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Palabras con tra tre tri tro tru con dibujos en tu piel

6394 palabras

Palabras con tra tre tri tro tru con dibujos en tu piel

Era una noche calurosa en mi departamentito de la Roma, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, acababa de llegar del trabajo, muerta de cansancio después de un día eterno en la oficina. Marco, mi carnal del alma, mi novio desde hace dos años, ya estaba ahí, con una chela en la mano y esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas. Neta, ese pendejo siempre sabe cómo hacerme olvidar el estrés.

—Ven pa'cá, mi reina —me dijo, jalándome hacia el sofá con un beso que sabía a limón y cerveza—. Mira lo que encontré en el clóset mientras ordenaba. Tus tarjetas viejas de la primaria.

Sacó una caja polvorienta llena de dibujitos coloridos: palabras con tra tre tri tro tru con dibujos. Me reí a carcajadas, recordando cómo mi maestra me hacía repetirlas para aprender a leer. Tra-gar, con un dibujo de un tipo bebiendo; tre-nes, un tren chiquito; tri-go, una rana saltando; trozo de pastel; trueno con rayos. Cosas de morrillos.

—¿Y qué, carnal? ¿Quieres que te enseñe a leer como a un niño? —bromeé, sentándome en sus piernas.

Él me miró con ojos brillantes, ese fuego que siempre enciende algo en mi panza. —No, mija. Vamos a jugar, pero a lo adulto. Tú te acuestas, yo dibujo estas palabras en tu piel... con chocolate derretido. Y si adivinas, te doy un premio.

Mi corazón dio un brinco. El deseo empezó a picarme como hormigas en la piel. ¿Chocolate en mi cuerpo? Ay, cabrón, esto va a estar chido, pensé, mientras asentía con la cabeza, mordiéndome el labio.

Empezamos despacio, con la luz tenue de las velitas que prendió en la mesa. Me quité la blusa, quedándome en brasier de encaje negro, y me recosté en la cama. El aire olía a chocolate caliente que él había preparado en la cocina, dulce y pecaminoso. Marco se arrodilló a mi lado, mojó su dedo en el bowl tibio y trazó la primera sílaba en mi clavícula: TRA.

—Tra... ¿tragar? —adiviné, sintiendo el calor del chocolate escurriendo un poquito hacia mi pecho. Su dedo era firme, pero suave, como una caricia que despertaba nervios dormidos.

—Correcto, mi amor. Y ahora, tú traga esto —dijo, lamiendo el dibujo con su lengua caliente, chupando el chocolate de mi piel. Gemí bajito, el roce húmedo mandando chispas directo a mi entrepierna. Olía a cacao puro, mezclado con su sudor fresco.

La tensión crecía como tormenta. Siguió con TRE en mi ombligo, dibujando lento, circundando el botón con la yema. Mi respiración se aceleró, el vientre subiendo y bajando. ¿Tren? ¿Temblor? No pude pensar claro; su aliento caliente sobre mi piel me tenía mareada. —Tremendo... tremendo lo que me haces sentir —susurré.

Él rio, voz ronca. —¡Así es! Tremendo cuerpo tienes, Ana. —Lamió de nuevo, su lengua plana y juguetona, bajando hasta el borde de mi falda. Mis pezones se endurecieron contra el brasier, rogando atención.

El juego escaló. Me quitó la falda, dejándome en tanga, y dibujó TRI en mi muslo interno, tan cerca de mi calor que casi jadeo. El chocolate se deslizó un poco hacia mi humedad, mezclándose con mis jugos. Trigo... trino... trópico, mi mente daba vueltas. Toqué su cabello, jalándolo suave. —Tri... ¿tragar tu verga? —le solté, juguetona, usando el slang que nos excita.

—¡Puta madre, qué sucia eres! Me encanta —gruñó, besando el dibujo, mordisqueando la carne tierna. Su mano subió por mi pierna, rozando mi tanga empapada. Olía a sexo ahora, a mi excitación almizclada invadiendo la habitación. El sonido de su boca chupando era obsceno, succiones húmedas que me hacían arquear la espalda.

Internamente luchaba:

¡No tan rápido, Ana! Déjalo cocer lento, que el deseo duela rico.
Pero mi cuerpo traicionaba, caderas moviéndose solas hacia su toque. Él dibujó TRO en mi seno izquierdo, derramando chocolate sobre el pezón. Lo lamió entero, succionando fuerte, mientras su dedo índice trazaba TRU en el derecho: trueno, truquito, verdad. —Truco —gemí—, tu truco para volverme loca.

Marco se desnudó entonces, su verga dura saltando libre, venosa y lista. La frotó contra mi muslo, dejando un rastro precúm salado. —Ahora tú dibuja en mí, mi reina —pidió, pasándome el chocolate.

Mis manos temblaban de anticipación. Trazé TRA TRE TRI TRO TRU a lo largo de su pecho, conectándolas en una cadena sensual. Lamí cada una, saboreando su piel salada con cacao amargo. Él gemía, "¡Chingao, Ana, qué chingona boca!" Sus manos en mi cabello, guiándome bajito.

La intensidad subió como volcán. Me puse encima, frotando mi concha contra su dureza, el chocolate untándose entre nosotros, resbaloso y caliente. —Palabras con tra tre tri tro tru con dibujos... en tu piel, en mi alma —le susurré al oído, mientras lo montaba despacio.

Entró en mí de un empujón suave, llenándome completo. ¡Ay, Diosito! El estiramiento, el roce perfecto, sus caderas chocando contra las mías con palmadas húmedas. Olía a nosotros, sudor, chocolate, sexo puro. Sonidos: mis jadeos agudos, sus gruñidos graves, la cama crujiendo.

Lo cabalgaba fuerte, pechos rebotando, sus manos apretando mi culo. TRI en mi clítoris lo frotaba con el pulgar, mandándome al borde.

¡Ven, córrete conmigo, cabrón! Hazme explotar.
La tensión se rompió en olas: mi orgasmo primero, contrayéndome alrededor de él, gritando su nombre. Él siguió embistiendo, profundo, hasta derramarse dentro, caliente y abundante.

Colapsamos, jadeantes, pieles pegajosas de chocolate y fluidos. Me acurruqué en su pecho, lamiendo un último rastro de TRA. —Neta, Marco, ese juego fue lo máximo. Mañana repetimos con más palabras.

Él besó mi frente, riendo bajito. —Siempre y cuando sean con dibujos en tu piel, mi amor. Te amo, Ana.

La noche envolvió nuestro afterglow, con el ventilador susurrando y el corazón latiendo en paz. Ese jueguito tonto de la infancia se había vuelto nuestro ritual erótico, un lazo más fuerte que nunca.

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