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Tríos Apasionados en la CDMX

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Tríos Apasionados en la CDMX

La noche en la Ciudad de México siempre ha sido un imán para mis deseos más ocultos. Yo, Carla, una chilanga de veintiocho pirulos, con curvas que vuelven locos a los morros y una sonrisa que desarma, andaba de salida por la Roma Norte. El aire olía a tacos de suadero y a jazmines callejeros, mientras las luces de neón parpadeaban como promesas calientes. Entré al bar El Parnita, con su ambiente bohemio y reggaetón suave de fondo, pidiendo un mezcalito bien cargado. Ahí los vi: Pablo, un tipo alto, moreno, con ojos que te desnudan de un vistazo, y Lu, su morra, una morocha despampanante con labios carnosos y un vestido que apenas contenía sus chichis perfectos.

Me senté cerca, fingiendo checar el cel, pero mis ojos se clavaban en ellos. ¿Qué no daría por un trío en la CDMX como los que leo en esas apps picantes? pensé, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Pablo me pilló mirándolo y sonrió pícaro. Lu se dio cuenta y en vez de celos, soltó una risa ronca que me erizó la piel.

Chin, Carla, ¿y si me lanzo? ¿Y si esta noche exploto esa fantasía?

Órale, güerita, ¿vienes sola o esperas compañía? me dijo Pablo, con voz grave que vibraba en mi pecho. Lu se acercó, su perfume a vainilla y deseo invadiendo mi espacio.

—Sola pero no aburrida —respondí coqueta, lamiéndome los labios—. ¿Y ustedes? Parecen listos pa' la acción.

Charlamos de la vida en la CDMX, de las fiestas en Polanco y las madrugadas en el Centro. El mezcal fluía, calentando mi sangre. Lu rozó mi muslo bajo la mesa, un toque eléctrico que me hizo jadear bajito. Pablo pidió otra ronda y susurró:

Nosotros vivimos tríos en la CDMX de vez en cuando. ¿Te late unirte?

Mi pulso se aceleró, el corazón retumbando como tambores de mariachi. Sí, carajo, esta es mi noche.

Salimos del bar, el viento fresco de la medianoche besando mi piel expuesta. Tomamos un Uber hasta su depa en Polanco, un penthouse con vista al skyline iluminado. El elevador subía lento, y Lu ya me besaba el cuello, suave, húmedo, saboreando mi sal. Pablo observaba, su verga marcada bajo los jeans, endureciéndose. Entramos y la puerta se cerró con un clic que sonó a liberación.

Acto dos: la escalada. Nos sentamos en el sofá de piel suave, luces tenues pintando sombras en sus cuerpos. Lu me quitó la blusa despacio, sus dedos trazando mis pezones que se pararon como soldaditos. Su aliento caliente en mi oreja, oliendo a tequila y lujuria. Pablo se unió, besándome la boca con hambre, su lengua danzando con la mía, gusto metálico y dulce.

Eres una chula, Carla. Te vamos a hacer volar —murmuró Lu, bajando a mis chichis, chupando un pezón mientras Pablo lamía el otro. Gemí, el sonido ronco saliendo de mi garganta, mis manos enredándose en sus cabellos. Me recostaron, quitándome el calzón. Lu separó mis piernas, su lengua explorando mi panocha ya empapada, lamiendo lento, saboreando mis jugos salados. ¡Qué chingón! Su boca succionando mi clítoris, ondas de placer subiendo por mi espina.

Pablo se desnudó, su verga gruesa y venosa saltando libre, oliendo a hombre puro. La tomé en mi mano, piel aterciopelada y caliente, palpitando. La mamé profundo, garganta relajada, saliva chorreando, mientras Lu metía dos dedos en mí, curvándolos contra mi punto G. El cuarto se llenaba de jadeos, de piel chocando húmeda, del aroma almizclado de nuestra excitación mezclada con el incienso que ardía en una esquina.

Esto es mejor que cualquier trío en la CDMX que haya imaginado. Sus cuerpos contra el mío, sudor perlando sus pieles morenas

Cambié posiciones, Lu encima de mi cara, su concha rosada y jugosa rozando mis labios. La lamí con ganas, gusto ácido y dulce, su clítoris hinchado bajo mi lengua. Pablo se colocó atrás de mí, untando mi entrada con su pre-semen, y empujó despacio. Su verga abriéndome, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Empecé a moverme, cabalgando su polla mientras devoraba a Lu. Ella gemía alto, ¡Ay, sí, mámame, pinche rica!, sus jugos corriendo por mi barbilla.

La tensión crecía, mis caderas chocando contra Pablo, slap-slap húmedo, sus bolas golpeando mi culo. Lu se corrió primero, temblando sobre mi boca, chorros calientes empapándome. Yo la seguí, el orgasmo explotando como fuegos artificiales en el Zócalo, mi panocha contrayéndose alrededor de la verga de Pablo, gritando su nombre.

Él no paró, volteándome para ponerme a cuatro patas. Lu debajo de mí, lamiendo donde nos uníamos, su lengua en mis labios y su verga. Placer doble, su saliva chorreando, mi ano rozado accidentalmente, enviando chispas. Pablo aceleró, gruñendo como bestia, ¡Me vengo, cabronas! Su leche caliente inundándome, desbordando, goteando por mis muslos.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose. El afterglow era puro éxtasis: piel pegajosa, olores intensos de sexo y amor, la ciudad murmurando afuera a través de las ventanas. Lu me besó suave, Pablo acarició mi espalda.

Esto fue épico, Carla. Vuelve cuando quieras pa' más tríos en la CDMX —dijo él, riendo bajito.

Nunca una noche en esta ciudad me había cambiado tanto. Tríos en la CDMX no son solo sexo, son conexión, fuego vivo que quema y renueva

Me vestí con piernas temblorosas, prometiendo regresar. Bajé al amanecer, el sol tiñendo el skyline de rosa, mi cuerpo zumbando de satisfacción. La CDMX, con su caos y pasiones, me había dado el mejor regalo: yo misma, liberada y hambrienta de más.

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