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El Trios 3Shape Scanner en Trío Prohibido

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El Trios 3Shape Scanner en Trío Prohibido

Entré a la clínica dental en Polanco con el corazón latiéndome a mil. Era una de esas tardes calurosas de la Ciudad de México, donde el sol quema la piel y el aire huele a tacos al pastor de la esquina. Yo, Ana, de treinta y dos años, curvilínea y con una sonrisa que siempre me ha abierto puertas, tenía cita para un escaneo dental. Neta, no esperaba que ese día cambiara mi vida de forma tan deliciosa.

El lugar era chido, todo minimalista con luces LED suaves y un olor a menta fresca que me erizaba la piel. Me recibió Karla, la asistente, una morra de ojos verdes y cuerpo de infarto, con su bata blanca ceñida que dejaba poco a la imaginación. "Pásale, wey, el doc ya te espera", me dijo con una sonrisa pícara, guiñándome el ojo. Su voz ronca me hizo sentir un cosquilleo en el estómago.

El doctor Rodrigo era un chulo total: alto, moreno, con barba recortada y manos grandes que prometían milagros. "Siéntate, Ana, vamos a usar el Trios 3Shape Scanner para ver esas dientes perfectos tuyos", murmuró mientras ajustaba la máquina. Sus dedos rozaron mi mejilla al ponerme la protección, y juro que sentí un calor subiendo por mi cuello. El escáner era una varita mágica, delgada y brillante, con luces azules que parpadeaban como estrellas en mi boca.

¿Por qué carajos mi cuerpo reacciona así? Solo es un chequeo dental, pero su aliento a café y su cercanía me tienen mojadita ya.

El zumbido suave del Trios 3Shape Scanner llenó la habitación mientras lo pasaba por mis dientes. La punta fría tocaba mi lengua, enviando vibraciones que se extendían hasta mi entrepierna. Karla se acercó para ajustar la pantalla, su perfume floral invadiendo mis sentidos. "Mira qué bonita sonrisa, doc", dijo ella, y su mano rozó la mía accidentalmente. O no tan accidental.

La tensión crecía como el calor de un comal. Terminaron el escaneo en minutos, pero ninguno se movió. Rodrigo apagó las luces principales, dejando solo el resplandor de las pantallas. "Todo perfecto, Ana. ¿Quieres ver el modelo 3D?", preguntó con voz baja, sus ojos clavados en mis labios. Asentí, hipnotizada. Karla se sentó al otro lado, su muslo presionando el mío. "Somos un equipo chingón aquí", susurró ella, "y a veces compartimos más que sonrisas."

Mi pulso se aceleró. ¿Esto está pasando de veras? Rodrigo se inclinó, su boca a centímetros de la mía. "Si te late, quédate un rato más. La clínica cierra en media hora." Su aliento cálido olía a menta del enjuague, y antes de pensarlo, lo besé. Sus labios firmes sabían a deseo puro, su lengua explorando con maestría. Karla jadeó, uniéndose desde el otro lado, mordisqueando mi oreja. "Eres una ricura, Ana."

Nos movimos al sillón reclinable, ese monstruo de cuero negro que ahora parecía una cama king size. Rodrigo desabotonó mi blusa, exponiendo mis tetas al aire fresco. Sus manos ásperas por el látex las amasaron, pellizcando pezones que se endurecieron al instante. "Qué chingonas están", gruñó. Karla se quitó la bata, revelando lencería roja que contrastaba con su piel canela. Se arrodilló entre mis piernas, besando mi ombligo mientras bajaba mi falda.

Siento sus alientos mezclándose con el mío, el cuero crujiendo bajo nosotros, el olor a sexo empezando a perfumar el aire clínico.

La boca de Karla era fuego líquido en mi coño. Lamía despacio, saboreando mis jugos con gemidos que vibraban contra mi clítoris. "Sabe a miel, doc", dijo entre lengüetazos. Rodrigo se desabrochó el pantalón, sacando una verga gruesa y venosa que palpitaba. La acerqué a mi boca, chupándola como si fuera el mejor elote de la feria. Salada, caliente, con venas que latían contra mi lengua. Él gemía, enredando dedos en mi pelo.

El ritmo se intensificó. Cambiamos posiciones: yo a cuatro patas en el sillón, Karla debajo lamiéndome mientras Rodrigo me penetraba por detrás. Su pija entraba centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. "¡Ay, cabrón, qué rica estás!", rugió, embistiéndome con fuerza controlada. El slap-slap de piel contra piel resonaba, mezclado con mis gritos y los jadeos de Karla. Sus dedos jugaban con mi ano, lubricados por mis propios fluidos.

Sentí el clímax construyéndose, como una ola en el malecón de Acapulco. Karla se frotaba contra mi muslo, su coño empapado dejando rastros calientes. "Vente conmigo, pendejita sexy", me rogó. Rodrigo aceleró, sus bolas golpeando mi clítoris. El mundo se volvió blanco: grité, convulsionando, chorros de placer salpicando la cara de Karla. Él se corrió segundos después, llenándome con chorros calientes que goteaban por mis muslos. Karla alcanzó su orgasmo lamiendo todo, su cuerpo temblando bajo el mío.

Jadeábamos, sudorosos, envueltos en el olor almizclado de nuestros cuerpos. Rodrigo nos besó a ambas, su verga aún semi-dura rozándonos. "Eso fue mejor que cualquier escaneo", bromeó Karla, riendo con esa voz ronca que me volvía loca.

Nos limpiamos con toallitas húmedas que olían a aloe vera, riendo bajito para no alertar al guardia de afuera. Me vestí, sintiendo el semen secándose en mi piel como un secreto delicioso. "Vuelve cuando quieras un chequeo extraoficial", dijo Rodrigo, entregándome una tarjeta con su número personal. Karla me abrazó, sus tetas presionando las mías. "Neta, eres adictiva."

Salí a la calle, el sol poniente tiñendo todo de naranja, con una sonrisa escaneada en 3D en mi alma. El Trios 3Shape Scanner había capturado más que dientes: había escaneado nuestros deseos más profundos.

Ahora, cada vez que paso por Polanco, mi coño palpita recordando. ¿Volveré? Pues claro, wey. La vida es demasiado corta para no repetir tríos tan perfectos.

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