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El Ardiente Trio de Lesbianas Anime

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El Ardiente Trio de Lesbianas Anime

En el corazón de la Ciudad de México, en un depa chido de la Condesa, Ana se recostaba en el sillón mullido de su sala, con el aire cargado del olor a palomitas recién hechas y el zumbido suave del ventilador de techo. Era viernes por la noche, y como cada semana, sus dos carnalas del alma, Sofía y Lupe, habían llegado con botellas de chela fría y ganas de maratón de anime. Las tres eran treintañeras independientes: Ana, diseñadora gráfica obsesionada con los mangas yuri; Sofía, maestra de yoga con curvas que volvían locos a medio mundo; y Lupe, bartender en un antro de Polanco, con esa piel morena que brillaba bajo las luces neón.

Qué chingón tenerlas aquí, pensó Ana mientras observaba cómo Sofía se estiraba en el piso, su blusita ajustada marcando los pezones duros por el fresco de la noche. Lupe, con shorts de mezclilla que apenas cubrían su culazo redondo, reía a carcajadas abriendo las chelas. Habían sido amigas desde la uni, compartiendo todo: chismes, desmadres y fantasías que salían a flote con el alcohol.

—Órale, pinches, hoy toca yuri heavy —dijo Lupe, conectando la laptop al tele grande—. Busqué un hentai de trio de lesbianas anime que está cabrón, neta se van a mojar las calzones.

Ana sintió un cosquilleo en el estómago, el calor subiendo por sus muslos. Siempre habían bromeado con eso, pero esta vez el ambiente se sentía diferente, cargado de promesas. La pantalla se iluminó con tres chicas anime de pelo multicoloro, tetas perfectas y miradas lascivas, enredándose en un beso que hacía temblar la habitación virtual.

El primer sorbo de chela bajó frío por la garganta de Ana, pero su cuerpo ardía. Sofía se acercó, su perfume a vainilla y jazmín invadiendo el espacio.

—¿Ya se pusieron calientes, mamacitas? —susurró Sofía, su aliento cálido rozando la oreja de Ana.
Lupe soltó una risita pícara, su mano rozando accidentalmente el muslo de Ana, enviando chispas eléctricas directo a su chochita.

La tensión crecía con cada escena del anime: lenguas danzando, dedos hundiéndose en pieles húmedas, gemidos que resonaban como eco en la sala. Ana cruzó las piernas, sintiendo su panocha palpitar, la tela de sus panties ya empapada. No mames, esto es demasiado real, se dijo, mientras Sofía se recargaba en su hombro, su pecho suave presionando contra el brazo de Ana.

De pronto, Lupe pausó el video. —¿Y si lo hacemos nosotras? —soltó con esa voz ronca de fumada, ojos brillantes—. Un trio de lesbianas anime en carne y hueso, ¿qué dicen?

El silencio duró un segundo eterno. Ana miró a Sofía, que mordía su labio inferior, sonrojada. Luego a Lupe, cuya mano ya descansaba en el muslo de Sofía. El deseo era palpable, un olor almizclado empezando a mezclarse con el de las chelas derramadas.

—Neta... ¿quieren? —murmuró Ana, su voz temblorosa, pero el pulso acelerado traicionándola.

Sofía fue la primera en actuar, girándose para plantar un beso suave en los labios de Ana. Fue como un rayo: labios carnosos, suaves como pétalos, sabor a chela y menta. Ana jadeó, abriendo la boca para recibir la lengua juguetona de su amiga, mientras Lupe observaba, lamiéndose los labios.

Acto seguido, las tres se pusieron de pie, riendo nerviosas, pero con los ojos encendidos de lujuria. Se quitaron la ropa con prisa juguetona: blusas volando, shorts cayendo al piso con un plop suave. Ana admiró los cuerpos desnudos bajo la luz tenue de la lámpara: Sofía con sus tetas firmes, pezones rosados erectos; Lupe con sus caderas anchas, el vello púbico recortado en una tira sexy; ella misma, delgada pero con nalgas prietas de tanto gym.

Se tumbaron en la alfombra gruesa, el roce áspero contra sus espaldas desnudas enviando escalofríos. Sofía besaba el cuello de Ana, chupando la piel salada, dejando marcas rojas que dolían rico. ¡Ay, cabrona, qué bien sabes! Lupe se unió, lamiendo el ombligo de Sofía, bajando lento hasta su clítoris hinchado. El aire se llenó de gemidos bajos, el sonido húmedo de lenguas explorando.

Ana extendió la mano, tocando por primera vez la chochita de Lupe: caliente, resbalosa, como terciopelo mojado. Lupe gimió contra la piel de Sofía, vibraciones que subían por el cuerpo de todas.

—Sí, así, pinche rica... métela más adentro —suplicó Lupe, arqueando la espalda.

La intensidad subía como fiebre. Sofía se posicionó a cuatro patas, ofreciendo su culo redondo a Ana, quien no dudó en hundir la cara entre sus nalgas. El sabor era divino: salado, dulce, con ese aroma a mujer excitada que embriagaba. Ana lamía con hambre, lengua plana recorriendo desde el ano hasta el clítoris, mientras Lupe besaba a Sofía, pellizcando sus tetas, tirando de los pezones hasta hacerla gritar.

Esto es mejor que cualquier anime, pensó Ana, su propia panocha goteando sobre la alfombra. Se frotaban como animales en celo: Sofía se sentó en la cara de Ana, montándola con ritmo, jugos calientes chorreando por su barbilla. Lupe se coló debajo, chupando el clítoris de Ana con maestría de bartender sirviendo shots perfectos. El sonido era obsceno: slurp slurp, jadeos entrecortados, pieles chocando con plaf plaf.

El clímax se acercaba en oleadas. Ana sentía su vientre contraerse, el placer acumulándose como tormenta. Sofía cabalgaba más rápido, sus muslos temblando, gritando ¡Me vengo, cabronas!. Un chorro caliente salpicó el rostro de Ana, sabor agrio y delicioso. Lupe, con dos dedos dentro de Ana y lengua girando sin parar, la llevó al borde. ¡No pares, no pares, Virgen de Guadalupe!

Ana explotó primero, un orgasmo que la dejó ciega, cuerpo convulsionando, uñas clavándose en la alfombra. Gritos ahogados, sudor perlando sus frentes, el olor a sexo impregnando todo. Lupe fue la última, frotándose contra el muslo de Sofía hasta derrumbarse en un mar de temblores.

Agotadas, se enredaron en un montón de carne sudada y sonrisas bobaliconas. El ventilador seguía zumbando, enfriando sus pieles febriles. Ana besó la frente de Sofía, luego los labios hinchados de Lupe.

—Eso estuvo de a madre... ¿repetimos el maratón la próxima? —dijo Lupe, riendo bajito.

Sofía asintió, trazando círculos perezosos en el vientre de Ana. Esto cambia todo, pero qué chido, reflexionó Ana, sintiendo una paz profunda, el corazón latiendo en sintonía con el de sus amantes. Afuera, la ciudad bullía indiferente, pero en ese depa, habían creado su propio mundo de placer infinito, inspirado en un simple trio de lesbianas anime que ahora era real.

Se durmieron así, entrelazadas, con el eco de gemidos en el aire y promesas de más noches ardientes por venir.

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