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El Trio Tablet Despierta Deseos

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El Trio Tablet Despierta Deseos

Yo era Ana, una morra de veintiocho pirulos viviendo en el corazón de Guadalajara, en un departamentito chido cerca de la Zona Expo. Trabajaba de diseñadora gráfica freelance, pero la neta, mi vida sexual andaba más seca que el desierto de Sonora. Hacía meses que no me echaba un revolcón decente, y las noches se me hacían eternas con el zumbido del ventilador y el olor a tacos de la calle colándose por la ventana.

Todo cambió esa tarde en el tianguis de Chapultepec. Entre puestos de ropa y antojitos, vi un viejo con una mesita llena de chunches electrónicos. Ahí estaba él: un tablet viejo pero reluciente, con una carcasa grabada con símbolos raros que decían "Trio Tablet". El carnal me miró con ojos picosos y dijo: "Este chingado aparato te conecta con dos almas gemelas para la noche más caliente de tu vida, güey. Pero úsalo con cuidado, despierta deseos que no controlas". Le di quinientos varos sin pensarlo dos veces. ¿Por qué no? Sonaba a juego pervertido, y yo necesitaba acción.

Llegué a mi depa, el sol del atardecer tiñendo las paredes de naranja. El tablet se encendió solo al tocarlo, con un brillo cálido que me erizó la piel. Una app se abrió: "Trio Tablet activado. Escanea tus deseos". Puse mi huella y una foto mía en ropa interior, sintiendo un cosquilleo en el estómago. El cacharro vibró, y en segundos, dos perfiles aparecieron: Marco, un moreno atlético de treinta, con sonrisa de pendejo encantador, y Luisa, una culona de curvas asesinas, ojos verdes y tatuajes florales. "Match perfecto. Hotel Boutique Andares, 10 pm. ¿Aceptas?". Mi corazón latió como tamborazo.

¿Y si es un timo? Neta, Ana, ya estás mojada nomás de imaginarlo.
Apreté "Sí".

La ducha fue un preludio: el agua caliente resbalando por mis chichis firmes, jabón perfumado a jazmín llenando el baño. Me puse un vestido negro ceñido que marcaba mi culo redondo, sin calzones para sentir el roce del aire. El taxi olía a cloro y sudor ajeno, pero mi mente volaba: ¿cómo serían sus manos? ¿El sabor de sus bocas?

Acto dos: el lobby del hotel era puro lujo, luces tenues y jazz suave flotando. Marco y Luisa esperaban en la barra, él con camisa blanca abierta mostrando pecho velludo, ella con minifalda que apenas cubría sus muslos carnosos. "¡Hola, Ana! Soy Marco, y esta es mi carnala Luisa. El Trio Tablet nos juntó, ¿verdad? Neta chingón", dijo él con voz grave que me vibró en el clítoris. Luisa me abrazó, sus tetas suaves presionando las mías, perfume a vainilla invadiendo mis fosas nasales. "Eres más rica en persona, morra. Vamos a romperla esta noche".

Subimos a la suite, champaña burbujeando en copas frías. Nos sentamos en el balcón con vista a las luces de la ciudad, el viento nocturno trayendo olor a lluvia lejana. Hablamos pendejadas: Marco era gym bro, Luisa bailarina de pole dance. La tensión crecía con cada roce accidental —su rodilla contra la mía, su mano en mi espalda baja.

Pinche calor que traigo. Quiero lamerlos ya.

Luisa rompió el hielo: se paró, meneando las caderas al ritmo de cumbia que pusimos en el celular. "¿Bailamos, weyes?". Marco me jaló a ella, sus manos fuertes en mi cintura, el calor de su verga endureciéndose contra mi nalga. Yo giré, besando a Luisa primero: labios carnosos, lengua dulce a fresas, saliva mezclándose con gemido ahogado. Marco nos miró, palmeándose la entrepierna. "No seas pendejo, ven pa'cá", le ordené, y él obedeció, besándome el cuello mientras Luisa chupaba mi oreja.

Caímos al king size, sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo pesos. Desnudé a Marco: su pecho sudado oliendo a colonia masculina, verga gruesa palpitando, venosa como mi deseo. Luisa se quitó la falda, su concha depilada brillando húmeda. Yo me quité el vestido, expuesta, pezones duros como piedras. Sus bocas atacaron: Marco mamando mi teta derecha, succionando fuerte que dolía rico; Luisa lamiendo la izquierda, dientes rozando. Gemí, "¡Órale, cabrones, no paren!". El sonido de lenguas chasqueando, pieles chocando, mi pulso retumbando en oídos.

Escalada: Luisa se acostó, abriendo piernas. "Come mi chocha, Ana". Me arrodillé, olor almizclado de su excitación golpeándome. Lamí su clítoris hinchado, salado y dulce, mientras ella se retorcía gimiendo "¡Sí, así, pinche rica!". Marco detrás de mí, dedos hurgando mi entrada empapada, luego su lengua ancha lamiendo mi ano y concha en tandas.

Esto es el cielo, wey. El Trio Tablet es mágico.
Introduje dos dedos en Luisa, curvándolos contra su punto G, ella arqueándose, jugos corriéndole por muslos.

Cambié posiciones: yo de rodillas, Marco embistiéndome por atrás. Su verga entraba gruesa, estirándome delicioso, bolas golpeando mi clítoris con cada estocada. Sonido chapoteante de mi humedad, olor a sexo crudo llenando la habitación. Luisa debajo, lamiendo donde nos uníamos, lengua rozando mi botón y las bolas de él. "¡Me vengo, pendejos!", grité, orgasmos en cadena: el mío explotando en espasmos, piernas temblando, vista nublada de luces estroboscópicas internas.

Marco gruñó, sacando para eyacular en mi espalda, chorros calientes salpicando piel. Luisa se vino frotándose contra mi muslo, chillando como gata en celo. Nos derrumbamos, sudados, pegajosos, respiraciones jadeantes sincronizadas. El aire olía a semen, sudor y jazmín mezclado.

Acto tres: afterglow en la cama revuelta. Marco trajo tequila reposado, olor ahumado calmando nervios. Brindamos, cuerpos entrelazados. "El Trio Tablet nos dio la noche perfecta, ¿no?", dijo Luisa, trazando círculos en mi vientre. Yo asentí, besándolos suave.

Neta, esto cambia todo. Deseos despertados, pero con control.

Nos duchamos juntos al amanecer, agua lavando pecados, manos explorando tierno. Bajamos al desayuno: huevos rancheros humeantes, café negro fuerte. Prometimos repetir, pero el tablet en mi bolso vibró una vez más: "Misión cumplida. Desconectado". Sonreí. Guadalajara despertaba con mañanitas lejanas, pero yo llevaba el fuego interno encendido para siempre.

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