Trio Inmobiliaria Ardiente
Entré a Trio Inmobiliaria con el corazón latiéndome a mil, buscando mi primer depa en Polanco. El aire acondicionado me rozó la piel como una caricia fresca, y olía a café recién hecho mezclado con un perfume masculino que ya me ponía los nervios de punta. Yo, Daniela, veintiocho años, soltera y con ganas de independizarme de una vez por todas. Llevaba un vestido negro ajustado que me hacía sentir como una diosa, mis curvas marcadas justo como quería.
Órale, este lugar está chido, pensé mientras veía los anuncios de departamentos de lujo en las paredes. De repente, salió Javier de una oficina lateral. Alto, moreno, con ojos cafés que te desnudaban con la mirada, camisa blanca arremangada mostrando brazos fuertes. ¡Buenas tardes, mamacita! ¿En qué te puedo ayudar?
dijo con esa voz grave que vibraba en mi pecho.
Antes de que respondiera, apareció Carla, su socia y carnal en los negocios. Rubia con raíces morenas, tetas generosas bajo una blusa escotada, caderas que se movían como si bailaran reggaetón. Soy Carla, bienvenida a Trio Inmobiliaria. Javier y yo somos los dueños, y te vamos a encontrar el nido perfecto
, me guiñó un ojo mientras me daba la mano. Su piel era suave, cálida, y su roce duró un segundo de más. Sentí un cosquilleo subirme por el brazo directo al ombligo.
Me mostraron catálogos, pero la química ya estaba en el aire. Javier se inclinaba cerca, su colonia amaderada invadiendo mis sentidos, y Carla rozaba mi rodilla accidentalmente al sentarse. No mames, estos dos están cañones. ¿Será que...? Mi mente volaba, imaginando cosas que me humedecían las bragas.
Decidimos ver un departamento en el penthouse de muestra, justo arriba. Subimos en el elevador privado, los tres apretujados. El calor de sus cuerpos me envolvía, Javier atrás con su aliento en mi nuca, Carla adelante presionando sus nalgas contra mí. Este depa es ideal para alguien como tú, Daniela. Amplio, luminoso... y con vistas que te quitan el hipo
, murmuró Javier, su mano rozando mi cintura.
Ya en el departamento, todo era lujo: ventanales del piso al techo con la ciudad brillando abajo, cocina de granito, cama king size en la recámara principal. Sacaron una botella de tequila reposado de un gabinete. Para celebrar la visita, ¿no?
propuso Carla, sirviendo shots. El líquido quemaba dulce en mi garganta, aflojándome la lengua. Hablamos de todo: trabajos, desamores, fantasías. Aquí en Trio Inmobiliaria, atendemos todas las necesidades del cliente
, dijo Javier con picardía, sus ojos clavados en mis labios.
Carla se rio, juguetona. Neta, Daniela, Javier y yo somos pareja, pero nos encanta compartir. ¿Has probado un trío alguna vez?
Mi pulso se aceleró, el tequila me soltó. ¿Qué pedo? Esto es real. Negué con la cabeza, pero mi cuerpo gritaba sí. No... pero suena tentador
, admití, voz ronca.
El ambiente se cargó de electricidad. Javier se acercó primero, su mano en mi mejilla, barba incipiente raspando suave mientras me besaba. Sus labios eran firmes, lengua explorando con hambre. Carla observaba, mordiéndose el labio, luego se pegó por detrás, besando mi cuello, manos subiendo por mis muslos. Olía a vainilla y deseo, su aliento caliente en mi oreja. Relájate, nena. Te vamos a hacer volar
.
Me llevaron a la cama, el colchón hundiéndose bajo nosotros. Javier desabrochó mi vestido lento, exponiendo mi piel al aire fresco. Sus ojos devorándome, qué rico. Besó mis tetas, chupando pezones duros como piedras, mientras Carla lamía mi ombligo bajando. Sentí sus dedos en mi tanga empapada, frotando mi clítoris hinchado. Estás chorreando, Daniela. Qué panochita tan rica
, gimió Carla.
Me quitaron todo, yo jadeando, piel erizada. Javier se desnudó, su verga gruesa saltando libre, venosa y lista. La tomé en la mano, piel aterciopelada caliente, latiendo. Carla se quitó la ropa, cuerpo atlético con curvas perfectas, se sentó en mi cara. Su coño depilado, jugoso, olor almizclado a excitación. Lamí suave al principio, lengua en su raja húmeda, saboreando su sal. ¡Sí, así, cabroncita! Come mi panocha
, gritó ella, moliéndose contra mi boca.
Javier se posicionó entre mis piernas, restregando su pija en mi entrada. ¿Quieres que te la meta, amor?
Asentí frenética, boca llena del sabor de Carla. Empujó despacio, estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, wey, qué chingona está de gruesa! Empezó a bombear, lento al inicio, piel chocando piel, sudor perlando su pecho. El sonido húmedo de mi coño tragándosela, mis gemidos ahogados por Carla.
Cambiaron posiciones, tensión subiendo como fiebre. Carla se acostó, yo encima comiéndola de 69, Javier metiéndomela por atrás. Sus bolas peludas golpeaban mi clítoris cada embestida, manos amasando mis nalgas. ¡Qué culazo, Daniela! Te voy a llenar de leche
, gruñó. Carla gemía en mi clítoris, lengua rápida, dedos en mi ano juguetona. El cuarto olía a sexo crudo, sudor, tequila, ciudad nocturna filtrándose por las ventanas.
Mi primer orgasmo me sacudió como rayo, piernas temblando, coño contrayéndose alrededor de la verga de Javier. ¡No mames, voy a explotar! Grité, jugos chorreando. Carla vino segundos después, apretando mi cabeza, ¡Sí, sí, cabrona!
. Javier resistió, volteándome para follarme misionero mientras Carla lamía donde nos uníamos, su lengua en mis labios y su pija.
La intensidad creció, Javier acelerando, piel resbalosa de sudor. Me vengo, nenas
, avisó. Lo recibí adentro, chorros calientes inundándome, mientras frotaba mi clítoris para otro clímax compartido. Carla se unió, frotándose contra nosotros, los tres enredados en éxtasis, pulsos latiendo al unísono.
Caímos exhaustos, respiraciones entrecortadas, cuerpos pegajosos. Javier me besó la frente, Carla acurrucada en mi pecho. Esto es lo mejor de Trio Inmobiliaria, cerrar tratos inolvidables
, bromeó él. Reí bajito, piel aún sensible, el afterglow envolviéndonos como sábana tibia.
Al día siguiente, firmé el contrato del depa. No solo por las vistas, sino por los recuerdos grabados en cada rincón. Mi nuevo hogar, lleno de promesas calientes. Salí de Trio Inmobiliaria con una sonrisa pícara, lista para más visitas.