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Caseros XXX Trios en la Casa

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Caseros XXX Trios en la Casa

Todo empezó una noche calurosa en mi depa de la Roma, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Marco, mi carnal del alma, y yo estábamos tirados en el sillón, sudando la gota gorda después de un día de pinche tráfico en la CDMX. Él con su playera pegada al pecho, yo en shortcito y blusita que se me transparentaba un poco. Qué chido estar así de relax con él, pensé, mientras me acurrucaba contra su hombro musculoso.

"Órale, Ana, ¿vemos algo pa' calentar la noche?", me dijo Marco con esa voz ronca que me pone los nervios de punta. Sacó el laptop y entramos a un sitio de videos. Ahí estaba, como si nos estuviera esperando: caseros xxx trios. Un thumbnail con una morra en medio de dos vatos, todos en una cama deshecha, con luces tenues y caras de puro gozo. "Mira esto, güey, caseros xxx trios bien caseros, como si fueran de la vecindad", se rió él, pero yo sentí un cosquilleo entre las piernas.

Le dimos play. La morra gemía bajito al principio, el sonido crudo de piel contra piel, el slap slap de los cuerpos chocando. Olía a mi propia excitación mezclada con el sudor de Marco.

¿Y si lo hacemos de verdad? ¿Con quién?
pensé, mientras mi mano bajaba por su muslo. Marco me miró con ojos brillantes. "Imagínate, mi reina, tú en un trio así, casero y sin cámaras". Mi corazón latió fuerte, el calor subiendo por mi cuello.

Al día siguiente, en el gym, me topé con Luis, el cuate de Marco de la uni. Alto, tatuado en el brazo con un águila chida, y esa sonrisa pícara que siempre me ha hecho mojarme un poquito. "Qué onda, Ana, ¿vienes a sudar?", me dijo guiñándome. Sudor fresco, olor a hombre limpio con toques de desodorante mentolado. Hablamos de la fiesta del sábado, pero en mi cabeza giraba la idea del video. ¿Y si invito a Luis? Sería nuestro casero xxx trio perfecto.

Se lo conté a Marco esa noche, mientras cenábamos unos chilaquiles con huevo. "Wey, ¿qué tal si metemos a Luis? Lo vi en el gym, está cañón". Él se quedó callado un segundo, masticando, luego sonrió. "Si tú quieres, mi amor, yo confío en ti. Sería chingón, un casero xxx trio de verdad, sin weyadas". Nos besamos con salsa en la boca, el sabor picante mezclándose con saliva dulce. La tensión creció esa semana: mensajes coquetos a Luis, "Ven al depa el viernes, traemos sorpresa". Él respondió con emojis de fuego. Mi cuerpo ardía de anticipación, pezones duros contra la tela todo el día.

El viernes llegó como un huracán. Preparamos el depa: velas de vainilla encendidas, música de Natalia Lafourcade bajita, chelas frías en el refri. Yo me puse un vestidito negro ajustado, sin calzones, sintiendo el aire rozándome la piel. Marco en jeans y camisa abierta, luciendo su pecho velludo. Tocaron la puerta y ahí estaba Luis, con una botella de tequila y olor a colonia fresca. "¡Qué pedo, compas! ¿Qué sorpresa es esta?", dijo abrazándonos fuerte, sus manos grandes en mi espalda baja.

Nos sentamos en el sillón grande, sirviendo shots. El tequila quemaba la garganta, calentando el estómago. Hablamos de todo: el pinche jefe pendejo de Marco, las morras locas del gym. Pero la tensión era palpable, como electricidad en el aire. Marco puso el video de caseros xxx trios en la tele. "Mira, carnal, esto nos prendió la idea". Luis se rió nervioso, pero sus ojos se clavaron en mí.

Lo quiere, lo siento en su mirada
, pensé, cruzando las piernas para que el vestido subiera un poco.

"¿Y si lo hacemos real?", soltó Marco de repente, su mano en mi muslo. Luis tragó saliva, el bulto en su pantalón creciendo. "Si Ana está de acuerdo, yo sí mames". Me paré entre ellos, el corazón retumbando. "Sí, weyes, hagámoslo nuestro casero xxx trio". Los besé a los dos, primero a Marco suave y conocido, luego a Luis con hambre nueva, su barba raspando mi barbilla, lengua invadiendo con sabor a tequila.

Nos fuimos al cuarto, la cama king size crujiendo bajo nuestro peso. Me quitaron el vestido despacio, Marco besando mi cuello, oliendo a mi perfume de jazmín mezclado con deseo. Luis chupaba mis tetas, pezones duros como piedras bajo su lengua húmeda. Qué rico, dos bocas en mí. Gemí bajito, el sonido ecoando en las paredes. Manos por todos lados: Marco metiendo dedos en mi panocha ya empapada, resbalosos de jugos, Luis acariciando mi culo firme.

Me puse de rodillas, el piso fresco contra mis rodillas. Saqué las vergas: la de Marco gruesa y venosa, la de Luis larga y curva. Las lamí alternando, salado el prepucio, venas pulsando en mi lengua. "¡Qué chingona, Ana!", gruñó Luis, enredando dedos en mi pelo. Marco jadeaba, "Sí, mi reina, chúpala bien". El olor almizclado de sus huevos me mareaba, saliva goteando por mi mentón.

Me subieron a la cama. Marco se acostó y me monté en su verga, sintiéndola abrirme despacio, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, cabrón! El estirón delicioso, paredes vaginales apretando. Luis se arrodilló atrás, escupiendo en mi ano, un dedo entrando suave. "Relájate, mami", murmuró, y empujó su verga lubricada. Doble penetración, los dos adentro al mismo tiempo. Gritos míos roncos, "¡Más, weyes, fóllanme duro!". Ritmo sincronizado, slap slap slap, sudor chorreando, pieles chocando calientes y pegajosas.

El cuarto olía a sexo puro: fluidos, sudor, un toque de mi crema corporal. Marco debajo, mordiendo mi cuello, "Te sientes increíble, tan apretada". Luis atrás, nalgueándome suave, "Tu culo es un pinche sueño". Cambiamos posiciones: yo de perrito con Luis en la panocha, Marco en la boca. Saboreaba su verga con mi propia crema, gimiendo alrededor. La tensión subía, ovarios hinchados, clítoris palpitando.

Necesito correrme, ya no aguanto
.

Luis aceleró, "Me vengo, Ana". Calor explotando dentro, semen caliente llenándome. Eso me disparó: orgasmo brutal, piernas temblando, chorros mojando las sábanas. Marco salió de mi boca y se pajeó sobre mis tetas, leche espesa salpicando, olor fuerte y salado. Colapsamos los tres, respiraciones agitadas, cuerpos enredados pegajosos. Besos suaves ahora, lenguas perezosas.

Después, tirados fumando un cigarro –prohibido pero qué chido–, con las chelas recalentadas. "Eso fue el mejor casero xxx trio de mi vida", dijo Luis riendo, acariciándome el pelo. Marco me abrazó, "Mi amor, eres una diosa". Yo sonreí, sintiendo el semen secándose en mi piel, el cuerpo satisfecho y flojo. Esto nos cambió, nos unió más. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero en nuestra casa, el fuego ardía eterno.

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