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Trio Ardiente con Mi Novia y Suegra

6376 palabras

Trio Ardiente con Mi Novia y Suegra

Era una noche calurosa en el DF, de esas que te pegan el sudor a la piel y te hacen soñar con aire fresco. Yo, Alex, estaba tirado en el sofá de mi depa en Polanco, con mi novia Carla acurrucada contra mí. Llevábamos como dos años juntos, y neta, cada día la quería más. Ella, con su cabello negro largo y sus curvas que me volvían loco, era lo mejor que me había pasado. Pero esa noche, la cosa se puso interesante cuando tocó el timbre su mamá, la Lupe.

Lupe era una chava de cuarenta y tantos, pero se veía como de treinta. Viuda hace años, siempre andaba con ese aire de mujer fatal, con blusas escotadas que dejaban ver justo lo suficiente para imaginar el resto. Llegó con una botella de tequila y unos taquitos de la esquina, diciendo que quería platicar porque andaba solita en su casa.

"Órale, carnales, no me dejen afuera de la fiesta",
dijo con esa risa ronca que me erizaba la piel.

Nos sentamos los tres en la sala, con música de fondo de Carlos Rivera sonando bajito. El tequila corría suelto, y las pláticas empezaron inocentes: del trabajo, de la familia, de lo cara que está la vida. Pero poco a poco, el ambiente se cargó. Carla, ya medio peda, se recargó en mí y me besó el cuello, sus labios suaves y calientes contra mi piel. Lupe nos miró con ojos brillantes. Neta, sentí un cosquilleo en la verga que no se me quitaba.

—Mira nada más a estos tortolitos —dijo Lupe, lamiéndose los labios—. En mis tiempos, yo también sabía armar desmadre.

Carla se rio y, sin pensarlo dos veces, le contestó:

¿Y por qué no nos enseñas, má? ¿Un trío con mi novio y tú? Sería la neta.

Me quedé helado. ¿Un trío con mi novia y suegra? Sonaba a fantasía prohibida, pero el calor del tequila y las miradas que nos echábamos los tres lo hacían real. Lupe se acercó, su perfume de jazmín invadiendo el aire, y puso su mano en mi muslo. Su toque era eléctrico, como un rayo que me subió directo a la entrepierna.

El corazón me latía a mil, el pulso retumbando en mis oídos. ¿Qué chingados estoy haciendo? pensé, pero mi cuerpo ya había decidido. Besé a Carla primero, profundo, saboreando su lengua dulce con toques de tequila. Luego, Lupe se unió, sus labios carnosos presionando los míos mientras Carla nos veía con ojos hambrientos.

Nos movimos a la recámara, el aire espeso con olor a deseo y sudor fresco. La cama king size nos esperaba, sábanas blancas arrugándose bajo nuestros cuerpos. Me quité la playera, y las dos se lanzaron sobre mí como lobas. Carla me besaba el pecho, su lengua trazando círculos en mis pezones, mientras Lupe bajaba la mano a mi pantalón, desabrochándolo con dedos expertos.

Qué rica verga tienes, yeyo —susurró Lupe, sacándola al aire. Estaba dura como piedra, latiendo con cada caricia. El sonido de su respiración agitada llenaba la habitación, mezclado con los gemidos suaves de Carla.

Las ayudé a quitarse la ropa. Carla tenía esas tetas firmes, pezones oscuros endurecidos por la excitación. Lupe, con curvas más maduras, una panza suave que invitaba a acariciar, y un coño depilado que brillaba húmedo. Olía a mujer en celo, ese aroma almizclado que te nubla la mente.

Empecé con Carla, lamiéndole el cuello mientras Lupe nos observaba, tocándose ella misma. Su piel sabe a sal y miel, pensé, bajando la boca a sus tetas. Chupé un pezón, tirando suave con los dientes, y ella arqueó la espalda, gimiendo "¡Ay, cabrón, qué rico!". Lupe no se quedó atrás; se arrodilló y tomó mi verga en su boca, succionando con una maestría que me hizo ver estrellas. Su lengua giraba alrededor de la cabeza, saboreando el pre-semen salado, mientras sus manos masajeaban mis huevos.

El calor subía, el sudor nos pegaba la piel. Cambiamos posiciones: Carla se sentó en mi cara, su coño jugoso rozando mis labios. La probé, dulce y salada, lamiendo su clítoris hinchado mientras ella se mecía.

"Lámeme más, amor, no pares"
, jadeaba. Lupe montó mi verga, bajando despacio, su interior caliente y apretado envolviéndome. ¡Puta madre, qué chingón! El slap-slap de su culo contra mis muslos resonaba, mezclado con sus gritos roncos.

Pero no era solo físico; había algo más profundo. Mientras cogía a Lupe, veía a Carla en éxtasis, y sentía una conexión brutal. Esto es amor loco, compartido, pensé. Lupe se inclinó para besar a su hija, sus lenguas enredándose sobre mí, y el morbo me volvió loco. Intercambié: metí la verga en Carla, dura y palpitante, embistiéndola con fuerza mientras Lupe lamía donde nos uníamos, su lengua rozando mi eje y el clítoris de Carla.

La tensión crecía como una tormenta. Mis bolas se apretaban, el orgasmo acechando. Ellas gemían en coro, cuerpos temblando. Carla se corrió primero, su coño contrayéndose alrededor de mí, chorros calientes mojando las sábanas. "¡Me vengo, wey, no pares!" Lupe la siguió, frotando su clítoris contra mi pierna, gritando con voz gutural.

No aguanté más. Saqué la verga y eyaculé sobre sus tetas, chorros blancos y espesos salpicando piel morena. El alivio fue brutal, olas de placer sacudiéndome hasta los huesos. Nos quedamos jadeando, el cuarto oliendo a sexo crudo, semen y sudor mezclado.

En el afterglow, nos acurrucamos. Carla en un lado, Lupe en el otro, sus cabezas en mi pecho. Sentía sus respiraciones calmándose, el latido de sus corazones contra el mío. ¿Qué pedo con esto? reflexioné. No era solo un polvo; había risas compartidas, miradas que decían todo. Lupe susurró:

Gracias, hijos. Esto fue lo más chido en años.

Carla sonrió, besándome la mejilla. —Repetimos cuando quieras, má. Y así, en esa cama revuelta, supe que nuestro lazo se había fortalecido. El trío con mi novia y suegra no era solo fantasía; era real, consensual y jodidamente perfecto.

La noche terminó con más tequila y promesas susurradas. Al día siguiente, el sol entró por la ventana, iluminando cuerpos entrelazados. No hubo culpas, solo sonrisas picas. Lupe se fue con un guiño, y Carla y yo nos cogimos de nuevo, recordando cada detalle. Neta, la vida es un desmadre hermoso.

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