares". Introduje dos dedos, sintiendo sus paredes apretándome, pulsando. Su coño era apretado, caliente, chupando mis dedos como boca hambrienta.
Esto es real, no sueño. Ariana Grande gimiendo por mí, su cuerpo temblando. ¿Quién diría que "why try Ariana Grande" era tan pendejo pensamiento?
La recosté en el sofá, levanté su vestido. Su panocha brillaba, rosada y jugosa, invitándome. Bajé la cabeza, inhalando su aroma embriagador: salado, almendrado, adictivo. Lamí despacio, lengua plana desde el perineo hasta el botón, saboreando su miel espesa. "¡Ay, Dios!", gritó, piernas temblando alrededor de mi cabeza, muslos suaves aplastándome. Chupé fuerte, metiendo lengua adentro, mientras mis dedos masajeaban su ano fruncido. Ella se convulsionó, un chorro caliente mojándome la barbilla. "¡Me vengo, cabrón!", aulló, cuerpo rígido como arco.
Pero no paré. La volteé a cuatro patas, el culo en pompa, perfecto, redondo. Saqué mi verga, dura como fierro, venosa, goteando pre-semen. Ella miró atrás, lamiéndose labios. "Cógeme ya". Empujé lento, sintiendo su entrada cediendo, envolviéndome en terciopelo húmedo. Qué chingón calor, apretada como virgen. Entré hasta el fondo, bolas chocando su clítoris. Empecé a bombear, piel contra piel slap-slap, sudor chorreando por mi espalda. Ella empujaba hacia atrás, follándome tanto como yo a ella. "¡Más duro, pendejo!", exigía, empoderada, dueña del ritmo.
Cambié posiciones: la puse encima, cabalgándome como amazona. Sus tetas rebotaban libres ahora, yo las amasaba, pellizcando pezones rosados. Sudor nos unía, resbaloso, salado en mi lengua cuando lamí su cuello. El aire olía a sexo crudo: semen, jugos, perfume roto. Su coño ordeñaba mi verga, contrayéndose. "Me vengo otra vez", jadeó, uñas en mi pecho, dejando marcas rojas. Yo aguantaba, pulsos retumbando en oídos, bolas tensas.
La puse de misionero, profundo, mirándola a los ojos. "Eres mía esta noche", gruñí. Ella sonrió, piernas envolviéndome. "Córrete adentro". Aceleré, verga hinchándose, el clímax rugiendo. Exploté, chorros calientes llenándola, mezclándose con sus jugos. Ella gritó conmigo, orgasmos sincronizados, cuerpos temblando en olas.
Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa enfriándose. La abracé, su cabeza en mi pecho, corazón latiendo al unísono. Besé su frente sudada, oliendo a victoria. "Why try Ariana Grande? Porque vale cada segundo", murmuré. Ella rió suave, trazando círculos en mi abdomen. "Neta, fue chido. Volvemos a intentarlo?". El skyline brillaba afuera, prometiendo más noches locas. Me sentí rey, completo, con su calor aún envolviéndome.